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Precarizados, baratos y descartables: el auge del Trabajador Basura en la era Milei

La destrucción sistemática de empleo y condiciones laborales en la Argentina consolidó el fenómeno de trabajadores formales pobres, endeudados y desesperados. El contraste con la fiesta en una élite cada vez más opulenta y concentrada. La degradación del trabajo como objetivo estructural.

15 de agosto, 2026 | 12.07

Tener empleo formal y registrado no garantiza llegar a fin de mes. La novedad irrumpió hace tiempo, pero se consolidó con el digesto de medidas, legislaciones y decisiones económicas impulsadas por el gobierno de Javier Milei. Barato para quien lo contrata, descartable en cuanto deja de convenir, el “trabajador basura” es el resultado de un programa que combinó destrucción de puestos, caída de salarios reales e informalidad récord. El diagnóstico es compartido por especialistas de posiciones conceptuales diversas, incluso opuestas. El Bapro, banco público bonaerense; el IERAL de la Fundación Mediterránea, usina liberal cordobesa; el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, que coordina Claudio Lozano; y el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) publicaron, con matrices ideológicas distantes, informes que describen el mismo fenómeno desde ángulos distintos: menos empresas, menos empleo registrado, salarios que no alcanzan y una porción creciente de la actividad concentrada en la élite. Componentes de un plan que parece tener la degradación del trabajo, y de los trabajadores, como objetivo estructural.

Trece meses sin freno

Los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) de mayo de 2026, los últimos disponibles y sistematizados, confirman una tendencia de trece meses consecutivos: en el mes se perdieron 6.971 puestos registrados y, contra noviembre de 2023, la caída acumulada llega a 337.365 asalariados formales menos. El sector privado completó un año de retrocesos ininterrumpidos, concentrados en la industria (-4,5% interanual) y el comercio (-3,1%). Desde noviembre de 2023 solo se creó empleo neto en Neuquén y Río Negro, mientras siete provincias acumulan retrocesos superiores al 10%. El salario real medido por el SIPA se ubica un 2% debajo de noviembre de 2023 y la Encuesta de Indicadores Laborales de junio volvió a dar negativa, sin señales de piso.

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El informe de CEPA, con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, agrega una pieza clave: la crisis del empleo tiene como espejo la crisis del entramado empresario. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 desaparecieron 30.633 empleadores, 33,5 por día, y se destruyeron 411.613 puestos de trabajo registrados en unidades productivas, 450 por día. Sumando el empleo en casas particulares, que perdió 30.133 puestos, el total de empleo privado registrado cayó en 441.746 personas, 484 por jornada. Industria manufacturera, construcción y transporte lideran la pérdida de puestos, con una caída relativa del 16,8% en la construcción. El dato más revelador aparece al cruzar el tamaño de las firmas: el 99,78% de las empresas que cerraron tenían hasta 500 trabajadores, apenas el 0,22% correspondía a grandes compañías. Pero esas mismas grandes empresas explican el 61% de los puestos de trabajo destruidos y, pese a haber recortado personal, todavía concentran cerca de la mitad de los 9,4 millones de trabajadores registrados en unidades productivas. Mientras miles de pymes desaparecen, un núcleo cada vez más reducido de grandes firmas retiene una porción creciente del empleo que queda en pie.

Un espejo que distorsiona

El informe N°944 de la Semana Económica del Bapro pone estos números en perspectiva histórica. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se destruyeron más de 235.000 empleos asalariados del sector privado registrado, una caída del 3,7% que supera a la crisis de 2018-2019, cuando el retroceso fue del 2,7%. Pero la comparación lineal, advierte el informe, puede resultar engañosa: mientras el Estimador Mensual de Actividad Económica cayó 4,5% entre 2018 y 2019, en el ciclo actual creció un 7%. La destrucción de empleo formal, entonces, no solo persiste, también se acelera en plena expansión agregada.

El aporte más original del Bapro, sin embargo, consiste en seguir la trayectoria individual de los trabajadores a partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares. El hallazgo es contundente: la probabilidad de que un asalariado privado registrado conserve esa condición durante un año es la más baja de la década, 76 sobre 100, contra 80 en 2024-2025 y 79 en 2018-2019. De quienes abandonan el empleo privado registrado, más del 60% permanece en el mercado de trabajo, pero casi todos en peores condiciones, como asalariados no registrados o cuentapropistas. Entre 2024 y 2026, la participación del asalariado registrado privado bajó de 32,4% a 30,5% del total de ocupados. Ese vaivén constante, entrar y salir del sistema en condiciones cada vez peores, es la marca de fábrica del trabajador basura.

El país partido al medio

Desde la antípoda ideológica, el IERAL relata una escena similar. En el informe "Mercado laboral 2026: algunos juegan lesionados y otros ni siquiera entran a la cancha", de Laura Caullo y Guadalupe Galíndez, las autoras describen una macroeconomía que "comenzó a ordenarse" mientras el mercado de trabajo "sigue jugando otro partido".

"La recuperación todavía no llega al empleo" afirma la organización en otro informe, donde se explica por qué la pretendida “mejora macro” que sostiene el gobierno y elogia el establishment no derrama sobre el mercado laboral: energía, minería, agroindustria y algunos segmentos exportadores exhiben mejores perspectivas, mientras los sectores ligados al consumo interno siguen golpeados por salarios débiles. Según reconoce el IERAL -que tributa a las corporaciones que sponsorearon el experimento en curso- las actividades beneficiadas por el modelo que gerencia Milei representan apenas el 3% del empleo total y el 7% del privado registrado, de modo que su mejora no se traduce en más trabajo ni ingresos para el grueso de los hogares. El salario real privado formal, tras recuperar parte de la caída del 14% de 2024, volvió a terreno negativo en 2026 (-2,3%), y el público sufrió un golpe mayor, con una pérdida acumulada del 23% real entre marzo de 2023 y marzo de 2026.

