En un contexto donde la construcción contemporánea busca cada vez más dialogar con el entorno natural, Villa Las Nubes se distingue como ejemplo armónico, de integración entre diseño y paisaje. El proyecto, desarrollado por el estudio Flow 81, propone una vivienda suspendida sobre grandes columnas en medio del bosque, donde los árboles no solo permanecen intactos, sino que atraviesan la estructura y continúan creciendo.
La construcción está ubicada sobre un terreno con una pendiente del 26% y rodeada por 133 pinos y otras especies autóctonas. Fue pensada a partir de la premisa de intervenir el espacio sin dañarlo. Lejos de adaptar el entorno a la construcción, los arquitectos decidieron adaptar la construcción al entorno.
La estructura elevada en voladizo, sostiene una gran terraza suspendida a once metros del suelo. Así es como se preservaron las raíces de los árboles y se evitó modificar la topografía natural del terreno. Incluso, el revestimiento de bambú de la terraza fue perforado estratégicamente para permitir el paso del follaje, generando una especie de jardín natural sin mantenimiento.
Arquitectura que se adapta al paisaje (y no al revés)
Uno de los principales desafíos del proyecto fue la compleja configuración del terreno. Además de la inclinación pronunciada, el lote contaba con una orientación desfavorable y una vegetación densa que limitaba las posibilidades tradicionales de construcción.
Esas dificultades terminaron definiendo la identidad de la vivienda. Al elevar la casa y ubicarla en el punto más alto del terreno, los arquitectos lograron generar vistas al mar en un lugar que originalmente no las tenía. Al mismo tiempo, la villa mantiene un alto nivel de privacidad desde la calle de acceso.
Otro aspecto distintivo es la decisión de no incorporar cercos artificiales en la parte baja de la construcción. En su lugar, la vegetación funciona como barrera natural y permite el libre tránsito de la fauna, reforzando la idea de la convivencia con el ecosistema.
Conexión total con el entorno
La relación entre naturaleza y arquitectura también se manifiesta en el interior de la vivienda. Las fachadas completamente acristaladas y corredizas, al igual que en la Casa del Puente de Amancio Williams, eliminan visualmente las fronteras entre el adentro y el afuera, potenciando la sensación de inmersión en el bosque.
La continuidad entre los pisos interiores y exteriores contribuye a esa percepción de fluidez espacial. Dentro de la casa la naturaleza también ocupa un rol central: los árboles crecen en patios internos, las vistas verdes desde la sala de estar y la cascada que recibe a los visitantes en el acceso principal.
Pese a sus dimensiones y a la complejidad técnica que implica una estructura suspendida, Villa Las Nubes conserva una escala cálida y habitable.
