El secreto personal que le reveló Ruggeri al Pollo Vignolo: "Una bestia peluda"

Oscar Ruggeri volvió a vivir un divertido momento frente a las cámaras: el campeón del mundo de 1986 repasó sus tres Mundiales con humor, nostalgia y una honestidad que pocos se animan a tener.

19 de junio, 2026 | 18.25

La transmisión del Mundial 2026 en ESPN se transforma cada vez que Oscar Ruggeri decide abrir el archivo de los recuerdos. Flanqueado por Sebastián "El Pollo" Vignolo y Diego "El Chavo" Fucks, el "Cabezón" desplegó un arsenal de anécdotas que combinaron humor, emoción y la mística única de alguien que tocó la gloria en el Estadio Azteca.

La charla arrancó con la rivalidad sudamericana y el célebre cruce con Brasil en Italia 90, donde Argentina resistió con el alma hasta que Maradona y Caniggia liquidaron el partido. Ruggeri no tuvo reparos en reconocer la superioridad del Scratch en aquella época: "Brasil era tremendo. Tenían que haber ganado", admitió con picardía, minimizando los diez remates al palo que salvaron el arco argentino.

Pero la gran sorpresa llegó cuando confesó cuál era el rival que realmente le quitaba el sueño. No era el vistoso combinado brasileño, sino los vecinos del Río de la Plata. "No me gustaba jugar con los uruguayos. Nos conocíamos, jugábamos juntos... te complicaban la vida de otra manera", reveló. Y recordó el partido del Mundial 86 contra la celeste en Puebla donde el ingreso de Rubén Paz casi desbarata los planes de Bilardo: "Yo lo abracé al técnico de Uruguay en el vestuario y le dije: 'Gracias, gordo, por poner a Paz al final'".

De bestia peluda a capitán con una espina clavada

Cuando el Chavo Fucks lo invitó a repasar sus tres participaciones mundialistas, Ruggeri ofreció una radiografía brutal y honesta de cada etapa. En México 86, con apenas 24 años, era "una bestia peluda con una fuerza tremenda". Una versión indomable que contrastó radicalmente con el calvario de Italia 90, donde lo derribó una lesión de pubis que la medicina de entonces no sabía cómo tratar ni cuánto podía durar. 

Para Estados Unidos 94 ya era otro jugador: "Estaba bien, pero ya era grande". Sin embargo, llegó a ese Mundial como capitán y referente absoluto, hasta que la salida de Maradona tras el control antidopaje contra Nigeria lo dejó partido al medio. "Fui capitán hasta ahí. Todavía sigo viendo la imagen y no me lo saca nadie de la cabeza", sentenció con una mezcla de nostalgia y amargura que cortó el clima festivo de la charla.

La emoción de haber ganado un Mundial y el coreano misterioso

Cuando Vignolo le preguntó si era consciente de lo que estaba viviendo en esos torneos, Ruggeri abandonó por un momento el tono jocoso para conmoverse. "Ahora me transpiran las manos cuando veo los partidos. Pienso: '¡Che, yo jugué un Mundial y lo gané!' Tremendo", confesó. Y destacó el rol diferencial de Maradona, que desde el primer día hacía sentir al grupo que ese plantel no era uno más entre los equipos del mundo.

El cierre estuvo a la altura de la charla: el relato de cómo Bilardo lo mandó a marcar a un jugador coreano del que no había prácticamente ningún dato. La instrucción fue simple y delirante: "Tenés que marcar al 15, salí y buscalo porque no tenemos referencia de cómo es". Ruggeri obedeció, recorrió el campo con la vista, encontró al número 15 y lo describió con una lógica aplastante: "¡Era el más alto!".

Con esa frescura inalterable, entre marcas imposibles, el respeto absoluto por la camiseta albiceleste y el orgullo imborrable de haber sido campeón del mundo, Ruggeri volvió a demostrar que las mejores historias del fútbol no están en los libros de táctica, sino en la memoria viva de quienes escribieron la historia.