"Vengan a acarrear ladrillos, dale": cómo el feminismo desmiente el mensaje del albañil de TikTok

Al contrario de lo que sostiene un posteo, dentro del país cada vez son más las mujeres que, paulatinamente, ocupan lugares dentro del sector de la construcción. Datos que desmientes prejuicios machistas.

18 de octubre, 2020 | 00.05

Hace unos días se difundió un video en Twitter donde un albañil explica despectivamente en TikTok por qué -supuestamente- las mujeres no están en la construcción: “Tontas, que las queremos en la casa para cuidarlas, tontas”, dice, luego de desabrocharse la camisa, marcando un mínimo intento de sex appeal, que queda totalmente inválido luego de sus bochornosos dichos.  "Ustedes las mujeres que quieren igualdad de género, hablan del patriarcado y todas esas cosas, vengan acá a acarrear ladrillos, dale. No se dan cuenta que las estamos cuidando, tontas, que las queremos en la casa para cuidarlas, tontas", expresa el hombre en el video que provocó una gran cantidad de mensajes de repudio y memes burlándose.

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Para lamento del buen hombre, de identidad desconocida, su concepción del rol de la mujer dentro de la actividad de la construcción es falsa, arcaica, totalmente limitada y, sobretodo, machista. Es cierto que es un rubro mayormente ocupado por los hombres. Según la web Plataforma Arquitectura, se estima que, en Argentina, el porcentaje de mujeres presentes en obras es menor al 5%. Último dato de 2019. Además, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la brecha salarial es del 32%, mucho mayor que la que enfrentan las mujeres en otros sectores.

Sin embargo, no es real que las mujeres no ponen las manos en el barro por cómodas, ni mucho menos tontas. Al contrario, dentro del país cada vez son más las que, paulatinamente, ocupan lugares dentro del sector y a nivel internacional también. En Bolivia, por ejemplo, nació la Asociación de Mujeres Constructoras de Bolivia (AMUCBOL), como resultado del 2do Encuentro Nacional de Mujeres Constructoras, dado en la ciudad de Santa Cruz el 7,8,9 y 10 de febrero de 2019, donde representantes locales conformaron una organización civil que defienda y visibilice las necesidades y demandas de un sector·marcado por la discriminacion, el acoso laboral y sexual, según la organización. En Perú se evaluó que el 31% del alumnado de la Escuela Superior Técnica del SENICO (Servicio Nacional de Capacitación para la Industria de la Construcción) son mujeres. En Colombia, según la Cámara Colombiana de la Construcción (CAMACOL), la participación femenina en obra es del 5%. De todos modos, posee el récord latinoamericano en inclusión de mujeres al frente de camiones mezcladores de concreto. Y podría continuar la lista.

Dentro de Argentina, una de las tantas organizaciones dedicadas a este trabajo es Albañilas, organización ubicada en Remedios de Escalada, Zona Sur. “Empezó con una compa que estudió arquitectura, tuvo la posibilidad de construir su casa y se encontró a gusto con la albañilería. Ella dejó su trabajo y se fue encontrando con más mujeres, travas y lesbianas que se sentían con ganas de ejercer la profesión, pero sin encontrar un espacio donde se sientan comodes”, contó Bárbara Burruchaga, integrante de Albañilas.  “Nos dimos cuenta de la importancia de hacernos cargo de nuestra forma de trabajar eligiendo la autogestión como método”, agregó y opinó sobre el video del albañil machista: “Claramente quien hace el vídeo no tiene perspectiva de lo que plantea el feminismo. Somos sumamente capaces de acarrear ladrillos como de construir”.

Dentro del ámbito legal también se reconoce el trabajo entre el hombre y la mujer mediante la Ley 20392/73: “No se podrán establecer diferencias de remuneración entre la mano de obra masculina y la mano de obra femenina por un trabajo de igual valor.” Igualmente, es claro que a esta legislación le falta la inclusión sobre las disidencias que también se capacitan en este rubro.

Por otro lado, vinculado a la salud laboral, un informe de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA) reconoce que los hombres y mujeres se distribuyen de forma desigual las tareas y se exponen a riesgos diferentes: mientras que en el sector masculino predomina la exposición a problemas relacionados con la manipulación de objetos pesados y diversos químicos, “el sector femenino se caracteriza por exponerse a movimientos repetitivos, posturas forzadas, trabajos monótonos, posturas de trabajo inadecuadas, largas jornadas de pie, exposición a agentes químicos y biológicos, riesgos relacionados con la organización del trabajo y otros riesgos que tienen impacto en la salud” y enfatizan en que la doble jornada de trabajo -laboral y familiar- repercute “en forma directa en el deterioro de la salud de muchas mujeres.” Sin dejar pasar el acoso sexual o discriminación, que “se suman a los problemas relacionados con el género en la salud y seguridad en el trabajo.”

