Sudán es una guerra olvidada. Pese a que el país africano atraviesa la peor crisis humanitaria y hambruna del mundo -se estima que ya son más de 150 mil los muertos entre otras cifras escalofriantes-, no ocupa los titulares de los medios occidentales. Desde 2023 y después de una fallida transición democrática tras la dictadura de Omar Al Bashir que gobernó tres décadas el país africano, dos facciones se enfrentan por el poder y el control del territorio, una puja en la que además gobiernos como el de Egipto, Emiratos Árabes Unidos o Rusia juegan sus fichas para ganar influencia. En el medio, la sociedad civil sólo puede intentar huir o quedarse en sus hogares y arriesgarse a morir de hambre, cólera o por un ataque.
Crisis humanitaria
La guerra civil de Sudán comenzó en abril del 2023 entre las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido, considerada una fuerza paramilitar, en Jartum, la capital del país, pero luego se extendió a otras regiones. Una de las zonas más castigadas es Darfur, la capital de esta región, la ciudad de Al Fasher, según Unicef, "se ha convertido en un epicentro del sufrimiento infantil, donde la desnutrición, las enfermedades y la violencia se cobran vidas jóvenes a diario". Distintos organismos de Naciones Unidas y organizaciones como Amnistía Internacional calculan que ya son más de 12 millones los desplazados, ya sea interna o externamente, y se calcula en más de 150 mil las muertes, entre otros datos que sitúan a este conflicto como la mayor crisis humanitaria actual.
De acuerdo a esos mismos organismos y organizaciones internacionales, se estima que más de 25 millones de personas en el país sufren un riesgo de hambruna. Según UNICEF, más de 2,9 millones de niños y niñas en Sudán sufren malnutrición aguda y más de 700 mil menores de 5 años sufren malnutrición aguda grave. Además, hay que sumar la delicada situación de la salud, ya sea por la falta de infraestructura e insumos en medio de ataques a hospitales y por el resurgimiento de enfermedades, como el brote de cólera. La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó que se registraron más de 100 mil casos en 18 estados sudaneses, mayoritariamente en Jartum, Jazirah, Gedaref y Nilo Blanco y el 12% de los enfermos eran también menores de cinco años.
"En los campamentos de desplazados y refugiados, las familias muchas veces no tienen más opción que beber de fuentes contaminadas, y muchas contraen cólera", explicó el coordinador de proyecto de Médicos Sin Fronteras de la localidad sudanesa de Tawila, en el Estado de Darfur del Norte, Sylvain Penicaud. Desde MSF sostienen que en esa localidad, los habitantes sobreviven con un promedio de apenas tres litros de agua por día, lo que es considerado menos de la mitad del mínimo de emergencia establecido por la OMS que es de 7,5 litros destinados a beber, cocinar e higiene. Lo cual lleva a que en medio de la guerra civil, el país atraviese el peor brote de cólera que se registre en años.
El conflicto
Omar Al Bashir gobernó el país desde 1989 hasta el 2019, cuando tras fuertes protestas que pedían su dimisión, las Fuerzas Armadas dieron un golpe de Estado. Abdalla Hamdok encabezó lo que se esperaba fuera una transición a un régimen democrático como primer ministro en 2019. Sin embargo, en 2021 otro golpe de Estado rompe ese proyecto. El general Abdelfatah al Burhan disuelve el gobierno interino y se proclama como presidente del Consejo Militar de Transición de Sudán. En abril de 2022, lo que se conoce como Fuerzas de Apoyo Rápido, considerados paramilitares, se rebelan y comienzan una guerra civil, la tercera que enfrenta el país desde su independencia.
"La guerra en Sudán es una guerra civil. Es un enfrentamiento dentro de la cúpula castrense. Las Fuerzas de Apoyo Rápido, una fuerza paramilitar que estuvo a punto de integrarse al Ejército y no lo logró. En 2021, en una lenta transición hacia la democracia, después de 30 años de dictadura de Omar Al Bashir, se inicia un nuevo ciclo, que en menos de tres años se frustra con un nuevo golpe de Estado, y la cúpula de ese golpe de Estado son los bandos que hoy están enfrentados", explicó a El Destape el historiador africanista, docente e investigador en la UBA y Untref, Omer Freixa, quien además divulga en sus redes sociales temas relacionados al continente africano.
Freixa sostuvo que el conflicto representa un ajuste de cuentas entre la cúpula militar con apoyos externos. Además, explicó que, si bien esta es la tercera guerra civil que enfrenta el país, se trata de la demostración de un "desgarro completo del tejido social” en el país. “Este conflicto nuevo que lleva más de dos años sin solución, es la perpetuación del genocidio en Darfur en 2003, con medio millón de víctimas", analizó el historiador sobre el conflicto que comenzó con el ataque del Movimiento de Liberación de Sudán a las fuerzas armadas sudanesas y que continuó con el asesinato de centenares de miles de personas por su etnia, principalmente el ataque a comunidades no árabes. Hasta hoy, se considera que los responsables no fueron juzgados.
"Lo que busca el general al Burhan es mantener el control del Estado, presentarse como el que garantiza la unidad del país. La milicia, dirigida por Mohamed Hamdan Dagolo, nació después, y busca más poder político, económico, presentarse como una alternativa. En el fondo, los dos están luchando por el poder y el control de los recursos. Sudán tiene oro, petróleo, es clave para las rutas comerciales, pero al final quien lo sufre es la población civil que está atrapada de una crisis humanitaria enorme", afirmó a este medio el divulgador español africanista, investigador en África Subsahariana, geógrafo y experto en recursos naturales y conflictos, Néstor Siurana, quien destacó también la participación de otros países en la guerra civil sudanesa.
El apoyo exterior
Como suele suceder en las guerras, tanto internas como entre países, cada lado tiene apoyos externos. "Por una parte el principal apoyo a las Fuerzas Armadas, lo que se conoce como SAF, es Egipto, con mucha cooperación armamentística, y también Arabia Saudita, pero más en términos diplomáticos porque tiene lazos con ambos bandos. Después también tiene con Sudán del Sur que busca más estabilidad en la frontera. En cuanto a las Fuerzas de Apoyo Rápido, su principal aliado son los Emiratos Árabes Unidos a través de soporte económico y armamentístico. También está el extinto grupo Wagner, actualmente Africa Corp, con apoyo indirecto y adiestramiento en el uso de armas. Ellos están interesado en el oro que hay en Darfur, quieren que les permita explotarlo”, explicó Siurana.
En el caso de Estados Unidos, a diferencia de lo que sucede en la mayoría de los conflictos internacionales, se mantiene más en una postura de mediador, al igual que la ONU. Sin embargo, no se ha visto hasta ahora sin ningún avance. Más bien todo lo contrario. Los ataques y la crisis humanitaria van en aumento. En las últimas horas, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, llamó al primer ministro de Sudán, Kamil Idris, para intentar conseguir una tregua y el ingreso de ayuda humanitaria de manera masiva al país, especialmente en El Fasher. Aún no se sabe si ese diálogo tendrá algún resultado.
"Es un conflicto silenciado, en los informativos occidental no interesa mucho. En cambio, con Rusia y Ucrania o Israel y Gaza los medios buscan polarizar a las sociedades, a nadie le importa lo que ocurre en Sudán o Yemen”, destacó Siurana. Freixa coincidió: “Es la peor crisis humanitaria en este momento en el mundo y no tiene ni una cuarta visibilidad de lo que tienen otros conflictos".