En un escenario de creciente tensión diplomática, la administración de las Islas Malvinas lanzó una contundente advertencia dirigida al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Esta reacción surge tras la filtración de documentos del Pentágono que sugieren que Washington podría estar analizando retirar su respaldo histórico al Reino Unido en la disputa de soberanía con Argentina. La posibilidad de un giro en la política exterior estadounidense sacudió el tablero internacional y obligó a los isleños a reivindicar su posición.
El núcleo de la defensa esgrimida por el gobierno local se centró en el concepto de la “autodeterminación”, que fue reivindicado por el portavoz oficial del archipiélago como un “derecho humano fundamental” al citar explícitamente el artículo uno, párrafo dos, de la Carta de las Naciones Unidas para justificar su permanencia bajo la corona británica. No obstante, este justificación fue altamente cuestionada, ya que se trata de una población colonial que recibió la ciudadanía inglesa en 1983, lo que invalidaría su participación en una negociación bilateral entre Londres y Buenos Aires.
De todas maneras, para blindar esta supuesta legitimidad frente a las especulaciones de Washington, el vocero oficial de la Isla recordó los resultados del referéndum de 2013. En aquella consulta, que contó con observación internacional, el 99,8 por ciento de los votantes se inclinó por seguir siendo un territorio de ultramar del Reino Unido, con una participación masiva del 92 por ciento del padrón. Basándose en estas cifras, la administración isleña manifestó tener “plena confianza” en que Londres respetará su compromiso de defender el derecho de los habitantes a decidir su futuro.
El detonante de este conflicto fue un correo electrónico interno de la cartera de Defensa de los Estados Unidos, que fue revelado por la agencia Reuters. En dicho documento, se sugiere que la Casa Blanca podría presionar a los aliados de la OTAN que no apoyaron plenamente las operaciones militares contra Irán, utilizando como moneda de cambio el retiro del apoyo a las denominadas “posesiones imperiales” europeas, entre las que se encuentran las Malvinas.
A pesar de las especulaciones que se abrieron frente a estas revelaciones, voceros del Departamento de Estado norteamericano señalaron a Clarín que la posición sobre Malvinas “sigue siendo de neutralidad constante”. En este sentido, desde el Pentágono aseguraron al mismo medio que esa alternativa es una de las que ellos suministran a Trump para presionar a los aliados de la OTAN que no colaboren con Estados Unidos.
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La respuesta del Reino Unido y la posición Argentina
Luego de que se hicieran públicos los correos electrónicos del Pentágono, el gobierno del primer ministro Keir Starmer salió al cruce de las versiones de un quiebre en la alianza estratégica con Estados Unidos, calificando de “primordial” el derecho de los habitantes del archipiélago. Desde Downing Street se enfatizó que la soberanía recae exclusivamente en Londres y que esta postura fue transmitida de forma coherente a las sucesivas administraciones en Washington.
Por su parte, el Gobierno siguió de cerca estos movimientos, ya que el canciller Pablo Quirno rechazó la postura británica y la calificó como una “situación colonial” persistente desde 1833. En sintonía, el presidente Javier Milei ratificó el reclamo histórico al afirmar que “las Malvinas fueron, son y siempre serán argentinas”.
