La Ciudad de Buenos Aires implementó una nueva normativa que reduce la cantidad máxima de faltas permitidas para estudiantes de nivel secundario, tanto en escuelas públicas como privadas. Ahora, los alumnos podrán acumular hasta 20 faltas por año, bajando de las 25 que se permitían anteriormente, y se eliminan las excepciones discrecionales que antes flexibilizaban esta regla.
Este cambio forma parte del Plan Buenos Aires Aprende y busca combatir el ausentismo escolar, un problema que afecta directamente al rendimiento académico. Según datos oficiales, en el nivel secundario la tasa de ausentismo alcanza el 19,6%, y nueve de cada diez faltas no están justificadas. Además, el promedio anual de inasistencias es de 27, lo que equivale a casi dos meses sin asistir a clases.
El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, expresó con contundencia la postura oficial: “¿Cuándo se naturalizó que los chicos falten casi dos meses por año a la escuela y no pase nada? Durante años se relativizaron las reglas y eso tuvo consecuencias: más ausentismo, peor desempeño y abandono escolar. El problema no son los chicos, está claro. El problema son los que instalaron la idea de que faltar no importaba y que todo daba lo mismo. Se terminó esa época. En la Ciudad volvemos a lo básico: estar en la escuela no es opcional y faltar tiene consecuencias. Punto.”
Hasta ahora, la evaluación de la regularidad del alumno se hacía al cierre del bimestre y permitía excepciones a criterio del docente. Con la nueva normativa, cada estudiante podrá faltar un máximo de cinco veces por bimestre y la evaluación de la asistencia será más periódica, eliminando las flexibilidades que permitían acumular llegadas tardes o vacaciones fuera del período oficial sin sanciones.
¿Qué pasa si un alumno supera las faltas permitidas?
En caso de perder la regularidad, el estudiante deberá recuperar los contenidos durante el receso invernal o en el período de verano, para evitar que las ausencias afecten su promoción. Así, la Ciudad apunta a frenar el ausentismo reiterado, que suele ser el primer paso hacia el abandono escolar.
Además de esta reducción en la cantidad de faltas permitidas, el Gobierno porteño puso en marcha un sistema de prevención y seguimiento para detectar a tiempo a los alumnos en riesgo. Desde la segunda falta injustificada, se activa una comunicación directa con las familias y se ofrece acompañamiento personalizado para evitar que la situación empeore.
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Para reforzar esta política, se implementó el Sistema de Alerta Temprana para el Abandono Escolar, que identifica a los estudiantes con riesgo de dejar la escuela. También se envían mensajes personalizados a través de BOTI, el WhatsApp oficial de la Ciudad (11-5050-0147), informando sobre las inasistencias y brindando apoyo concreto.
Los equipos directivos cuentan con nuevas herramientas tecnológicas, como tableros de presentismo y seguimiento nominal en la plataforma Aprende BA, que incorporan inteligencia artificial para monitorear en tiempo real y actuar con datos precisos. Además, se fortaleció la gestión educativa mediante la Huella Digital Docente, que promueve la responsabilidad y el ejemplo de los maestros frente a los alumnos.
La ministra de Educación de la Ciudad, Mercedes Miguel, destacó la importancia de la presencia en el aula: "No podemos seguir naturalizando faltas que impactan directamente en los resultados. Si no están en el aula, no podemos enseñarles. Buenos Aires pone la presencia en el centro del aprendizaje. El compromiso empieza por los adultos y se construye en comunidad: las familias son parte central de la solución y queremos trabajar junto a ellas para que cada estudiante esté en la escuela aprendiendo".
