Desde 2018, Dalma Maradona y su esposo viven en una casona que compraron en el exclusivo Barrio River de Núñez, en Buenos Aires. La propiedad, construida hacia 1920, conserva su esencia histórica mientras suma remodelaciones pensadas para la vida familiar actual.
La vivienda ocupa unos 354 metros cuadrados y mantiene detalles originales como las barandas y aberturas de madera, pisos nobles y una estructura clásica que remite a principios del siglo XX. Con cuatro dormitorios, tres baños, un altillo y una bodega oculta, el hogar combina perfectamente el pasado con la comodidad moderna.
Una casa moderna que conserva la historia.¿
Dalma y su marido se enfocaron en preservar la impronta centenaria sin perder funcionalidad: conservaron elementos originales y sumaron tecnología y espacios íntimos para sus hijas, Roma y Azul. Así, la casa se convirtió en un cruce entre la memoria histórica y las necesidades cotidianas de la familia.
El living es el espacio que más conserva el estilo antiguo, con una imponente apertura en arco, columnas blancas y ventanas mirador que permiten una gran entrada de luz natural. Allí conviven muebles contemporáneos con alfombras clásicas y accesorios cálidos, logrando un ambiente equilibrado entre lo antiguo y lo funcional.
Por otro lado, la cocina fue renovada con un diseño actual: muebles blancos, electrodomésticos empotrados, grifería minimalista y azulejos tipo subte que aportan luminosidad y orden. Las habitaciones de las niñas contrastan con la estética original, decoradas en tonos rosa y con detalles inspirados en princesas modernas, buscando comodidad y practicidad para el día a día.
Desde el living se accede al jardín trasero, un espacio verde con árboles de gran porte, arbustos y una pileta protegida con mallas para garantizar la seguridad de las niñas. Este entorno natural funciona como una extensión del interior y requiere mantenimiento constante, pero la pareja priorizó que sea un lugar íntimo y seguro para toda la familia.
La casa donde vive la hija de Diego Maradona se desarrolla en dos plantas conectadas por una escalera con barandas originales de madera maciza, que fueron cuidadosamente conservadas durante la remodelación. Además, se incorporaron soluciones tecnológicas y sistemas de seguridad para adaptarse a la vida contemporánea.
Dalma valoró especialmente que este hogar sea un refugio privado, alejado del escrutinio mediático que marcó su infancia, y un espacio donde la historia y la modernidad conviven para ofrecer comodidad y calidez familiar en pleno corazón de Buenos Aires.