Los informes del IERAL coinciden en que no existe un único mercado laboral argentino: hay, más bien, un mosaico de realidades provinciales. En densidad de empleo privado formal, Neuquén encabeza el ranking con 219 asalariados registrados cada mil habitantes, traccionado por la energía, mientras Formosa apenas alcanza 37, con una estructura más dependiente del empleo público. Esa geografía se repite en la presión laboral: Córdoba y el interior bonaerense combinan alta participación con muchos trabajadores en busca de mejores ingresos, CABA y Santa Fe tienen menor desempleo relativo, y en Río Negro y Chubut la presión laboral es menor porque buena parte de la población está fuera del mercado de trabajo, no por una situación más saludable.

Trabajadores en la mesa de saldos

El IPyPP revisó los microdatos de la EPH del primer trimestre de 2026 y llegó a una conclusión que refuerza la del IERAL: el 7,8% de desocupación que difunde el INDEC resulta insuficiente para describir la fragilidad laboral. La subutilización de la fuerza de trabajo, que suma desempleo y subempleo, alcanza al 19% de la Población Económicamente Activa (PEA), y la presión efectiva llega al 23,7%, casi idéntica al 23,6% que había calculado el IERAL con otra metodología. De todas maneras, el dato más elocuente del informe es otro: tres de cada diez desocupados llevan más de un año buscando empleo sin conseguirlo. La brecha de género agrava el cuadro: la tasa de empleo femenina, 39,1%, queda 11,7 puntos por debajo de la masculina, y la subutilización alcanza al 21,5% de las mujeres contra el 16,9% de los varones. Entre los jóvenes de 18 a 24 años la desocupación trepa al 19,5%.

El IPyPP también desagrega los datos de informalidad. Entre los cuentapropistas, una cuarta parte de los ocupados, el 65% trabaja en la informalidad. Entre los asalariados, el 71,8% de los ocupados, la informalidad llega al 37,9% y trepa al 64% entre los jóvenes, y por sector alcanza el 50,5% en el ámbito privado contra el 10,7% en el público. Los ingresos confirman la degradación: el promedio mensual del primer trimestre rondó los $1.076.056, pero los cuentapropistas percibieron $524.000, un 51% por debajo, y los asalariados informales, $700.000, un 35% por debajo. Frente a ingresos que no alcanzan, el pluriempleo se consolidó como estrategia de supervivencia: el 10,4% de los ocupados tiene dos o más trabajos. Es el retrato del trabajador formal pobre: cumple horario, factura o tiene recibo de sueldo, y aun así necesita un segundo ingreso para sostener el hogar.

El Trabajador Basura

Cuatro informes con propósitos, métodos y posiciones ideológicas distintas describen el mismo objeto: un mercado de trabajo que se degrada con mayor velocidad que en las peores crisis de la Argentina, incluso en un ciclo de crecimiento del producto, y que castiga con más fuerza a las mujeres, a los jóvenes y a quienes ya perdieron un empleo registrado. La reforma laboral y las modificaciones incluidas en la Ley Bases, presentados como incentivo a la contratación registrada, no modificaron esa dinámica: las empresas siguen cerrando y los puestos, destruyéndose. Buena parte de la suba de la desocupación quedó contenida porque miles de personas, ante la caída del ingreso principal del hogar, aceptaron changas o trabajos informales que en otro contexto hubieran rechazado. Es el efecto llamado "trabajador adicional". Mientras eso ocurre, un núcleo cada vez más chico de grandes empresas concentra una porción creciente del empleo que sobrevive en condiciones de precariedad. La escena describe el cuadro general: el trabajo, esa dimensión que estructura los derechos sociales y la dignidad cotidiana de las personas, retrocede hacia formas cada vez más baratas y descartables, mientras el poder económico se concentra y disfruta de una economía primarizada a la que le sobran millones de habitantes con habilidades laborales innecesarias para el país subdesarrollado y satélite que consolida la gestión Milei.

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Adrián Murano

Nació en el barrio porteño de Villa Urquiza, en 1973. Egresado de la escuela de periodismo Taller Escuela Agencia (TEA), lleva 30 años desarrollando el oficio de periodista en radio, gráfica y tevé.
En radio trabajó en las radios América, La Red, Del Plata y Somos Radio, entre otras emisoras, donde cumplió tareas como productor, columnista y animador. En la actualidad conduce Verdades Afiladas, en el mediodía de El Destape Sin Fin, de Buenos Aires.

En televisión fue columnista político en las señales de noticias A24 y CN23, participó de ciclos periodísticos en la Televisión Pública, y condujo el programa de entrevistas Tenemos Que Hablar (#TQH).
Escribió sobre actualidad política y económica en Noticias, Veintitrés, Poder y Perfil, entre otros, donde cumplió tareas como cronista, redactor y editor.

En la última década ejerció la secretaría de Redacción en el diario cooperativo Tiempo Argentino. En la actualidad escribe y edita en El Destape.

Publicó los libros de investigación periodística Banqueros, los dueños del poder (Editorial Norma) y El Agitador, Alfredo de Angeli y la historia secreta de la rebelión chacarera (Editorial Planeta).

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