Patricia Bullrich pateó la pelota y no confirmó ni desmintió una candidatura suya en la Ciudad de Buenos Aires, un distrito para el que suena desde el año pasado y cuya postulación cobró un impulso mayor tras el escándalo que envuelve a Manuel Adorni. La senadora no defendió al jefe de Gabinete pero, aseguran, tampoco lo hundió. Anticipan que repetirá el mismo concepto cada vez que se lo pregunten: cada funcionario deberá responder ante la Justicia cuando esta lo solicite. Una posición que manifestó este viernes respecto al vocero presidencial, pero que vale para cualquier miembro de esta administración, incluso para ella misma.
La CABA está “linda como siempre”, pero “pensar en la Ciudad ahora no da”, deslizó en la Bolsa de Comercio de Córdoba. Para ella, es necesario concentrar esfuerzos en el Senado, donde su objetivo inmediato es sacar leyes. En ese camino, destacó la articulación de un bloque de 44 senadores con sectores de acompañamiento variable, con la intención de consolidar un espacio que garantice las políticas libertarias y le dé previsibilidad a los inversores.
En la Ciudad, el terreno donde Adorni proyectaba su candidatura, se bajó la orden de no hablar del escándalo. Este jueves hubo una sesión en la Legislatura porteña y no se trabajó ninguna estrategia de defensa al jefe de Gabinete. La que sí habló fue Bullrich. Quienes la conocen aseguran que ella ya no espera el visto bueno de Olivos para fijar postura, ni consensúa sus declaraciones ahora que dejó el Poder Ejecutivo. Mucho menos teme represalias, especialmente en un momento donde no asoma un nombre mejor que el suyo para disputar el distrito capitalino.
Bullrich sostuvo que la política y los medios no pueden suplantar a la Justicia y ratificó que fue decisión de Javier Milei sostener a Adorni. Para el bullrichismo, la respuesta no fue llamativa: el Gobierno deja que los tribunales actúen, lo sugirió el propio jefe de Gabinete en su fallida conferencia de prensa y fue la posición que adoptó la senadora, seguramente muy bien recibida entre su electorado. Lo cierto es que en su entorno no hay aprecio por el jefe de Gabinete, a quien acusan de haber comandado una campaña de desprestigio contra Patricia para instalarse él como el candidato porteño. “Todos los días sacaba una nota jodiéndola”, señalan con memoria fresca.
Ella permaneció en silencio pero, como si fuera producto del karma, llegó el momento en que Adorni se empezó a ver complicado. Se portó mal, la destrató y las palabras para describir su personalidad no son elogiosas, pero aseguran que Bullrich no encendió la mecha ni busca venganza.
A futuro, la senadora le esquiva a la confirmación de una candidatura, así como también existen nubarrones sobre las negociaciones para un acuerdo con el macrismo en CABA. Sin embargo, dio una pista en territorio cordobés: señaló que el PRO de esa provincia es un "PRO libertario" que estará al servicio del cambio.
El sello amarillo cordobés le fue arrebatado a Mauricio Macri en una interna que alió al bullrichismo con el sector de Oscar Agost Carreño, con el objetivo de impedirle al expresidente presentar una alternativa a LLA en la provincia. Para Bullrich, el mensaje es claro: no hay que dividir la oferta política porque el peronismo se está organizando. Donde haya fuerzas afines al Gobierno —PRO, UCR u otro espacio— el dese es el de ir todos juntos bajo la misma bandera. Este viernes intentó no confrontar con "Mauricio", a quien dijo respetar, y confirmó que le envió un mensaje el 8 de febrero, cuando cumplió años.
