Comunidad Organizada o desintegración social: cómo será peronismo del futuro

14 de abril, 2026 | 14.54

No descubrimos nada si afirmamos que el mundo actual está en ebullición. Las disputas políticas -o guerras- contemporáneas han dejado de ser una disputa de izquierdas o derechas mundiales para convertirse en algo cercano a una cruzada -des- civilizatoria. En un mundo donde el centro ha sido devorado por la radicalización de posiciones, la histórica "Tercera Posición" ha mutado por necesidad histórica. Ya no se trata de una alternativa entre bloques estatales (Yanquis o Marxistas), sino de un posicionamiento político entre dos vectores: o aceptamos el abismo de la desintegración democrática o construimos una alternativa de la comunidad organizada.

Frente a la pulsión de muerte que recorre los nuevos fascismos globales (Hello, Mr. Trump), el peronismo debe emerger no como un recuerdo del pasado reciente, sino como una fuerza transformadora de futuro. La cumbre que reunirá la próxima semana a referentes de la región y de Europa —con la presencia de los presidentes Lula da Silva, Pedro Sánchez y Gustavo Petro— puede ser el despegue territorial de esta nueva alternativa. Es la política recuperando su capacidad de diseñar un destino común frente a la cada vez más fuerte amenaza fascista.

¿Qué está pasando actualmente? Lo que se presenta bajo el barniz de la "libertad" no busca conservar el orden ni mejorar las instituciones: mientras avanza, la democracia retrocede. No es necesario repasar lo que todos vivimos hace años, en síntesis los objetivos del gobierno (y aliados internacionales) son licuar los contratos sociales, las leyes laborales y la propia noción de Nación para dejar al individuo solo y despojado frente a la prepotencia del capital concentrado. Hoy la democracia no se termina con un tanque en la puerta de la casa, sino con la demolición de las vallas de contención que nos permitían convivir (1). La tolerancia mutua se reemplaza por el discurso del odio que trata al que piensa distinto como un enemigo a eliminar. Mientras que la contención institucional se rompe cuando quienes deben cuidar las reglas del juego las usan para perseguir opositores o resguardar sus propias causas. En Argentina lo tenemos presente, con la principal dirigenta política asediada y perseguida durante años, llegando al punto de encarcelarla diez meses atrás. El avance del experimento neofascista en Argentina tuvo una construcción de años, en paralelo al lawfare y desgaste de la figura de Cristina. Que quede claro: este proceso de erosión democrática tuvo su acto fundacional en la persecución contra Cristina. El ataque hacia la convivencia política y la utilización del sistema judicial como condicionante electoral fueron el ensayo necesario para que la sociedad caiga hoy en el desastre que significa el gobierno de Milei.

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Cuando estos diques democráticos se rompen, la sociedad cae por su propio peso en la anomia: ese estado de desorientación donde nadie sabe a quién recurrir y donde la esperanza es reemplazada por el "sálvese quien pueda".

No nos confundamos. Hoy no hay tampoco un hegemón en el cual apoyarnos. El gobierno de Milei nos coloca en el peor de los mundos. Subordinados políticamente a un Estados Unidos liderado por Trump que busca reforzar su posición dominante, y rendidos económicamente ante una potencia China que aprovechando la situación, colabora en la destrucción de nuestra industria.

Frente a este vaciamiento, debemos encontrar soluciones nacionales y transnacionales. El peronismo puede plantearse como la principal alternativa local que tiene la sociedad para volver a poner un piso firme bajo los pies de los argentinos. Pero también debemos ser parte de una alternativa con alcance internacional que pueda darnos una alianza sólida para habitar este mundo.

“La comunidad debe ser conscientemente organizada. Los pueblos que carecen de organización pueden ser sometidos a cualquier tiranía. Se tiraniza lo inorgánico, pero es imposible tiranizar lo organizado. Además, como una vez expresé, la organización es lo único que va más allá del tiempo y triunfa sobre él”(2). 

