En un claro ejercicio de realismo político puro, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva viajó a Washington para ser recibido en la Casa Blanca por su par estadounidense Donald Trump donde intentaron estabilizar una relación que el año pasado parecía al borde del colapso comercial y político. El líder del Partido de los Trabajadores (PT) pidió al republicano que no entrara la prensa al encuentro y tampoco dieron una conferencia conjunta ya que el fantasma de la humillación a Volodimir Zelenski en el Salón Oval aún sigue dando vueltas. Trump acordó. Y después de que el año pasado le impusiera un arancel del 50% a los productos importados por su país desde Brasil, ahora no solo alentó el encuentro y aceptó las condiciones, sino que también publicó un mensaje entusiasta en el que llamó “dinámico” a Lula y agregó: “Discutimos muchos temas, incluyendo Comercio y, específicamente, Aranceles. La reunión fue muy productiva. Nuestros Representantes tienen previsto reunirse para discutir ciertos puntos clave. Se programarán reuniones adicionales en los próximos meses, según sea necesario”. Punto, no hubo exabruptos, no hubo burlas, ni mucho menos amenazas. Salir de Washington con ese resultado a cinco meses de las elecciones presidenciales, ameritaría un festejo en Brasilia.
No fue una celebración pero las caras eran exultantes en la conferencia de prensa que dieron cinco ministros brasileños que estuvieron en la reunión con sus pares estadounidenses y que Lula hizo desfilar antes de hablar él con la prensa. Canciller y los responsables de las carteras de Desarrollo, Justicia y Seguridad, Economía, Minas y Energía hablaron sobre las formas y el resultado: sobre lo primero, que fue una reunión de tres, primero en el escritorio presidencial y después en la sala de gabinete, que dialogaron en “un clima super positivo”; sobre lo segundo, agregaron que “fue una reunión muy productiva”, que fue “excelente” y más. En la misma conferencia que se realizó en la embajada de Brasil en Washington, Lula destacó un ambiente distendido y con bromas, y que dieron "un paso importante en la relación" bilateral.
"A pesar de la falta de detalles, la reunión fue buena para Lula. Es vital para él proyectar la imagen de una negociación soberana tras los conflictos arancelarios y el respaldo explícito de Trump a la familia Bolsonaro", dijo a El Destape Mauricio Santoro, analista del Centro de Estudios Político-Estratégicos de la Armada de Brasil.
A primera vista, el encuentro fue una suerte de pacto de convivencia estratégica entre los dos líderes de lo que el petista llama siempre “las dos mayores democracias de la región”, a pesar de sus profundas diferencias ideológicas. Lula y Trump parecen haber encontrado un lenguaje común en la protección de sus intereses nacionales. Pero claro, así como nadie le entrega la espalda al republicano, ni para un encuentro televisado, menos se le confía a ojos cerrados lo que va a hacer desde este lejano mayo hasta las elecciones en las que Lula apuesta la presidencia.
¿Qué buscaba Lula con este tercer cara a cara?
La clave no fue solo el comercio, como se verá, sino la supervivencia política. Lula busca aislar a la oposición de cara al 4 de octubre, mientras que Trump mantiene a Brasil en vilo con una decisión que podría cambiar el tablero electoral. Y es que después de que en julio de 2025 Trump anunciara la imposición de aranceles del 50% a productos brasileños -porque, según dijo textualmente, en Brasil había una “caza de brujas" en contra de Jair Bolsonaro- la relación entre el magnate y el petista estalló. Pero no estaba todo dicho. Diálogos diplomáticos indirectos y llamadas telefónicas directas mediante, llegó un primer cara a cara desde la vuelta del republicano a la Casa Blanca. Fue septiembre al margen de la Asamblea General de la ONU. Al mes siguiente, en Kuala Lumpur, Malasia, en una reunión paralela a una cumbre de la ASEAN (Asociación de Naciones de Asia Sudoriental) se sentaron con más tiempo -Lula recostado en la silla, Trump en el borde como se sienta Javier Milei- y Bolsonaro solo apareció en forma de pregunta de los periodistas. "Siempre me cayó bien. Siempre me ha caído bien. Me siento muy mal por lo que le pasó. Siempre pensé que era una persona directa, pero ya sabes, está pasando por mucho. Está pasando por mucho”, dijo Trump mientras se apuró otro periodista a repreguntarle: “¿Está sobre la mesa hoy?” y el republicano lo corrió: “No es asunto tuyo", agregó. Los aranceles fueron retirados en gran parte y Bolsonaro terminó condenado a 27 años y tres meses de prisión por, entre otros cargos, intento de golpe de Estado.
