El Gobierno no intervendrá en caso de secta rusa de Bariloche

Elena Makarova, la mujer rusa detenida tras dar a luz en Bariloche por su presunta vinculación con una secta, pidió la intervención del Presidente. El Gobierno le respondió que no puede inmiscuirse en la causa judicial, citando límites constitucionales. Makarova, ahora en Rusia, insiste en que nunca fue una víctima.

28 de enero, 2026 | 14.51

El Gobierno nacional respondió de manera formal a Elena Makarova, la mujer de origen ruso en el centro del resonante caso de la presunta secta de Bariloche, afirmando que "no puede intervenir en la causa" a pesar del pedido personal que ella le realizó al presidente Javier Milei. La respuesta oficial llega mientras Makarova, quien ahora se encuentra en Rusia, mantiene una postura que desafía la narrativa de la fiscalía: insiste en que "no se siente víctima" de explotación y acusa a los investigadores de inventar argumentos en su contra.

La mujer le había escrito al mandatario el pasado 10 de noviembre, solicitando su intervención para revisar su situación. En su misiva, no solo negó haber sido víctima de la organización liderada por Konstantin Rudnev, sino que fue más allá y acusó a los fiscales a cargo de la causa de "inventar argumentos" para justificar su detención. Makarova manifestó sentirse tratada de forma "injusta" durante su estadía en Argentina y aseguró sentirse "feliz" de haber regresado a su hogar en Rusia.

La respuesta del Poder Ejecutivo, sin embargo, fue clara en marcar sus límites, según confirmaron fuentes cercanas a Noticias Argentinas. A través de un escrito oficial, sostuvo que "no tiene las facultades necesarias" para analizar o intervenir en el caso. El fundamento es jurídico: el artículo 199 de la Constitución Nacional establece la independencia del Poder Judicial e impide expresamente que los representantes del Ejecutivo influyan en la conducta o decisiones de los fiscales, quienes actúan con autonomía funcional en las investigaciones.

Ante la imposibilidad de acceder a su reclamo directo, el Gobierno le recomendó a Makarova que, si considera que hubo irregularidades o vicios en el procedimiento judicial en su contra, reitere su denuncia ante el Consejo de la Magistratura. Este órgano es el encargado de juzgar la conducta de los jueces y, en ciertos aspectos, del ministerio público, siendo la vía institucional adecuada para sus quejas.

Los hechos que desencadenaron el caso

La historia se remonta a marzo de 2025, cuando Elena Makarova, embarazada, dio a luz a su hijo en el Hospital Ramón Carrillo de Bariloche. El mismo día del parto, en un operativo que conmocionó a la ciudad, la policía local la detuvo a ella y a su recién nacido. El argumento de las autoridades fue que ambos eran víctimas de una organización criminal dedicada a la explotación y reducción a la servidumbre, presuntamente liderada desde las sombras por Konstantin Rudnev.

Rudnev, un ciudadano ruso con un pasado turbulento, ya se encontraba arrestado y con prisión preventiva en un penal de la ciudad de Rawson. Las investigaciones lo señalan como el líder de un grupo sectario que operaba en Bariloche. Sin embargo, la defensa de los implicados ha pintado un cuadro diferente. El abogado Carlos Broitman, quien defiende a tres mujeres rusas detenidas en el caso, ha sostenido que Rudnev llegó a la Argentina simplemente para participar de un retiro espiritual.

"Konstantin tiene muchos seguidores, pero no vino al país a fundar una religión", argumentó el letrado, buscando desvincular las actividades del grupo de los delitos graves que se les imputan.

Los antecedentes del líder y la batalla legal

La figura de Konstantin Rudnev agrega capas de complejidad al caso. Según se ha difundido, el hombre tiene antecedentes penales en Rusia, donde estuvo 11 años preso en Siberia. Además, se lo presenta como un opositor al gobierno de Vladimir Putin. Su defensor ha tratado de neutralizar el peso de este historial, argumentando: "No pueden usar eso como argumento automático para condenarlo ahora. Queremos que exhiban pruebas concretas, pero la fiscalía pide esperar y estirar la causa para mantenerlo preso".

Esta declaración refleja la tensión en los tribunales, donde la fiscalía busca consolidar una acusación por trata de personas y asociación ilícita, mientras que la defensa exige pruebas contundentes más allá de las presunciones y el pasado de su defendido. La situación de las mujeres detenidas, incluyendo inicialmente a Makarova, se enmarca en esta lucha por la interpretación de los hechos: ¿eran víctimas sometidas o participantes voluntarias de una comunidad espiritual?

La decisión del Gobierno de abstenerse de intervenir, lejos de cerrar el caso, lo devuelve por completo al ámbito de la Justicia Federal. Allí, los fiscales deberán continuar construyendo su acusación con evidencias que logren demostrar la existencia de la organización criminal y los delitos, ante la férrea negativa de quien fue presentada como su principal víctima. Mientras tanto, Elena Makarova sigue su vida lejos de Argentina, repitiendo desde Rusia que nunca necesitó ser rescatada, en un controvertido final que deja más preguntas que respuestas sobre los límites entre la protección de víctimas y el respeto a la autodeterminación personal.