La detención en Bolivia de Fernando Cerimedo, consultor estrella en las campañas de desinformación que llevaron al poder a la extrema derecha en la Argentina, Chile, Honduras y Bolivia en los últimos años, permite poner la lupa sobre el entramado mafioso que se dedica a “ganar” elecciones (y cuando no pueden, organizar golpes de Estado) en América Latina, con fierros y plata que vienen desde Estados Unidos, más precisamente desde el entorno de Donald Trump.
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La ola que cambió el color político de la región en apenas dos años se construyó sobre un armazón podrido, hecho de mentiras, algoritmos, los datos que nos roban todos los días y cantidades industriales de dinero negro. En cada país en el que tuvieron éxito, el resultado fue el mismo: corrupción y violencia hacia adentro, subordinación total a la Casa Blanca hacia afuera. Doctrina Donroe. Negocios y geopolítica de la mano. Hackear la democracia para deshacer la soberanía.
El intento de asesinato de Nadia Beller, la ex pareja de Cerimedo, por el que fue detenido, es mucho más que un caso de violencia de género. Es la herida por la que supura ese sistema que conspira contra nosotros a plena luz del día, hinchado de impunidad: sicariato, alta política, posdemocracia, promiscuidad con fondos públicos y privados, granjas de bots, campañas, agencias de inteligencia locales e internacionales, operaciones, amenazas, desinformación.
Cerimedo de gala
El año pasado Cerimedo había recibido el premio a Consultor Político del Año en la noche de Gala Hispana que se celebró en Mar-a-Lago, el complejo donde tiene su residencia de verano Trump. Uno de esos eventos para recaudar fondos y hacer sociales que se llevan a cabo con frecuencia. La segunda edición va a ser este año en Washington DC y el primer invitado confirmado es el presidente argentino Javier Milei. Lo anunció en sus redes Javier Negre, socio de Cerimedo en La Derecha Diario.
El encargado de darle aquel premio al consultor fue nada más y nada menos que Eduardo Bolsonaro, que al anunciarlo lo definió muy bien como cómplice del intento de golpe de Estado en 2022 por el que hoy está preso su padre, Jair Bolsonaro. “Fernando Cerimedo tuvo el coraje de ayudar a Brasil denunciando los posibles fraudes electorales que pasaron en la elección de 2022 que puso al socialista Lula Da Silva”, fueron sus palabras. Los fraudes nunca existieron. El golpe sí.
Durante los agradecimientos que hizo tras recibir la estatuilla, el consultor abandonó por un momento el español para reconocer, en inglés, a dos personas: Brad Parscale y Tim Dunn. Ellos son dos figuras clave de la operación continental de la que él es apenas un agente. El financista y el estratega digital que impulsan el crecimiento de la ultraderecha en el continente, a tono con la doctrina Donroe y los designios del departamento de Estado, el Pentágono y Silicon Valley para todo el hemisferio.
Los jefes
Tim Dunn es un magnate petrolero texano con una fortuna medida en miles de millones de dólares y un compromiso con ideas extremas respecto a religión, raza, inmigración, derechos reproductivos y demás que se manifiesta con la forma de enormes contribuciones de campaña, en general en internas donde desafía a republicanos no lo suficientemente duros para su paladar con retadores ultra. Así conquistó Texas primero, luego los Estados Unidos y ahora va por todo el continente.
Brad Parscale, por su parte, trabaja con Trump desde 2011, fue el jefe de la campaña digital en 2016 y durante algunos meses jefe de campaña en 2020. Es una pieza clave del ecosistema digital de la extrema derecha en todo el mundo. El mes pasado había sido noticia porque se supo que una de sus compañías estaba cobrando millones de dólares del gobierno de Israel para manipular la forma en la que los chatbots de inteligencia artificial, como Chat GPT, hablan acerca del genocidio en Gaza.
Cerimedo es (o era, hasta su detención) el representante para América Latina de Nucleus y Eyes over, las dos compañías de Parscale, que “vendieron” sus servicios a la derecha en al menos media docena de países. En realidad se dedican a intervenir en las campañas desde Estados Unidos, aportando dinero y tecnología, y cuando ganan se apropian de las “cajas” de fondos públicos y subordinan el país a las necesidades de los Estados Unidos en su carrera tecnológica contra China.
El plan b
Sin embargo, Rodrigo Paz, el presidente de Bolivia, que llegó al poder de la mano de Cerimedo y se alineó con Washington desde el primer día, no era el candidato MAGA en la elección que ganó. Ese rol lo ocupaba “Tuto” Quiroga, otro asset norteamericano que ya gobernó hace un cuarto de siglo, antes de la llegada de Evo, y que con una campaña de extrema derecha llegó hasta el ballotage. Paz lo derrotó con un discurso de centroderecha, más moderado.
