En medio de una creciente controversia en la industria tecnológica por el uso y regulación de los modelos de inteligencia artificial abiertos, el CEO de Anthropic, Dario Amodei, salió a aclarar la postura de la compañía creadora de Claude. El directivo rechazó que su laboratorio busque la prohibición del código abierto (open source) para proteger su modelo de negocio, aunque reclamó controles globales para evitar que regímenes autoritarios, principalmente el Partido Comunista Chino, utilicen estas herramientas para lograr una superioridad militar o profundizar la represión interna.
La aclaración de Amodei se produjo tras la publicación de una carta abierta firmada por gigantes del sector como Nvidia, Microsoft, Perplexity y Mistral, en la que defendieron el rol de los modelos abiertos para sostener el liderazgo tecnológico de los Estados Unidos. La iniciativa surgió frente a las versiones que indicaban que funcionarios norteamericanos analizaban restringir el uso de modelos desarrollados en suelo chino dentro del territorio estadounidense, una medida que diversos analistas vinculaban a presiones de los grandes laboratorios cerrados. "Anthropic nunca ha defendido la prohibición de los modelos abiertos. Mientras no presenten capacidades peligrosas son un bien público que genera enorme valor para desarrolladores e investigadores", argumentó Dario Amodei.
Tres medidas clave frente a la amenaza de Pekín
A pesar de su defensa conceptual de la tecnología abierta, Amodei remarcó que los modelos de pesos abiertos conllevan un riesgo superior a los cerrados, ya que resulta imposible aplicarles salvaguardas o retirarlos del mercado una vez distribuidos. El ejecutivo advirtió sobre los peligros de desalineación —cuando un sistema potente actúa de forma imprevista o dañina— y su potencial aplicación en ciberataques o desarrollo de armas biológicas por parte de actores hostiles, en sintonía con las alertas del reporte anual de amenazas de los organismos de inteligencia de 2026.
Para mitigar estos escenarios sin apelar a prohibiciones que solo beneficiarían a las grandes corporaciones blindándolas de la competencia, el titular de Anthropic sugirió un paquete de tres medidas concretas. La primera aboga por endurecer la fiscalización contra el contrabando de chips avanzados y equipos de litografía hacia China.
Como segundo eje, Amodei llamó a frenar la práctica de la "destilación industrial", técnica que permite a empresas chinas copiar el comportamiento de modelos potentes occidentales consumiendo un nivel de cómputo sustancialmente menor, eludiendo así las restricciones comerciales de componentes. Finalmente, propuso que todos los modelos de alto impacto —tanto abiertos como cerrados— se sometan a auditorías de seguridad obligatorias y de carácter global antes de ser lanzados al público, esquema que requeriría la adhesión de Pekín.
El pronunciamiento de Amodei no logró apaciguar los ánimos en la comunidad tecnológica. Desarrolladores y usuarios del sector cuestionaron con dureza la postura en redes y foros especializados, señalando que la apelación a la "seguridad nacional" constituye una estrategia para promover regulaciones complejas que solo los grandes actores corporativos pueden financiar, empujando al desarrollo independiente de código abierto a una parálisis progresiva.
Con información de EuropaPress.
