Una paz justa: el reclamo que se repite en las calles de Ucrania frente al plan de Trump

El Destape recorrió varias ciudades de Ucrania y encontró una sociedad que intenta seguir con sus vidas, aún en medio de los bombardeos y ataques rusos. Quieren que termine la guerra, pero no con impunidad para los soldados rusos.

29 de noviembre, 2025 | 18.54

“El acuerdo es una gran porquería”, sostuvo Victoria, desde la ciudad sureña de Mykolaiv en Ucrania, sobre el acuerdo presentado por Donald Trump para poner fin a la guerra. Ofuscada, la ciudadana ucraniana afirmó que es imposible que acepten la propuesta del mandatario estadounidense porque considera que cede a todos los pedidos de Rusia. “Perdimos amigos, familiares, tenemos a nuestros padres y hermanos en el Ejército durante estos años de guerra y ahora no vamos a cederlo todo a Putin. Por supuesto queremos la paz, pero no a este costo”, agregó la joven sobre el acuerdo presentado por Washington. Por ahora, el ultimátum para firmarlo impuesto por la Casa Blanca parece haber quedado en la nada. Pero en Ucrania, la tensión no afloja y muchos piensan como Victoria, especialmente los que sufrieron directamente, de una manera u otra, estos más de tres años y medio de ataques rusos.

En los últimos días, El Destape visitó varias localidades de Ucrania, Una de ellas fue Mykolaiv, una ciudad del sur que fue clave para la construcción de buques e incluso de los portaaviones cuando Ucrania era parte de la Unión Soviética. Desde la invasión en el 2022, se volvió tristemente famosa porque fue una de las más agredidas al comienzo de la guerra, y las amenazas continúan. Edificios, escuelas y hospitales fueron bombardeados y aún hoy se pueden ver parte de ellos en ruinas. En la parte más céntrica de la ciudad, se exponen los tanques rusos que prendieron fuego cuando lograron evitar que los rusos se hagan de su control.

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Este lugar es clave en la guerra, además, porque se encuentra en la región de Odessa y a unos 40 kilómetros de Jersón, otra localidad que es atacada constantemente. Rusia intentó y aún intenta tomar el control de ese territorio.

Cuando Rusia comenzó su invasión a Ucrania, el presidente Vladimir Putin afirmó que lo hacía para evitar el ingreso de ese país vecino a la OTAN y, principalmente -dijo-, en defensa de los "rusos étnicos" quienes viven en la zona este del país, conocida como el Donbass, territorio que hoy controla casi un 80% de esa región y que ya protagonizaba una guerra separatista desde 2014. Sin embargo, en estos tres años y medio, las tropas rusas avanzaron y bombardearon más allá de esta región, incluida su capital Kiev, donde esta misma semana atacaron con más de 20 misiles y más de 460 drones, y asesinaron a al menos seis personas. “En ningún lugar de Ucrania estás seguro”, es la frase que se repite todos los días desde febrero del 2022.

En ese contexto de constantes ataques, Trump lanzó un plan. No fue el primero, pero esta vez sus 28 puntos parecen estar muy en sintonía con lo que venía reclamando Rusia, Por ejemplo establece que no solo que Ucrania cede el territorio que Rusia tomó -en total del país con Crimea incluida se calcula que es casi un 20%-, sino que además debería ceder parte del cual aún controla en el Donbass.

El presidente Volodimir Zelensky, hoy complicado por los casos de corrupción en su Gobierno, rechazó abiertamente esta propuesta que también contemplaba que Ucrania no podría demandar a Rusia en un futuro, lo cual garantizaría la impunidad de quienes cometen crímenes de guerra. Pese a lo atroz de los conflictos armados, existen leyes mínimas que los regulan y que no permiten, por ejemplo, no matar civiles o bombardear hospitales. Pero la asimetría militar con Rusia y el debilitamiento del apoyo de Estados Unidos, obligó a Zelensky a sentarse en la mesa de negociación, donde aún sigue tratando de modificar algo la letra propuesta por su aliado. 

Un pueblo atravesado por la guerra  

Ni bien El Destape llegó a Mykolaiv, comenzaron a sonar las alarmas. A casi 4 años de guerra, los ucranianos ya aprendieron a diferenciar qué alertas son peligrosas y cuáles no tanto. Los vecinos explicaron que en esta región las alarmas pueden llegar a sonar cada hora y la manera en la que los ucranianos se enteran de un posible ataque es a través de los megáfonos, en general. Aunque también reciben mensajes en sus celulares, en los que pueden ver si Rusia lanzó un misil, un dron o si es un avión ruso sobrevuela el espacio aéreo ucraniano. De acuerdo al tipo de arma, saben el nivel de peligrosidad de la situación y cuántos minutos tienen para encontrar un búnker. Hasta los niños menores de 10 años, que ya vivieron gran parte de su vida en el conflicto bélico, conocen al detalle las diferencias armamentísticas.

“No podemos parar cada vez que suenan las alarmas”, aseguró a este medio Alexander para explicar por qué no siempre que suenan las alarmas van a un refugio. Trabaja en un restaurante que suele estar repleto. La gente se junta a comer, ríe y charla sin apuros. Por un momento, esas escenas hacen olvidar que la guerra continúa y que hace casi 4 años la sociedad convive con sufrimiento, amenazas e incertidumbre. “Esto también es una guerra psicológica y necesitamos continuar con nuestras vidas”, sostuvo el mozo, algo resignado al describir la vida cotidiana en esta ciudad. 