Unos meses después del cruce en Kuala Lumpur, Lula tuvo otro cara a cara y esta vez a sólo cinco meses de las elecciones generales en Brasil. Según distintas fuentes del gobierno del PT que hablaron con la prensa brasileña, Lula buscaba aislar a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente y principal candidato opositor, de cara a las elecciones del 4 de octubre en Brasil. Mientras que los aliados de Flávio dijeron al diario Folha de Sao Paulo que informaron a Estados Unidos sobre las declaraciones de Lula, pero prevén un desenlace político impredecible.
Ya es sabido que el senador Flávio, así como toda la familia Bolsonaro, siempre buscaron acercarse a Trump. Por ejemplo, Eduardo Bolsonaro, otro de los hijos del expresidente, en marzo del año pasado, a menos de dos meses de la vuelta de Trump, dejó su banca en el Congreso para instalarse en Estados Unidos, y según dijo entonces, para denunciar desde allá una supuesta persecución judicial contra su padre. No queda claro cuánta llegada tienen en las decisiones de Washington, pero fue claro el festejo de la familia ante la decisión de Trump de subir los aranceles, aun cuando se trataba de un perjuicio para el propio país de los Bolsonaro. Y esta cercanía podría ser una carta clave de cara a las elecciones.
Ahora las encuestas no dejan tranquilo a Brasilia ya que los dos principales candidatos presidenciales del país vecino son Lula y Flavio. Según encuestas de abril realizadas por Datafolha, Quaest y Bloomberg/Intel el petista lidera en primera vuelta pero en segunda están totalmente empatados e incluso las dos primeras mediciones marcan una leve inclinación a favor del heredero designado por el expresidente de ultraderecha. La polarización en Brasil sigue siendo extrema y queda claro no solo por la intención de votos, sino también por el empate de la imagen positiva así como por el nivel de rechazo que generan.
¿De qué hablaron Lula y Trump?
Los temas no fueron tantos pero fueron sensibles. Como dijo Trump en su publicación en Truth Social después del encuentro, los aranceles fueron uno. Si bien la Corte Suprema de Estados Unidos anuló los aranceles globales de gran alcance impuestos por el republicano y, en el caso de Brasil, Trump retrocedió voluntariamente, aún hay aranceles que preocupan a Brasilia como el caso del acero.
También hay otros que podrían volver y esto centralmente por el segundo tema de la reunión: la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974. La administración Trump anunció en febrero que comenzaría a investigar a Brasil -entre otros países, como por ejemplo China- en virtud de la Sección 301, una herramienta de política comercial que permite a Washington investigar y tomar represalias contra otras naciones por prácticas comerciales consideradas desleales. El 20 de febrero, después de la anulación de la Corte, la Oficina del Representante Comercial (USTR, por sus siglas en inglés) declaró que continuarán las investigaciones en curso basadas en la Sección 301, incluidas las que involucran a Brasil. En esa investigación están en la mira el Pix (un Mercado Pago a la brasileña, o el sistema de pagos instantáneos y digital de Brasil), los proyectos de ley que buscan regular las redes sociales e incluso el "impuesto a la blusa", que fue aprobado por el Congreso y que consiste en un gravamen federal del 20% sobre las compras internacionales de hasta 50 dólares (que apunta centralmente a desincentivar el comercio en plataformas como Amazon y sus equivalentes chinos). Si se hace doble clic en el tema del Pix, lanzado por el Gobierno en el año 2020 (fue una bandera de Jair Bolsonaro pero el desarrollo hecho por Banco Central de Brasil venía desde el 2018), que Estados Unidos lo considera competencia desleal.
"Los grandes grupos de tarjetas de crédito, Mastercard, Visa y American Express, son estadounidenses. Básicamente, poseen, o poseían, el monopolio del sistema de pagos en todo el mundo. Y la aparición del entorno digital, esta desintermediación sin comisiones, afectó naturalmente a sus recursos, no en el lado del crédito, sino en el débito", explicó Roberto Kanter, economista y profesor de la Fundación Getulio Vargas (FGV), a la agencia de noticias AP. Y este agregó: “La democratización del acceso a esta forma de pago es lo que hace que Pix sea tan hermosa. Porque comenzó en la base de la pirámide, no en la cima”. A la misma agencia detalló Leonardo Paz Neves, también profesor de la FGV, que EE. UU. considera a Pix como “competencia desleal con redes de tarjetas como Visa y Mastercard, que tienen una fuerte influencia en el gobierno estadounidense”.
