Nacho y Trixie: la pareja de periquitos que batió récord con 55 crías

La pareja de periquitos maorí sontano, especie en peligro crítico, logró criar 55 polluelos en dos años gracias a un exitoso programa de conservación.

04 de agosto, 2026 | 14.52

En plena lucha contra la extinción, una pareja de periquitos de la especie maorí sontano (Cyanoramphus malherbi) sorprendió con un récord inesperado: criaron 55 polluelos en apenas dos años. Estos periquitos, oriundos y únicos de Nueva Zelanda, están en peligro crítico con apenas 450 ejemplares en estado salvaje, lo que hace que este logro sea un respiro para su conservación.

Nacho y Trixie, como se llaman esta pareja, comenzaron su vida juntos en 2024 y rápidamente demostraron una capacidad reproductiva fuera de lo común. En una sola temporada, llegaron a tener 33 crías, una cifra inaudita para esta especie que suele tener dificultades para reproducirse en la naturaleza debido a la escasez de alimento y la reducción de su hábitat.

Un récord histórico en medio del peligro crítico

Esta especie fue declarada extinta en la vida salvaje en dos ocasiones, en 1919 y 1965, aunque luego se los redescubrió en valles remotos de Nueva Zelanda. Su supervivencia depende en gran medida de la disponibilidad de semillas de hayas, que solo fructifican masivamente en ciertos momentos. Cuando no hay suficiente alimento, estos periquitos dejan de reproducirse después de su primera anidada, lo que limita su crecimiento poblacional.

Wayne Beggs, técnico del Departamento de Conservación de Australia (DOC), explicó que "en los bosques de hayas en los que viven, las semillas parecen ser una fuente de alimento principal durante la temporada de cría, ya sea cuando permanecen en los árboles o cuando se encuentran en el suelo del bosque antes de germinar. Sin embargo, en épocas sin producción abundante, a menudo dejan de aparearse después de la primera anidada".

Las claves del éxito en la cría en cautiverio

Por eso, el éxito de la pareja se explica en gran medida por los programas de conservación en cautiverio, como el que lleva adelante Isaac Conservation and Wildlife Trust. Allí, a las aves se les ofrece una dieta variada y rica en proteínas que garantiza su reproducción, aunque con un control cuidadoso para evitar un exceso de machos, que puede darse si reciben demasiadas semillas de haya.

La especie fue declarada extinta en la naturaleza en 1919 y 1965.

Lo sorprendente es que Trixie, a pesar de que la temporada de cría ya había finalizado, siguió poniendo huevos y criando hasta tener 7 polluelos en una sola camada. Según Beggs, lo ideal sería que descansara después de una anidada, pero la urgencia por aumentar la población no dejó tiempo para la pausa.

Nacho, por su parte, tuvo un rol fundamental en la búsqueda y provisión de alimento para la pareja. Sobre el motivo de esta dedicación, Beggs señaló que “la razón más probable es genética, aunque hasta la fecha no se ha llevado a cabo ningún estudio que corrobore esta hipótesis”.

El cuidado y la selección de parejas en cautiverio son clave para este éxito. En general, los conservacionistas colocan a las aves en bandadas pequeñas y observan cuáles se emparejan, ya que muchas aves son muy selectivas y suelen mantener a su pareja de por vida. Sin embargo, la supervivencia de los polluelos sigue siendo el desafío más delicado, ya que la manipulación prolongada puede ser fatal, y la tasa de supervivencia disminuye notablemente tres meses después de que abandonan el nido.

En el caso de Nacho y Trixie, sus polluelos fueron notablemente más grandes que el promedio, un indicador positivo que suele traducirse en mayor envergadura y mejores chances de sobrevivir tras la liberación en la naturaleza. Beggs afirmó que esto “aumenta la probabilidad de supervivencia tras la liberación, así como las tasas de supervivencia de la especie”.

En cautiverio, reciben una dieta variada que garantiza su reproducción.

El desafío genético para salvar a la especie

Pero no todo es fácil para estos periquitos. La endogamia es una amenaza latente que puede poner en riesgo la diversidad genética y la salud de la población. Por eso, los programas de conservación incluyen un manejo riguroso de la genética, con registros detallados del linaje de cada ejemplar y pruebas genómicas a los polluelos. Además, se recolectan huevos de poblaciones silvestres para mantener la diversidad y se realizan traslados de juveniles a diferentes poblaciones para evitar la depresión endogámica.

El esfuerzo detrás de estas acciones es enorme y apunta a que las poblaciones silvestres puedan prosperar sin depender de la cría en cautiverio. Como concluyó Wayne Beggs, “el objetivo final es que las poblaciones silvestres prosperen sin necesidad de cría en cautividad”, y Nacho y Trixie ya están dando un paso fundamental hacia ese futuro, aunque será necesario un trabajo colectivo para lograrlo.