"Todo lo que sé de mis papás me lo contaron sus compañeros sobrevivientes", narra Alejandrina Barry, hija de Susana Beatriz Mata y Alejandro Juan Alejandro Barry, asesinados en 1977 en un operativo conjunto entre la dictadura argentina y la uruguaya. Después de los asesinatos, Alejandrina, de solo tres años, fue víctima de un ataque coordinado de otro actor importante para que los militares pudieran permanecer en el poder: la prensa cómplice, parte de la pata civil.
La historia de sus padres con la militancia comenzó temprano. Antes de la dictadura, Susana había estado detenida en el Pozo de Banfield; incluso, Alejandrina nació en el Penal de Olmos, donde también estuvo presa su madre. Para la época del terrorismo de Estado, Susana era docente y había fundado el sindicato de docentes de Almirante Brown, mientras que Juan Alejandro estudiaba derecho. Sin embargo, la persecución contra los militantes montoneros los obligó a radicarse en Uruguay, donde los mataron oficiales de las dos dictaduras, que trabajaron en conjunto. Antes, en 1976, habían desaparecido Ernesto Barry, hermano de Juan Alejandro, y su pareja, Susana Papic, de quienes no se conoce el paradero.
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El brutal ataque de la dictadura a Susana y Juan Alejandro no terminó en sus asesinatos. Una vez consumados, aprovecharon otra de las patas del gobierno de facto, la civil, cuyos principales responsables no fueron juzgados: con publicaciones en distintas ediciones, Editorial Atlántida, grupo que posee múltiples revistas con circulación en la sociedad, construyó una mentira alrededor de Alejandrina. "Los hijos del terror", decía el título de la nota que, junto a una foto de Alejandrina Barry, continuaba: "Se cree que se llama Alejandra y que tiene tres años. Su madre, dirigente montonera en el Uruguay, se suicidó frente a ella cuando iba a ser detenida. Su padre murió en un enfrentamiento. La niña espera que alguien la reclame (sic)".
"Alejandra está sola", expuso el grupo periodístico en otro título, mientras que en un tercero sumó: "A ellos, no les importaba Alejandra". Alejandrina remarcó que, al momento de su secuestro -porque fue eso lo que sucedió previo a montar la operación mediática- tenía una medalla con su nombre que le había dejado su madre, por lo que el error de los medios con su nombre no fue casual, sino otra mentira con el objetivo de obstaculizar su búsqueda. "Fue planificado en común entre la patota de la ESMA —que viajó a Uruguay especialmente—, las Fuerzas Armadas uruguayas y los medios de Editorial Atlántida, con las revistas Gente y Para Ti. Hicieron un operativo conjunto en el año 1977 que implicó el asesinato de mis padres, el secuestro del resto de los militantes que fueron trasladados a la ESMA, y mi propio secuestro. Allí me utilizaron para realizar una campaña de propaganda de la dictadura, y me pusieron en la tapa de las principales revistas de la época", relató Alejandrina Barry a El Destape, a 50 años del comienzo de la última dictadura cívico militar.
"Publicaron que yo había sido abandonada por mis padres, que era hija de terroristas, de subversivos. Llegaron a escribir que mi mamá era 'fabricadora de huérfanos' para justificar el asesinato tanto de ellos como del resto de los desaparecidos. Al hacerse público, mi familia me reconoce en las revistas y viaja a buscarme a Uruguay. La dictadura uruguaya en ese momento me entrega, porque los genocidas decidieron que era mejor utilizarme como un conejito de Indias o un botín de guerra para esta campaña. Yo no fui apropiada; estuve en ese intervalo, pero me devolvieron", agregó.
Su infancia, la militancia y los juicios
A Alejandrina la crió su abuela, quien en un primer momento no le contó quiénes habían sido sus padres y cómo habían sido asesinados. "Yo pensaba que habían muerto en un accidente", comentó. "Recién a los 13 años me entero de que habían sido asesinados y desaparecidos. Ahí hubo uno de los cambios más importantes en mi vida, porque desde ese momento fue recomenzar a conocer la historia. Como la historia de ellos fue tan tergiversada por estos medios de comunicación, hubo que empezar a conocer la verdad", continuó y siguió: "Yo estudiaba en el colegio Normal de Banfield y allí había muchas maestras que habían sido compañeras de mi mamá. A través de ellas pude empezar a conocer su historia, quién era; conocí a su mejor amiga, Graciela Nordi. Se tejió una red impresionante de solidaridad con quienes habían sido sus amigos y compañeros de militancia. Me pude relacionar con ellos desde muy temprano".
