Con Patricia Bullrich reabriendo las puertas a una candidatura propia en la Ciudad, se recalentó la disputa por la conducción porteña, una batalla que tiene a todos sus protagonistas activos hace tiempo. El PRO apuesta a retener la Capital Federal para seguir existiendo; La Libertad Avanza no se recupera del golpe sufrido por la escandalosa salida de Manuel Adorni de la vida política pública; el larretismo vive en una campaña continua de propuestas municipales y confrontación con Jorge Macri; y la UCR construye, desde un perfil opositor a las ideas libertarias, una amplia coalición que dirima candidaturas en una gran PASO para pelear por meterse en el balotaje contra los violetas.
Esta semana, Bullrich volvió a reafirmar conceptos que venía sosteniendo hace meses: su prioridad es lograr la reelección de Javier Milei para consolidar un proyecto de país. En ese plan, dijo no tener deseos personales de ocupar un cargo específico, pero advirtió que ocupará el lugar que el Presidente considere más útil para el objetivo de concretar un segundo mandato.
Este fin de semana fue un poco más allá. Durante una entrevista con Clarín, en la que dijo estar confiada en que tiene los votos para ser jefa de Gobierno si se inclinan por ella para ser candidata en la Rosada, deslizó también una frase que no había dicho nunca: "Después de la reelección de Milei, quiero ser presidenta".
Como una referente que conoce la política desde adentro hace años, la senadora está convencida de que La Libertad Avanza necesita de alianzas y coaliciones para construir la propuesta 2027 y triunfar en las elecciones presidenciales, especialmente con acuerdos en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires.
La encrucijada del PRO: ¿acuerdo con LLA o vía propia?
Para la dirigente, la Capital Federal es un distrito clave para la negociación política. Así, competir contra el PRO puede no ser una prioridad si la intención es llegar a un acuerdo que garantice la continuidad del proyecto, ya que si La Libertad Avanza apunta a arrebatarle la Ciudad a los amarillos, será imposible un pacto nacional que empuje una candidatura presidencial de Milei. “El año pasado, cuando fuimos a la elección y yo fui primera candidata a senadora, trabajé mucho para que el PRO esté dentro de la lista. Fueron dos diputados” amarillos en la boleta violeta, recordó esta semana en TN, al tiempo que insistió: “Yo creo que tiene que estar” el partido de Mauricio Macri.
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Por estas horas, es una incógnita qué rol ocupará el PRO en la Ciudad para las próximas elecciones. Así como Bullrich considera que tiene que estar adentro de una alianza con los libertarios —pensamiento que también comparten funcionarios del gobierno porteño—, quienes conocen de las negociaciones más amplias aseguran que hay un 50% de probabilidades de que el macrismo cierre con los libertarios y otro 50% de que participe de una alianza de centro con viejos socios de Juntos por el Cambio. Esto se debe, en parte, a la dificultosa convivencia con el oficialismo nacional y la falta de garantías para asegurar que el postulante sea Jorge Macri.
El armado de centro y la carrera por las PASO
Ya hay un acuerdo entre distintos espacios para competir en unidad y dirimir candidaturas en una PASO que, según explicaron en el gobierno porteño, se mantendrían porque no hay votos para eliminarlas. En ese armado figuran la UCR, el larretismo, la Coalición Cívica y el socialismo, fuerzas que en su mayoría carecen de candidatos fuertes. De ellos, el exjefe de Gobierno es el que más mide, ubicándose en un rango de entre 8 a 12 puntos. Jorge Macri es el mejor posicionado, con un piso de hasta 22 puntos (que para el bullrichismo representa directamente su techo).
Se espera que a partir de noviembre Macri empiece a tomar definiciones electorales con un indicador clave para saber si hubo acuerdo o no con La Libertad Avanza: el desdoblamiento de los comicios. Si los unifica con los nacionales, habrán sellado un pacto. Según el Código Electoral porteño, las PASO deben celebrarse con una antelación no menor a 65 días corridos ni mayor a 90 días respecto de las elecciones generales locales, las cuales deben convocarse al menos 185 días antes de su realización y ejecutarse con una antelación de entre 40 y 225 días respecto a la finalización del mandato de las autoridades salientes.
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El calendario electoral que define las alianzas
Si el gobierno porteño desdoblara las elecciones y adelantara las PASO para fines de abril o principios de mayo, la firma del decreto de convocatoria por parte del Ejecutivo local debería concretarse entre fines de diciembre y la primera mitad de enero. Bajo este esquema, la cita en las urnas para la elección general se fijaría para julio o agosto, lo que obligaría a las fuerzas políticas a oficializar alianzas y definir listas durante enero y febrero. Si, por el contrario, hubiera una unificación alineada con los deseos de la Casa Rosada y las primarias se realizaran en agosto, habría margen para convocarlas hasta abril, permitiendo que el cronograma de alianzas y precandidaturas se despliegue entre mayo y junio.