Hasta ahora el viraje de Paz se leía como un ejercicio de realpolitik: no sería el primero ni el último presidente latinoamericano en ceder ante las exigencias de la embajada sin dar pelea. Sin embargo la presencia tan protagonista de Cerimedo en su gobierno, alimenta la sospecha de que desde el principio la ultraderecha made in USA tuvo dos candidatos propios en la compulsa. El dato es que Cerimedo tenía pensado instalarse en la Argentina en 2027 para trabajar en una campaña presidencial, pero no en la de Milei.
Galperín, racismo y democracia
El empresario más rico del país compartió un posteo en su cuenta de X reivindicando la política racista del apartheid en Sudáfrica: “Lo que le tomó a los colonos blancos de Europa 300 años para construir, la ANC (el partido de Nelson Mandela, que gobierna en Sudáfrica desde 1994, cuando la población nativa obtuvo derecho al voto) lo está destruyendo en 30 años”. El subtexto evidente es que los negros no pueden gobernar ni deben votar. La palabra “negros” en este caso es perfectamente intercambiable.
Es probable que Galperín haya entrado en contacto con las narrativas que reivindican el racismo de Estado en los campamentos para supermillonarios donde se codea con Elon Musk y Peter Thiel, el hombre más rico del mundo y el más poderoso. Los dos pasaron sus infancias como niños blancos en la Sudáfrica segregacionista. Musk es muy activo en sus redes en la reivindicación del apartheid y el supremacismo blanco. El hombre más rico de la Argentina no tiene empacho en imitarlo.
Condena a la corrupción
Un tribunal intermedio de la ciudad de Shenzhen condenó a cadena perpetua y ordenó confiscar todos los bienes de Hui Ka Yan, el multimillonario fundador de la empresa inmobiliaria Evergrande. Mientras China hacía crecer ciudades como hongos durante las últimas décadas, algunos empresarios, los encargados de construir esas ciudades, hicieron una inmensa fortuna. Entre ellos, Hui fue el primero. En 2017 llegó a ser la persona más rica de Asia, con una fortuna de casi 50 mil millones de dólares.
Los jueces determinaron que Hui y Evergrande se involucraron en un fraude financiero a gran escala que duró cinco años en los que se cometieron delitos como el uso indebido de fondos y el fraude en la captación ilegal de fondos públicos, entre otros. Más de cincuenta ejecutivos fueron condenados a penas que van desde los 22 meses a los 18 años de prisión, entre ellos los dos hijos de Hui. A las empresas del grupo les aplicaron multas por 2.350 millones de dólares.
En su sentencia, el tribunal deja claro que el motivo de la condena no fueron simplemente los delitos que se les imputan sino sus efectos: el colapso de la empresa causó una crisis sistémica y la decisión judicial es que el magnate pague por eso. "Hui es responsable de las operaciones de Evergrande Group y debe recibir un castigo severo porque sus acciones y las de la compañía alteraron gravemente el orden de la economía de mercado socialista", puede leerse en el veredicto.
Una fábula china
El caso remite al de Jack Ma, el fundador de Alibaba, la primera plataforma masiva de comercio online en China. A fines de 2020 Ma era el empresario más importante en ese país y se animaba a cuestionar las regulaciones que el Estado le ponía a sus actividades. Su empresa Ant Group estaba a días de comenzar a cotizar en Shanghai y Hong Kong y todos creían que su fortuna, que había alcanzado los 66 mil millones de dólares, iba a multiplicarse rápidamente después de ese hito.
Hasta que intervino el Estado, que obligó a frenar la salida a la Bolsa de la empresa, determinó la desinversión de varias operaciones de la compañía por considerar que se estaba practicando el monopolio y multó fuertemente a Alibaba y “sugirió” a Jack Ma alejarse de los focos por un tiempo prudencial, que terminó siendo de casi tres años. En occidente se relató como un episodio de persecución política a la disidencia. La verdadera historia pasó por otro lado.
En paralelo al crecimiento de Alibaba, Jack Ma había desarrollado Alipay, una aplicación de pago en línea que facilitaba las operaciones comerciales entre los usuarios. Desde 2013 Alipay desplazó a Paypal como el sistema de pago móvil más grande del mundo. En 2020 superó los mil millones de usuarios. Una clientela cautiva a la espera de quien le ofreciera crédito fácil y sin las condiciones que pone el sistema bancario para impulsar el consumo en la propia plataforma. Negocio redondo.
Mientras Ma se enriquecía doblemente, con las ventas en Alibaba y con los intereses de Alipay, la proliferación de créditos al alcance de cualquiera en la pantalla de su celular, sin control ni regulaciones, causó un aumento de la mora que trajo consecuencias sociales y económicas desastrosas para la población y, a la larga, también para el sistema financiero. Ese fue el motivo de su caída. Los empresarios se comportan parecido en todo el mundo. Lo que cambia es la capacidad de controlarlos.
