Tras una participación módica en la marcha universitaria, la CGT volverá al modo rosca para concentrarse en negociaciones con otros sectores, en particular del empresariado, para intentar el debilitamiento de la reforma laboral que su estrategia judicial no logró. En paralelo, los gremios disidentes que reprochan la actitud paciente de la central obrera empezarán a transitar este miércoles su probable bautismo de fuego: el arranque de la paritaria de los aceiteros se perfila como el primer gran conflicto del Frente de Sindicatos Unidos (Fresu) que incluye a los metalúrgicos (UOM) y a los estatales de ATE.
Buena parte del Consejo Directivo de la CGT acudió el martes a la movilización a la Plaza de Mayo con una adhesión más política que masiva si se tiene en cuenta la capacidad de convocar afiliados que todavía tiene la organización. Puertas adentro explicaron que esa musculatura –aunque ni siquiera en su esplendor- se había puesto en juego el 30 de abril pasado para la marcha por el Día del Trabajador, y antes con la sumatoria a la conmemoración del medio siglo del último golpe de Estado, el 24 de marzo.
Sólo por citar un caso, el gremio de Camioneros, uno de los de más capacidad de activación, apenas contó con la presencia del triunviro Octavio Argüello y de medio millar de afiliados. Tanto Hugo como Pablo Moyano y Marcelo Aparicio, sus tres principales figuras, brillaron por su ausencia. Al poco entusiasmo que la familia Moyano le asigna a las últimas concentraciones populares debe sumarse la crisis sin fondo de su obra social (Oschoca), que en los últimos días sumó un capítulo dramático con el corte en la provisión de medicamentos con descuento a los camioneros. A ningún dirigente lo seduce recibir una mínima parte de los reproches que a diario se escuchan en las inmediaciones de las farmacias del gremio y que proliferan en las redes sociales propias.
En cambio, la CGT pone más expectativa en una serie de contactos que inició mientras languidecía su estrategia jurídica contra la reforma laboral. El triunviro Jorge Sola viajó días atrás a su provincia natal, Santa Fe, y se reunió con la cúpula del empresariado industrial local (Fisfe). El encuentro forma parte de un plan más amplio de revinculación de la central obrera con núcleos patronales y que incluye la Confederación de la Mediana Empresa (CAME), la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra) y las entidades fabriles de otras provincias como Córdoba y Entre Ríos.
El hilo conductor lo constituyen ítems de la reforma laboral que ya durante su tránsito parlamentario habían causado malestar no sólo en el sindicalismo sino también en entidades como CAME, Adimra y la Cámara de Comercio (CAC). Sobre todo, los cuestionamientos incluidos por Federico Sturzenegger contra los aportes extraordinarios a favor de unos y otros consagrados históricamente en las paritarias. Y también la quita de poder a los sindicatos centrales para darles mayor protagonismo a los locales, que en espejo representa un debilitamiento de las cámaras empresarias que hacen de sus contrapartes en cada negociación.
En los sectores mercantiles e industriales sondeados por la CGT admitieron la confluencia de intereses y le dieron crédito a la posibilidad de instrumentar acciones conjuntas aunque verán la chance de hacerlo sin provocar a Javier Milei ni a su Gabinete.
En paralelo la Federación de Aceiteros (Ftciodyara) y el sindicato de San Lorenzo de la actividad arrancarán este miércoles al mediodía su paritaria anual con un reclamo que promete instaurarse como bandera: un salario mínimo de 2.800.000 pesos. Se trata de un 20% de ajuste respecto del último acuerdo alcanzado en noviembre pasado con la cámara de exportadores de cereales (Ciara). El número ya forma parte del pliego de reclamos colectivos del Fresu y preanuncia un conflicto intenso con la contraparte patronal.
De hecho el referente del empresariado Gustavo Idígoras ya declaró que los salarios de la actividad están por encima de la inflación y dio a entender que no hay razones para aumentarlos. Y agregó que la Federación inició las conversaciones con una actitud “hostil” que atribuyó a una supuesta ambición de Daniel Yofra, secretario general de Ftciodyara, por ocupar espacios de mayor relevancia en el sindicalismo nacional.
El gremio respondió a esos dichos con varios videos de trabajadores y delegados en los que se defiende la herramienta de la huelga para la obtención de mejoras, incluso si el costo es la pérdida de salarios caídos durante la ejecución de las medidas de fuerza. No es una bravuconada del sindicato: en 2015 permaneció en paro por 25 días; otros 22 días en 2020, y siete más en 2023.
Yofra integra un denominado “triunvirato combativo” o “blue” con Abel Furlán, de la UOM, y Rodolfo Aguiar de ATE nacional. Los tres comenzaron a moverse en sintonía este año mientras crecía el malestar contra la CGT por la poca predisposición a sembrar de huelgas la Argentina de Milei. Se nutrieron por ahora de buena parte de la dirigencia huérfana de experiencias previas como el Frente Sindical por el Modelo Nacional, que tenía a Pablo Moyano como líder, o la Corriente Federal del bancario Sergio Palazzo. Ambos permanecen al margen del Fresu, al menos por ahora.
En reserva, los gremialistas visualizan el inminente conflicto aceitero como un posible hecho fundacional de un nuevo espacio que pueda mostrar efectividades conducentes y no sólo un programa como el que presentó el Fresu el 1 de mayo pasado en Pilar ante 1600 delegados de 140 gremios. Incluso advierten posible la coordinación de medidas de acción directa por varias organizaciones integrantes de modo tal de sostener un paro por tiempo indeterminado con afectación directa sobre el comercio internacional de granos, principal factor de ingreso de dólares para el Gobierno.