En otras ciudades, continuar con la vida es más difícil. Bucha e Irpin son dos localidades que quedan a apenas unos kilómetros de Kiev y fueron especialmente golpeadas por el avance ruso cuando intentaron tomar la capital. Rusia se ensañó con ellas e incluso logró tomar por más de un mes Bucha. A los 33 días, los soldados ucranianos junto con la propia población lograron expulsarlos. Fue un gran logro, pero también una gran masacre. Denunciaron que al irse los rusos le disparaban a civiles en las calles. La matanza quedó registrada en fotos -como la un señor mayor que iba en bicicleta con una bolsa de compras- y en la retina de los que sobrevivieron.

Además, cuando los soldados rusos fueron expulsados, los ciudadanos descubrieron fosas comunes con decenas de personas que habían sido torturadas y asesinadas. En ese momento, desde el gobierno de Putin dijeron que era una puesta de escena. Este medio se acercó a la principal Iglesia Cristiana Ortodoxa de la ciudad, donde aún se ven las marcas de los disparos en sus paredes. Fue allí donde llevaron los cuerpos para poder identificarlos y fue ahí donde hicieron un memorial para recordar a los muertos, desaparecidos y a quienes fueron llevados a la cárcel en Rusia. Calculan que fueron 500 los muertos, aunque aún hay muchos por identificar.

“Margarita era una vecina que vivía acá enfrente de la Iglesia. Ella junto a sus dos hijos de 5 y 10 años y su marido intentaron escapar cuando llegaron los rusos. La asesinaron a ella y a sus dos hijos, su marido sobrevivió pero le amputaron una pierna”, contó a El Destape, el director de Europa y el Programa mundial de la Fundación Renaissance, Dmytro Shulga, quien vive en Bucha y fue parte del traslado de los cuerpos. Él mismo perdió a varios amigos en esos ataques y hoy muestra las fotos que tomaron de las personas asesinadas con claros rasgos de torturas, donde se ven hombres y mujeres, jóvenes y mayores, con las manos atadas, descuartizados.

“Asesinaron a civiles cometiendo crímenes de guerra que deben ser juzgados. Queremos conocer los nombres de estas personas que asesinaron a civiles inocentes, que violaron la Convención de Ginebra. Deben ser juzgados”, aseguró cuando le preguntan por el plan de Trump y una posible amnistía para las fuerzas rusas. El rechazo en las calles es claro y, por eso, el presidente Zelensky rechazó la primera propuesta, pese al difícil momento político que enfrenta por los escándalos por la renuncia de su mano derecha, Andriy Yermak, acusado de corrupción.

“Prefiero perder un aliado a perder la dignidad”, se dice en Ucrania que le respondió el mandatario a los estadounidenses. No obstante, se sentó en la mesa a negociar y sigue allí.

Trump le había dado un ultimátum que vencía el jueves pasado, en el Día de Gracia, pero no hubo ningún anuncio. Si bien se supo que se reunieron las delegaciones norteamericanas y ucranianas y dijeron que el encuentro había sido positivo, no se conocieron más detalles acerca de tal negociación para poner fin a la guerra. A la par, los ataques rusos continuaron en territorio ucraniano, incluido dos fuertes ataques esta semana en la capital del país con al menos nueve muertos solo allí. 

Tras la invasión rusa en Ucrania, los ucranianos buscan continuar su vida con cierta normalidad, aún cuando los ataques continúan. Kiev tiene cuadras enteras sin luz por los bombardeos contra la infraestructura energética, pero en la parte donde sí hay electricidad, los restaurantes están llenos y en los supermercados no faltan productos como pasaba al principio. La vida continúa, como se puede. Pero no es la normalidad anterior. La guerra generó un mayor sentimiento nacionalista y en las calles los ucranianos se muestran seguros de que no abandonarán la lucha por la defensa de su país. Eso no significa que no existan personas que apoyen a Putin, especialmente en la parte este.

También hay una cuestión generacional. “Yo antes hablaba solo ruso y ahora hablo ucraniano”, contó un joven estudiante en una charla en Liev en la frontera con Polonia. Fue la ciudad elegida como la capital de la juventud europea 2025. Hasta la invasión, era lo más común que una parte importante de la sociedad hablara más ruso que ucraniano. Era la lengua heredada de la URSS y, en muchas familias, se había transmitido como la lengua materna. Aunque esto sucedía más en el oeste que en el este, con la llegada de miles de desplazados, se empezó a ver también en Liev.

Liev no fue una de las ciudades más atacadas, pero como el resto del país, no quedó exenta a los bombardeos rusos. Incluso, fue golpeada la semana pasada. En las charla con jóvenes, muchos destacaron sus diferencias con sus padres y sus abuelos, algunos de los cuales se muestran nostálgicos de la época de la Unión Soviética.

Como cualquier otra sociedad, la ucraniana no es monolítica. Pero aún entre sus diferencias, todos los ucranianos consultados quieren la paz, pero una paz justa. "No hay paz sin justicia", repitieron una y otra vez los estudiantes de Liev. Y el sentimiento en la calle es que el plan de Trump no traerá ningún tipo de justicia.