Enterarse de la historia de sus papás fue trascendental para que Alejandrina comenzara su camino de militancia que continúa hasta el presente, con una participación activa en el Partido de los Trabajores Socialistas (PTS), por el que fue legisladora porteña. "Empiezo a militar como parte de este proceso. Al conocer la historia de ellos, quise empezar a pelear por el juicio y castigo", recordó, antes de destacar la figura de su tío, Jorge Barry: "También fue sobreviviente. Él fue militante, junto con sus dos hermanos, y fue fundamental en darme la visión de la importancia que había tenido la pelea de mis padres".
Barry comenzó con su militancia "en los años '90, cuando había impunidad absoluta". En ese momento, fue parte de la fundación de H.I.J.O.S, cuando se implementó el escrache contra los represores como método para "luchar colectivamente contra la impunidad". "Después empecé a militar en la izquierda desde muy joven, porque, al revés de lo que querían los militares con esas publicaciones para aislarme, lograron generarme un gran orgullo. Conocer la historia de ellos y de toda la generación de los '70 me hizo decir: 'Yo quiero militar, quiero seguir esta pelea por transformar este mundo y cambiar de raíz esta sociedad'. Empecé a militar en la facultad y en el PTS, donde milito actualmente", prosiguió.
En la causa, como en gran parte de los juicios contra responsables civiles, no se pudo avanzar mucho décadas después de la operación mediática. "La causa de la Editorial Atlántida, que juzga a los civiles que fueron parte de este operativo, es un monumento a la impunidad. No se ha avanzado nada. Mi abogada es Myriam Bregman, y presentamos una cantidad de pruebas impresionantes de la participación directa de esta editorial en el operativo, no solo en mi caso, sobre el rol central que cumplió como aparato de propaganda de la dictadura. Durante todos estos años no logramos ni siquiera que sean llamados a declarar", señaló Barry. Para la dirigente política, la pata civil está protegida porque "tiene que ver con quiénes idearon y organizaron el golpe militar". Cuando habla de la "pata civil", la exlegisladora porteña hace referencia a los "grandes grupos económicos, nacionales y extranjeros, que decidieron dar el golpe para terminar con una generación de trabajadores y estudiantes que ponía en cuestionamiento el sistema social".
El recuerdo de sus padres en épocas de ataques del Gobierno
Más allá de recordarlos por su vínculo, Barry remarca la importancia de tener presente la lucha de sus padres en un momento en que el gobierno de Javier Milei, con una vicepresidenta (Victoria Villarruel) abiertamente negacionista, ataca las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. "Eran dos personas muy queridas por todos; hasta el día de hoy sigo en trato con sus mejores amigos. Me dicen que eran muy divertidos y muy solidarios en lo personal. Mi papá siempre se preocupaba por cómo estaban los compañeros, por lo que les pasaba", contó. Además, dio detalles sobre una historia personal que grafica el amor que sus padres sintieron hacia ella: "A mi mamá le costaba quedar embarazada, entonces hicieron todo un tratamiento con mucha dedicación en medio de la militancia para lograrlo. Por eso, cuando leía esas revistas donde afirmaban que me habían abandonado, sabía que era la mentira más grande del universo. Les costó mucho y perdieron mucho porque tenían esta visión de la importancia de dejar un mundo distinto para sus hijos".
A 50 años del 24 de marzo de 1976, Alejandrina Barry convoca a movilizarse y repudia el negacionismo explícito de la Casa Rosada. "Es un gobierno profundamente reaccionario frente a las libertades democráticas y ejerce una represión muy grande. Quiere instalar un estado de sitio de hecho y prohibir el derecho a la protesta", opinó, antes de dejar una reflexión: "A 50 años, pensar en la historia de mis padres y de cada desaparecido implica, obviamente, sostener el reclamo por Memoria, Verdad y Justicia. Pero también significa retomar lo mejor de esa generación: la manera en que dio la batalla en condiciones mucho más adversas con la firme convicción de que se podía enfrentar a los poderosos".