La forma de pensar del albañil está atada a una masculinización de la construcción tan fuerte como desencajada en una época donde el feminismo se propone cuestionar y reconstruir todo bajo perspectiva de inclusión. ”El sexo masculino nos niega el espacio un poco para defender su ego, porque ellos se sienten con más fuerza, como si cocinar para toda una familia no la requiriera, entre otras cosas. La fuerza no es ni la única manera ni un impedimento para construir, más bien hay que pensar las tareas estratégicamente para las distintas corporalidades”, reflexionó la integrante de Albañilas.

Otro caso es el de la Cooperativa Unidos por el trabajo, que surgió en 2009 como parte del programa estatal PRIS (Programa de Inclusión) -que pretende facilitar la inclusión social y familiar-. Las seis trabajadoras y el único varón de la unidad producen aberturas de aluminio para el sector privado y trabajos de herrería de obra. “Teníamos los proyectos y las ganas de revertir la mala situación económica de muchas mujeres jefas de hogar, pero nos faltaban los fondos”, contó Romina Correa, integrante de la cooperativa. “Durante estos años nos ha pasado que no valoran el trabajo ni el esfuerzo porque pretenden que regalemos nuestro trabajo. Al ser una cooperativa y cobrar un plan social nos piden manejarnos con los precios más bajos”, se quejó la trabajadora. Aunque luego de un largo camino están formadas para desarrollar estas tareas, todavía “cuesta mucho entrar al mercado laboral”, afirmó Correa.

Con antecedentes en el programa Ellas Hacen, a mediados de marzo el Ministerio de Obras Públicas lanzó el programa “Argentina Hace”, medida que, de acuerdo a la información oficial, busca generar 20.000 nuevos puestos de trabajo -mano de obra local- y estima una inversión de 30.000 millones de pesos. Promover la paridad de género, el desarrollo con inclusión social, la integración de jóvenes desocupadas y desocupados son varios de los objetivos plasmados por el Programa. En ese marco es que en Camarones, una pequeña población costera entre Rawson y Comodoro Rivadavia, de aproximadamente 1.500 habitantes, fue seleccionada en agosto para aplicar el Programa en obras de adoquinado en las calles. El objetivo fue que el proyecto lo abarcaran cooperativas integradas por mujeres. Al anunciarse la selección, la secretaria de Políticas contra las Violencias por Motivos de Género del Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad de la Nación, Josefina Kelly Neila, explicó a Télam "hay una fuerte decisión política de llevar adelante políticas que impulsen cambios". Además, en esa oportunidad Gabriel Katopodis, el ministro de Obras Públicas a cargo, aseguró que se desarrollará "un Manual para la Gestión de la Obra Pública con perspectiva de género”. Luego en septiembre, en conjunto con la UOCRA, se llevó a cabo la primera obra dirigida y ejecutada por mujeres y disidencias en Río Negro, Viedma. Se basó en la construcción de cordones cuneta en una zona cercana a la costanera y tuvo un plazo de un mes para realizarse.

Por otro lado, Autopistas Urbanas (AUSA) también trabaja en pos de la representación de las mujeres en la construcción a partir de su campaña “Construyendo Igualdad”. El clásico cartel que indica: “Precaución. Hombres trabajando” ya fue modificado por “Precaución. Hombres y mujeres trabajando”.

Los prejuicios vinculados a la discriminación se expresan de distintas maneras. Un ejemplo que contó Burruchaga es claro: “Cuando llegan los materiales del corralón y de entrada quien maneja se enoja porque va a tener que bajar los materiales él solo y hay que explicarle que lo vamos a hacer nosotras, o ir a la ferretería y que te expliquen para qué y cómo funciona el material antes de dártelo”, recordó la integrante de Albañiles constantes en su día a día y concluyó: "La igualdad es políticamente una mentira, todxs somos distintxs y está bueno aceptarnos dentro de esas diferencias y potenciar las habilidades individuales de cada persona. Las normas que están impuestas en las formas de ejercer la construcción son las que van en detrimento de las libertades de las personas autónomas. Además, es un rubro donde los altos cargos son elegidos y los que refieren a albañilería, o el peón, generalmente son ocupados personas que no los eligen, sino que trabajan de eso porque sienten que no les queda otra alternativa o que es lo que su condición social les ofrece. Nosotras vamos más por elegir y construir esa manera de trabajar.

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