La dinámica del ahorro en pesos volvió a mostrar en abril un cambio de comportamiento entre los pequeños y medianos inversores, luego de que el equipo económico que lideran la dupla Luis Caputo, ministro de Economía, y Santiago Bausili, titular del BCRA, dispusiera una baja de tasas vía relajamiento de los encajes (dinero de los depositantes inmovilizado en los bancos). La medida, exigida por el Fondo Monetario, le quitó atractivo a los plazos fijos tradicionales, que pasaron a mostrar tasas de interés reales negativas, mientras que crecieron las colocaciones en fondos comunes de inversión y billeteras virtuales vinculadas a instrumentos de liquidez inmediata. El movimiento revela las distintas estrategias del ahorrista para evitar perder poder adquisitivo de sus ingresos en un contexto de escalada inflacionaria.
El último informe monetario del Banco Central mostró que los depósitos asociados a Prestadoras de Servicios Financieros (PSF), principalmente vinculados a Fondos Comunes de Inversión Money Market y aplicaciones financieras, crecieron 5,2 por ciento en términos reales y sin estacionalidad durante abril. En paralelo, los depósitos tradicionales exhibieron señales de estancamiento y caída en algunos segmentos, aun cuando el total de colocaciones a plazo del sector privado logró mostrar una mejora estadística.
La entidad monetaria que conduce Bausili reconoció que “los depósitos bancarios de Prestadoras de Servicios Financieros, relacionados con los Fondos Comunes de Inversión Money Market (FCI MM) y las billeteras virtuales, crecieron en el mes 5,2 por ciento en términos reales y sin estacionalidad”. La entidad señaló que “esta evolución contrarresta en parte lo observado en los medios de pago tradicionales”.
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Detrás de ese movimiento aparece una combinación de factores, que va desde la desaceleración de las tasas pagadas por los bancos y un menor incentivo a inmovilizar pesos en depósitos tradicionales hasta la mayor preferencia por instrumentos con liquidez inmediata o con estrategias financieras más agresivas. El fenómeno se produce además en un escenario donde el Gobierno mantiene la apuesta por la apreciación cambiaria y la desaceleración inflacionaria como anclas de corto plazo.
El informe del Central mostró que el agregado monetario M2 privado transaccional —que incluye circulante y depósitos a la vista— cayó 1,1 por ciento en términos reales y sin estacionalidad. Según la autoridad monetaria, la contracción respondió tanto a la baja de los depósitos no remunerados como a la reducción del efectivo en poder del público. “Los depósitos a la vista no remunerados y el circulante en poder del público registraron una caída de 0,6 y 1,9 por ciento, respectivamente”, describió el documento del Central.
Más allá de la cuestión de los plazos en que se puede contar con el dinero, la baja en las tasas pasivas es el elemento central para explicar la modificación en la conducta de los ahorristas. Durante abril, las tasas de interés pagadas por los bancos siguieron descendiendo en línea con la estrategia oficial de reducción del costo del dinero y de consolidación de un esquema de liquidez abundante en pesos.
El Banco Central detalló que “las tasas de interés pasivas ajustaron a la baja de manera progresiva durante el mes de abril, sin registrar episodios de volatilidad”. En particular, remarcó que “la tasa de interés pagada en el segmento mayorista (TAMAR) se ubicó en 23,1 por ciento nominal anual al cierre del mes, lo que representa una disminución de 3,2 puntos porcentuales respecto de fines de marzo”.
La reducción del rendimiento bancario modificó la ecuación financiera para quienes intentan defender sus ingresos frente a la inflación. Con tasas que "corren" por debajo de las expectativas de aumento de precios y con un tipo de cambio atrasado, comenzaron a ganar espacio instrumentos de inversión que ofrecen disponibilidad inmediata y posibilidad de rotación rápida de cartera.
En ese marco crecieron especialmente los fondos money market, que funcionan como vehículos de liquidez diaria y permiten administrar pesos sin inmovilizarlos durante 30 días, como ocurre con el plazo fijo tradicional. Aunque estos instrumentos suelen tener rendimientos menores, ofrecen flexibilidad para migrar rápidamente hacia dólar, bonos o activos financieros ante cualquier cambio de escenario.
El informe oficial explicó que “la rotación de cartera a favor de colocaciones a plazo fijo respondió al diferencial de tasas de interés a favor de estos instrumentos respecto de los instrumentos de mayor liquidez”. Sin embargo, el mismo documento mostró que esa mejora se concentró principalmente en las carteras administradas por las propias PSF y no necesariamente en los depósitos tradicionales de individuos. De hecho, el Banco Central admitió que “el resto de los depósitos remunerados, mayormente plazos fijos a personas humanas y jurídicas, registraron una caída de 1 por ciento sin estacionalidad y a precios constantes”. Esa baja refleja el deterioro del atractivo del ahorro bancario tradicional frente a otras alternativas financieras.
El crecimiento de los fondos comunes también se vio favorecido por cambios regulatorios impulsados por la Comisión Nacional de Valores. Según el informe monetario, la CNV elevó “el límite de inversión individual en depósitos a plazo fijo tradicionales y precancelables del 50 al 60 por ciento del patrimonio”. Aun así, el movimiento más amplio continúa siendo el desplazamiento hacia esquemas de administración financiera cada vez más vinculados a la lógica de mercado y menos al ahorro bancario clásico.
En términos económicos, el fenómeno expone una característica del actual esquema financiero: la necesidad permanente de buscar rendimientos para evitar la pérdida del poder adquisitivo. En un contexto donde el salario continúa corriendo detrás de la inflación en amplios sectores y donde el consumo sigue debilitado, el excedente disponible tiende a canalizarse hacia instrumentos de corto plazo y elevada rotación.
La expansión de las billeteras virtuales y fondos comunes también refleja un cambio cultural en el manejo cotidiano del dinero. Las aplicaciones financieras permiten movimientos instantáneos, administración digital y acceso permanente a rendimientos diarios, algo que los bancos tradicionales no lograron igualar en términos operativos. Pero además implican una mayor financiarización de los ingresos familiares, incluso entre sectores medios y asalariados.