Lula sabe que este tema incomoda a Estados Unidos y a Brasil molesta el monitoreo de Washington. Sin embargo, dijo que sienten cierta fiscalización sobre el país latinoamericano. Después del encuentro, Lula dijo que los dos países acordaron que los equipos de sus gobiernos abordarán soluciones para la actual pausa -el comunicado de Brasil habla de un impasse- a los aranceles y resolver una investigación comercial iniciada por Estados Unidos contra Brasil el año pasado justamente bajo la Sección 301. El objetivo es que los equipos presenten una propuesta a ambos mandatarios en cerca de 30 días para que no vuelvan los aranceles.
"Yo dije: 'Formemos un grupo de trabajo para que un representante del Ministerio de Industria y Comercio de Brasil se reúna con su ministro de Comercio en 30 días y nos presenten una propuesta para llegar a un acuerdo. Quien esté equivocado, cederá. Si nos toca ceder, lo haremos'", declaró Lula.
Los minerales críticos y tierras raras fueron otros de los temas. Brasil tiene una de las mayores reservas del mundo y considera estos recursos estratégicos para la transición energética, la digitalización de la economía y el avance de la inteligencia artificial. El gobierno brasileño argumenta que estos recursos deben ser explotados bajo control nacional, con alianzas que garanticen la transferencia de tecnología y el desarrollo industrial. Y el Congreso ya le dio media sanción a una ley en este sentido, que ahora está siendo analizada en el Senado. Brasil ya indicó que no tiene intención de unirse a una propuesta de alianza por Estados Unidos para el sector y que va a dar prioridad a los acuerdos bilaterales con diferentes países. En esa línea se expresó el ministro de Minas, Alexandre Silveira, en la conferencia de prensa.
Pero quizás el tema más ríspido fue el del crimen organizado. La decisión de Trump de incluir a grupos de países latinoamericanos en la lista de organizaciones terroristas también podría alcanzar a Brasil, particularmente al Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital en esta lista. “La gran incógnita de las elecciones brasileñas es si Trump calificará de terroristas a los cárteles del crimen organizado de Brasil. Si eso ocurre, tendrá un enorme impacto en las contiendas electorales de este año, tanto para la presidencia como para el Congreso y los gobiernos estatales”, dijo Santoro y agregó que sería un punto que se sumaría la oposición. Y sobre todo después de que un caso de “mano dura” extrema encontrara cierta popularidad; el operativo en las favelas de Río de Janeiro -complejo de Alemao y Penha-, ordenado por el entonces gobernador Claudio Castro y en el que la policía mató a más de un centenar de personas, fue recibido con beneplácito entre la población, según las encuestas del momento, aunque especialistas señalaron que esto podría diluirse con el tiempo. El objetivo del operativo era una de las principales bandas criminales de Río, el Comando Vermelho. Sin embargo, no capturaron a cabecillas y las investigaciones posteriores, como la realizada y publicada por The Guardian en febrero, “de lista de 100 órdenes de arresto que justificaban la operación no incluía ninguno de los nombres” de los más de 100 fallecidos.
Por el momento, el ministro de Hacienda de Lula, Dario Durigan dijo que en la conversación hablaron de colaboración conjunta en contra del crimen organizado y el lavado de activos. Igualmente es un tema que preocupa a Brasilia porque puede ser usado por Trump para intervenir en aviones internos de Brasil como pasó en Venezuela. Y si bien las designaciones no autorizan legalmente el uso de la fuerza militar, eso no ha evitado que, al etiquetarlos de "terroristas", se justifique una acción militar ante el público estadounidense.
Más allá de la agenda, los gestos por ahora pesan y más mientras las elecciones se acercan. Lula pudo volver a Brasilia convencido de haber dado un "paso importante". Y el declive del comercio regional con EE.UU. UU. (que cayó un 14,8% en el primer trimestre) y el aumento de la influencia china crece (el intercambio comercial con el gigante también) sugiere que el eje del poder en Sudamérica sigue desplazándose. Pero Lula es pragmático y le ofreció a Trump un camino para la reconciliación. Incluso llegó a decir que fue culpa de Washington que China tenga un pie tan fuerte en su país -evidenciado en que en licitaciones brasileñas no se presentan empresas estadounidenses-. Ahora, la pregunta que queda en el aire de Washington no es si Lula y Trump pueden ser amigos, sino si pueden permitirse ser enemigos.
