Trump hace de las suyas con Estados Unidos a 60 días del Mundial

En medio de una velada de UFC, el presidente de Estados Unidos se enteró del fracaso de las reuniones por la paz. Todo esto a menos de dos meses para  la Copa del Mundo. 

13 de abril, 2026 | 16.29

En el mismo momento en que colocaba otra vez bajo tensión al mundo, y al Mundial de la FIFA del cual será anfitrión central, Donald Trump estaba en Miami viendo su deporte favorito: artes marciales mixtas. 

“Eres demasiado guapo para ser luchador”, le dijo al borde del octágono al luchador brasileño bolsonarista Paulo Costa, vencedor del ruso Azamat Murzakanov con una patada a la cabeza en el tercer asalto. Ya le había dicho algo parecido a Rodrigo De Paul cuando Inter Miami visitó la Casa Blanca. El halago al luchador brasileño sucedió tras uno de los combates principales del sábado por la noche en el Kaseya Center, donde casi veinte mil personas (en medio de pequeños abucheos) ovacionaron a Trump al grito de “U-S-A” y “Four more years” (cuatro años más, aunque el magnate no podrá ser reelegido en las elecciones de 2028). De fondo, sonaba la música de su amigo Kid Rock, “American Badass”: “El elegido, yo soy la prueba viviente/ Con el don de la palabra desde la ciudad de la verdad/ Lancé jabs, apuñalé y dejé a los críticos por el piso”. Su último crítico, el Papa León XIII, eligió no responder a sus insultos. Trump amenaza extinguir civilizaciones en nombre de Dios. Dios hecho petróleo.

En un momento de la velada, mientras sonaba la música de “Mortal Kombat” (“Mortal Kombat, Mortal Kombat”, dice cuatro veces seguidas “Mortal Kombat”, la canción no es justamente creativa), el Secretario de Estado, Marco Rubio, se inclinó ante Trump para mostrarle una pantalla. Supuestamente, informaba al presidente el fracaso de la reunión en Pakistán del vicepresidente J.D.Vance para poner fin a la guerra inesperada “e innecesaria”, dicen casi todos los críticos, que Estados Unidos lanzó contra Irán. “La mala noticia es que no hemos llegado a un acuerdo”, decía Vance en Islamabad. En ese mismo momento, Trump miraba alternativas de viejas luchas de la UFC en la pantalla gigante del Kaseya Center.

A su lado, además de Rubio, estaban Dana White, poderoso capo de la UFC (Ultimate Fight Championship), algún embajador, ex funcionarios del FBI, algún comunicador aliado y, atentas a todo, sus hijas Ivanka y Tiffany, mientras la jaula de luchadores se cubría de anuncios de bebidas energéticas, criptomonedas y cerveza, además de manchas de sangre, producto de los golpes sobre el ring. El momento más dramático fue cuando el neocelandés Carlos Ulberg se repuso de una lesión en su rodilla derecha y, pese a eso, dejó inconciente al checo Jiri Prochazka con un gancho de izquierda, para coronarse campeón semipesado.

La velada fue presentada como “preámbulo” del UFC Freedom 250, un espectáculo de lucha que se celebrará en los jardines de la Casa Blanca, en homenaje al 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos y, acaso más importante, al cumpleaños número 80 de Trump. Será el 14 de junio próximo, en plena disputa del Mundial de la FIFA. La velada del sábado fue un bálsamo para Trump. Cada vez que se siente en problemas, recurre al circo de la lucha libre, su público favorito. El sábado fue recibido en el estadio como si fuera un peleador estrella, mientras las encuestas desnudan bajos números, por la guerra impopular contra Irán y porque la economía no funciona. Y en medio de reclamos opositores para que los médicos le realicen exámenes. Quieren saber el verdadero estado de un presidente que, afirman muchos, da señales de dificultades cognitivas.

Una crónica en The New York Times cuenta que el sábado por la noche, mientras Estados Unidos decidía mantener al mundo bajo guerra, “el señor Trump permanecía sentado, observando impasible, la mirada fija en la sangre y la saliva que salpicaban los combatientes que se golpeaban y pateaban brutalmente frente a él en una jaula ensangrentada”. Todo eso, a sesenta días del inicio del Mundial.