Tras concluir su agenda en los Estados Unidos, el ministro de Economía, Luis Caputo, ratificó el rumbo de su programa de ajuste, aunque dejó en evidencia la persistente desconexión entre el optimismo libertario y la cautela de los inversores. A pesar de haber cerrado la segunda revisión con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y obtener garantías de organismos multilaterales, el funcionario volvió a recurrir a la historia financiera del país para explicar por qué el Riesgo País no desciende a los niveles que el Gobierno considera adecuados para sus "fundamentos" económicos.
“Lo que está claro es que hoy los fundamentos económicos de Argentina serían equivalentes a un riesgo país bastante más bajo. Ahora, el mercado lo precia más arriba porque tiene en cuenta el pasado argentino”, sostuvo el ministro en declaraciones a Infobae durante el final de su gira en Washington, al ser consultado sobre la resistencia de los mercados.
En esa línea, Caputo fue enfático al desvincular la incertidumbre actual del mercado de las políticas de su propia gestión, atribuyendo la totalidad de la desconfianza a los antecedentes de incumplimiento argentinos.
Para el titular de Hacienda, la evaluación que hacen los inversores no se basa en la sostenibilidad política del actual esquema, sino en el peso de las décadas previas. “Un país que tuvo nueve defaults, que le sacó tres ceros a su moneda, tuvo dos hiperinflaciones. Esas cosas pesan”, argumentó. Bajo esta lógica, el Gobierno intenta instalar que la gestión libertaria ya hizo los deberes macroeconómicos y que la demora en la normalización financiera es una factura ajena.
Financiamiento alternativo y relación con el FMI
Ante la imposibilidad de acceder al crédito voluntario a tasas razonables, la estrategia del Gobierno se centró en el uso de garantías de bancos multilaterales. Durante la gira, Caputo acordó con el Banco Mundial y el BID el otorgamiento de 2.550 millones de dólares en garantías para afrontar los vencimientos de deuda privada en julio.
En este sentido, el ministro defendió esta vía como una decisión táctica: “Nuestra estrategia de no salir al mercado, de refinanciar deuda a la menor tasa posible, para que a su vez baje el riesgo país. No salimos porque hay alternativas más baratas”.
Por otro lado, el funcionario destacó su vínculo personal con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, afirmando que existe una “relación de confianza que nunca hubo entre Argentina y el Fondo”. Según el relato del ministro, Georgieva habría elogiado la celeridad del ajuste con una frase elocuente: “Dijeron que ibas a hacer algo imposible y lo hicieron posible”.
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Impuestos y superávit
En cuanto a la política tributaria, Caputo confirmó que no habrá una reducción de la presión impositiva en el corto plazo, por lo que se posterga otro de los ejes centrales del discurso libertario. Según explicó, cualquier baja de impuestos está estrictamente supeditada al mantenimiento del equilibrio fiscal, lo que dilata el horizonte de alivio para el sector privado. “Ellos (el FMI) siempre entendieron que en lo que es tributario nosotros vamos a ir haciendo a medida que el superávit fiscal nos lo permita”, señaló el ministro.
El argumento oficialista es que el Gobierno no está dispuesto a arriesgar lo que denomina el "ancla fiscal" por un beneficio de corto plazo que podría reducir los ingresos públicos. “La realidad es que lo que nosotros no queremos nunca es incurrir en ningún déficit. Y si bien, por supuesto, cuando bajás impuestos se favorece a la economía y en el mediano plazo te vuelve con mayor recaudación, en el corto plazo inevitablemente tenés un impacto de menor recaudación. Y nosotros no queremos perder el ancla fiscal”, detalló Caputo.
En consecuencia, según el funcionario, el esquema impositivo actual se mantendrá sin cambios hasta que el nivel de superávit sea lo suficientemente robusto. “Nosotros vamos a seguir bajando impuestos en la medida que logremos aumentar el nivel de superávit. Entonces con eso vas bajando más impuestos. El FMI lo tiene claro”, concluyó.
