Una verdadera catástrofe ambiental y humana sacude al sur de España. El incendio desatado en la localidad de Los Gallardos, en la provincia de Almería, ya se cobró la vida de al menos 12 personas, mientras que los equipos de rescate buscan intensamente a otras 23 que permanecen desaparecidas. Con estas cifras preliminares, el siniestro se convirtió oficialmente en el más mortífero registrado en el territorio español en lo que va del siglo XXI.
Hasta el momento, el triste récord de víctimas fatales en la era moderna lo ostentaba el recordado incendio de Riba de Saelices (Guadalajara) ocurrido en 2005, donde fallecieron 11 brigadistas forestales atrapados por las llamas provocadas por una fogata mal apagada en un área de recreación. Aquel dramático episodio fue el que motivó la creación de la Unidad Militar de Emergencias (UME), el cuerpo del ejército español especializado en catástrofes.
Para encontrar un antecedente con mayor cantidad de muertes en el país europeo hay que remontarse a finales del siglo pasado, específicamente a 1984, cuando un voraz incendio en la isla de La Gomera causó 20 víctimas fatales, y a 1979, con un trágico fuego en Lloret de Mar que se cobró 21 vidas. Así, el incendio de Los Gallardos ya superó el récord de Riba de Saelices de 2005 y marca el peor registro de muertes por fuego en lo que va del siglo.
La historia reciente de los incendios en España expone el enorme riesgo que corren los equipos de emergencias. En el año 2011 se registraron 12 muertes, de las cuales seis correspondieron a trabajadores estatales que fallecieron al estrellarse el helicóptero en el que se dirigían a combatir un foco en Teruel. Un accidente similar ocurrió en 2009 en Barcelona, donde murieron dos pilotos mientras cargaban agua para sofocar las llamas.
El año 2012 también fue uno de los más devastadores en cuanto a superficie quemada (hectáreas arrasadas), registrándose diez muertes, entre ellas las de dos brigadistas en Alicante. En la mayoría de estos ejercicios trágicos, las víctimas se dividen entre el personal de extinción y personas de edad avanzada que pierden la vida intentando proteger sus casas o apagando pequeños focos de rastrojos en sus campos.
Entre las crónicas más desgarradoras que reviven los medios locales tras lo ocurrido en Almería se encuentra la de 2003 en Sant Llorenç Savall (Barcelona). Ese año, cinco miembros de una misma familia murieron asfixiados en una zanja a solo cien metros de su casa mientras intentaban escapar del fuego. La tragedia tuvo un tinte dramático: la policía civil había ido a buscarlos minutos antes, pero al encontrar las puertas cerradas con candados desde afuera, asumieron erróneamente que la familia estaba de vacaciones y continuaron la evacuación en otra zona.
La última gran alerta se había vivido el año pasado, en 2025, cuando la cifra total de víctimas en el país cerró en ocho fallecidos. Sin embargo, la virulencia y la velocidad del foco actual en el sur español volvieron a poner en jaque todos los protocolos de emergencia del verano europeo, en una emergencia que todavía mantiene en vilo a decenas de familias que esperan noticias de los desaparecidos.
Con información de EuropaPress.
