La plata de los otros

22 de noviembre, 2020 | 00.05

Esta semana recibió media sanción en la Cámara de Diputados el proyecto de contribución extraordinaria a los grandes patrimonios, lo que generó un nuevo Nado Sincronizado Independiente (NSI) de indignación entre opositores y periodistas serios (dos colectivos que cada día cuesta más diferenciar). 

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El notable Luis Novaresio, periodista mesurado como lo denota el uso de la barba, opinó que dicho impuesto es “inconstitucional y confiscatorio” y consideró que los senadores y diputados que voten a favor pero que no sean alcanzados por éste, es decir, la inmensa mayoría, deberían contribuir “de otra manera” para que el gesto sea moralmente intachable. Nada dijo sobre el dilema moral de los diputados y senadores que siendo alcanzados por la contribución, decidieron votar en contra. Un olvido, sin duda. 

En todo caso, extrapolando el novedoso paradigma Novaresio que debería estudiarse en la Anthony Hopkins University, quienes votaron a favor de la legalización del aborto deberían haber abortado inmediatamente y los diputados que en 1987 aportaron su voto para que el divorcio vincular fuera legal deberían haber contribuido a la causa divorciándose de sus parejas, en caso de tenerlas. No sabemos si Juan D. Perón debió decretar las vacaciones pagas para todos los trabajadores sentado en la Bristol debajo de una sombrilla o si hubiera alcanzado con firmar el decreto en cuestión en malla y ojotas. Esperemos que en su próximo programa, Novaresio pueda aclarar este punto. 

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Tal como lo había anunciado incluso antes de conocer el proyecto del oficialismo, la bancada de Juntos por el Cambio votó en contra casi en su totalidad. La diputada Silvia Lospenatto, humorista del PRO, afirmó que es muy fácil decidir sobre la plata “de los otros” como si la función de los representantes del pueblo fuera la de administrar su propio patrimonio. Pidió reemplazar la contribución a los grandes patrimonios por un recorte al sector público, retomando así un proyecto que Juntos por el Cambio presentó en abril y que proponía reducir 20% el sueldo de los empleados públicos. Es decir que en plena pandemia cobrarle un impuesto extraordinario a los 9 mil argentinos más ricos no tendría la legitimidad que sí posee el recorte del salario de 4 millones de empleados públicos- enfermeras, docentes, médicos o policías- cuyos salarios cayeron un 30% durante los 4 años de macrismo. Saludamos esa honesta  declaración de principios.

Por su lado y tal como también lo había anunciado, la izquierda Boutique se abstuvo de votar el impuesto a los más ricos por considerarlo exiguo. Al parecer, la ausencia de impuesto sería menos exigua que un impuesto exiguo. La diputada Romina Del Plá opinó que tanto el proyecto de contribución a los grandes patrimonios como el de legalización del aborto, cuyo tratamiento parlamentario anunció el oficialismo, forman parte de una “maniobra distractiva” para ocultar la “política de ajuste” del gobierno. La legalización del aborto pasó así de ser una “promesa incumplida”, según una columna que Del Plá publicó en InfoBAE hace tres meses, a transformarse en una “maniobra distractiva” según la misma Del Plá apenas el gobierno anunció su envío al recinto. Nuestra realidad es trepidante. 

En una conferencia de prensa cuyas alucinaciones nada tuvieron que envidiarle a las de nuestra oposición terraplanista, los abogados del todavía presidente Donald Trump denunciaron un fraude masivo en las últimas elecciones. “Con lo que realmente estamos lidiado acá y descubriendo más cada día es la influencia masiva del dinero comunista a través de Venezuela, Cuba y probablemente China en la interferencia con nuestra elección en Estados Unidos” afirmó Sidney Powell, con el tono lisérgico que suele usar la Mentalista Carrió cada vez que devela sus diálogos con la Desatanudos en un set de televisión. 

“Si dejamos que esto pase, vamos a convertirnos en Venezuela”, continuó Rudy Giuliani, mientras un impiadoso sol chavista desteñía su tintura capilar, retomando un tópico obligado del discurso de la derecha regional. 

No sabemos si la conspiración chino-venezolano-cubana que le robó la elección a Trump está relacionada con el comando venezolano-iraní con formación en Cuba mencionado por el periodista Eduardo van der Kooy como posible responsable de la muerte del fiscal Alberto Nisman, pero algún fiscal debería actuar de oficio y exigir la cárcel preventiva de CFK mientras lleva adelante su investigación.

Imagen: En el Instituto Patria, agentes chinos organizan el fraude en las elecciones de EEUU (cortesía Fundación LED para el desarrollo de la Fundación LED) 

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