Desde la Comunidad Organizada hacia la Soberanía Colectiva

Frente a la intemperie del presente, en nuestra propia base está la respuesta: la Comunidad Organizada. Lejos de ser una idea estática del siglo pasado, podemos pensarla nuevamente hoy como el lugar al que debemos llegar. En una sociedad donde el aceleracionismo propone la soledad frente a la pantalla y la competencia de todos contra todos, el peronismo antepone la solidez del lazo solidario como la única forma de soberanía real en el siglo XXI. Claro, nadie se salva solo.

La respuesta a la fragmentación mundial actual es hacer más política: se trata de articular una "cadena de necesidades" que parece ser mundial: soberanía nacional, derecho al techo propio, desarrollo de industrias, mejorar condiciones laborales, avanzar en derechos colectivos, etc. Comencemos a articular una voluntad colectiva que recupere las potencialidades de las naciones periféricas en torno a la planificación nacional e internacional.

El desafío es unir esos pedazos sueltos en un proyecto de mayorías que nos rescate del aislamiento actual y nos vuelva un nosotros potente. Recuperar la soberanía es la prioridad. Y para ello, no hay muchas posiciones posibles. Frente a un mundo en conflicto, con una economía destruida y una sociedad cada vez más agotada, la organización propia, pero también nuestro marco de alianzas pueden funcionar como freno de emergencia y el nuevo comienzo que devuelva la capacidad de decidir por cuenta propia.

Sin embargo, con Cristina Fernández de Kirchner perseguida y proscrita, esto sólo quedará en palabras e ideas frustradas. Así como Lula fue un preso político y luego liberado por esa misma corte, el encarcelamiento político de Cristina es la piedra fundante de esta erosión democrática y su libertad es trascendente para la recuperación de un proyecto nacional que gobierne para las mayorías. La discusión del cómo resulta accesoria, su libertad significará la defensa irrestricta de la democracia frente a un sistema que busca proscribir la voluntad popular. Recuperar la soberanía política implica, necesariamente, restaurar un orden donde la justicia no sea utilizada como herramienta de disciplinamiento político.

La cumbre de la semana próxima es la prueba de que la alternativa es la construcción de una nueva red global para enfrentar a la internacional fascista, reaccionaria y antidemocrática. La presencia de líderes regionales como Lula da Silva y europeos, como Pedro Sánchez representa ese muro democrático y popular que se niega a la sumisión financiera, hace frente a la guerra y al odio como método de gobierno.

Este frente internacional puede funcionar como el primer paso en una política de pueblos soberanos sentándose a la mesa para discutir un orden que no sea la entrega total al mercado, que reivindique la importancia de la democracia. Con la mirada puesta en la soberanía regional y la defensa de lo público frente al lawfare y la desinformación, este bloque transatlántico demuestra que el abismo tiene un límite: la decisión política de los pueblos de no claudicar ante las potencias actuales. No hay política nacional, sin política internacional.

El peronismo tiene mucho que aportar en este aspecto. En nuestro país, representa la voluntad de no saltar al vacío y recuperar el orden. Debe trasladarse al plano internacional. En Barcelona se va a trabajar en la arquitectura de la alternativa de futuro. Sabemos que la respuesta es la Comunidad Organizada. El peronismo es, hoy más que nunca, el nombre de nuestra capacidad de crear un destino donde no sobra nadie.

 

(1) Leer Cómo mueren las democracias, de Levitsky y Ziblatt (2018).

(2) Juan Domingo Perón, El Modelo Argentino (1974).

MÁS INFO
Delfina Rossi

Nació en Rosario. Es magíster en Economía y en Políticas Públicas y cursa el doctorado en Ciencia Política. Directora del Banco Ciudad de Buenos Aires. Exdirectora del Banco de la Nación. Referenta de Buenos Aires 3D. Feminista, ciudadana del mundo, porteña por elección.