La Polícia de Ciudad intentó desalojar a curas que rezaban afuera de Casa Rosada

Sacerdotes que rezaban un Rosario por la conversión de Milei, Adorni y Caputo fueron abordados por las fuerzas de seguridad. Los agentes filmaron, sacaron fotos a los rezadores y le pidieron sus documentos.  "Meté preso a Adorni y dejá la Virgen", lanzó un hombre que pasaba.

11 de mayo, 2026 | 13.01

En medio de la crisis que sufren las familias argentinas, la Policía de la ciudad de Buenos Aires intentó desalojar a un grupo de curas encabezados por Esteban "Gringo" Castro, quienes rezaban un Rosario por la conversión de los funcionarios del gobierno de Javier Milei, durante la mañana del pasado viernes 8 de mayo, Día de la Virgen.

El "Gringo" Castro explicó el motivo de ir a rezarle al presidente Milei, a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, al ministro de economía, Luis Caputo, y al jefe de gabinete, Manuel Adorni, investigado en una causa por presunto enriquecimiento ilícito. "Vinimos a Casa Rosada porque nos hace bien a nosotros y a ellos (a los funcionarios nacionales). Nosotros creemos en la conversión, mucha gente pasó de gorila a peronista", afirmó Castro. Desde Policía de Ciudad no dieron detalles acerca del operativo.

El "Gringo" aseguró que "la fe y la lucha política tienen que ir de la mano". Si bien remarcó que "es una tarea difícil" porque "muchos sectores no lo consideran", sostuvo la necesidad de realizar el rezo "presencial". "Podemos hacerlos por zoom pero acá sostenerlo en la medida de nuestra propia organización", apuntó. Uno de los fundadores del Movimiento Evita, ingresó con la imagen de la Virgen gaucha en andas a Plaza de Mayo para llegar a la calle peatonal Balcarce, a metros de la reja que divide con la Casa Rosada. "Meté preso a Adorni y dejá la Virgen", lanzó un hombre que pasaba.

En ese instante, cuando ya estaba una mesa con imágenes de la Virgen de Luján, llegaron distintos efectivos policiales que intentaron frenar el rezo. En las imágenes se ve cómo un agente aseguró que la presencia de los católicos "lo comprometía", aunque no explicó qué norma se violaba por rezar el Rosario. 

Pasado los minutos, mientras los agentes filmaban, sacaban fotos a los rezadores y le pedían sus documentos, el sacerdote Claudio Uassouf, miembro de los Curas Villeros y párroco en la villa Rodrigo Bueno, en Costanera Sur, inició la bendición a distintas imágenes de la Virgen de Luján.

'Felices los pobres de espíritu porque a ellos les pertenece el reino de los cielos. Felices los mansos porque poseerán la tierra. Felices los que lloran porque serán consolados. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Felices los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Felices  los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Felices cuando los injurien, los persigan y digan con mentira toda clase de mal por mi causa. Alegraos y porque vuestra recompensa será grande en los cielos", leyó y rezó el cura villero y luego bendijo con agua bendita las imágenes y a todos los rezadores.

Trabajar más, comer menos: cómo la caída del consumo golpea a los trabajadores invisibilizados

Cada vez más hogares argentinos sobreviven gastando sus propios ahorros para llegar a fin de mes. La postal se repite en gran parte del país y deja al descubierto una estrategia de manutención que se volvió habitual frente a salarios que no logran seguir el ritmo del costo de vida: en varias provincias, casi la mitad de las familias admite recurrir al dinero guardado para cubrir gastos corrientes, una clara muestra de que los ingresos habituales dejaron de alcanzar incluso para sostener consumos básicos.

El fenómeno expone una tendencia más profunda en la que el ajuste económico no sólo impacta sobre el consumo presente, sino también sobre las reservas acumuladas por las familias, que se ven obligadas a desarmar ahorros para sostener gastos cotidianos. En otras palabras, crece el número de hogares que viven gastando sus propios ahorros como mecanismo de supervivencia económica, en un contexto atravesado por la pérdida del poder adquisitivo, el encarecimiento de los servicios y la expansión de formas laborales más precarias e inestables.

El escenario se combina, además, con un creciente endeudamiento y mayores niveles de morosidad. Pese a ello, el ministro Caputo relativizó la situación al afirmar que “la gente pensó que la inflación iba a licuar las deudas”, en referencia al aumento del incumplimiento en los pagos. Sin embargo, los datos muestran que la morosidad de los hogares alcanzó niveles superiores incluso a los registrados durante la pandemia, reflejando las crecientes dificultades para sostener tanto el consumo como las obligaciones financieras.

En muchos casos, la salida fue multiplicar trabajos, extender jornadas o apoyarse en redes comunitarias para sostener lo básico. Sin embargo, también ello empieza a resultar insuficiente en un contexto donde el deterioro del poder adquisitivo golpea en cadena: si los trabajadores consumen menos, quienes viven de venderles, reciclarles, cocinarles o repartirles también se hunden.