“Alguien pagó 1 millón de dólares" y "Sotacuro es el autor de todo": la declaración que dio el giro en la causa del triple femicidio

La declaración de Celeste Magalí Gonzalez Guerrero, la dueña de la casa donde asesinaron a Morena, Brenda y Lara en Florencio Varela detalló cómo fue ese 19 de septiembre y quién es quién en la banda. Además, ratificó la hipótesis del robo y aclaró la cantidad: fueron 30 kilos de cocaína. 

08 de octubre, 2025 | 20.25

Lo que parecía un pedido de ampliación de indagatoria se convirtió para los fiscales de la causa en una declaración clave para la causa ya que el relato que hizo Celeste Magalí González Guerrero, dueña de la casa de Florencio Varela donde asesinaron a las chicas, puso blanco sobre negro los roles en la banda y quienes participaban de cada movimiento, desde la venta de drogas hasta el traslado la noche de los asesinatos y los movimientos posteriores. Así, con la reconstrucción, los investigadores llegaron a una línea que repitieron algunos abogados con el correr de las horas y es que “Sotacuro es el autor de todo”. Con estos datos, por primera vez se armó una línea que permitió ubicar a los detenidos en cada etapa de la escena, aunque en principio descartaron que hubiera modificaciones en las acusaciones y todos seguirán acusados como coautores de los homicidios.

La mujer contó que conocía a Tony Janzen “Pequeño J” Valverde Victoriano como Julio y que le pidió a su pareja, Miguel Villanueva, que se hacía llamar Gonzalo usar la casa para ir con una amiga. “Llega el viernes y Julio (Pequeño J) me llama para que le abra el portón. Entró una camioneta Chevrolet color blanca y descienden tres chicas y tres masculinos más”, contó la mujer sobre el viernes 19 a la noche. Antes, aseguró que había pasado el día vendiendo drogas con su marido y describió cómo era ese operativo. “Matías Ozorio me traía el producto - cocaína -, entre 100 y 120 envoltorios, que valían 10 mil pesos cada uno”, contó y aseguró que “todos los clientes eran de Julio (Pequeño J)” que monitoreaba las ventas desde un celular y que tenía departamentos en distintos lugares de Capital Federal donde tenían guardadas las drogas pero las llevaban desde un departamento de Pompeya y que ese día le pidieron la casa “porque dijo que no podía llevar a las chicas porque lo estaban pintando”. Para detallar lo de los departamentos, la mujer dijo que “Pequeño J” le había mandado la dirección a su pareja, Miguel, y que eso debía estar en el teléfono que le secuestraron a ella.

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Volviendo a la declaración sobre el día de los crímenes, Celeste Magalí aseguró que vio cuando “bajaron sonrientes, se las veía como engañadas que venían a una fiesta” y tras cerrar el portón le dieron mil dólares pero Miguel, su pareja, se los sacó y le dieron parte del dinero al otro día. La plata “me la dio el tío de Julio, al que le dicen ‘El Duro’. No se como se llama pero se que es el tío de Julio (Pequeño J)”, explicó la mujer que tras mostrarle imágenes reconoció que “El Duro” no es nada más ni nada menos que Víctor Sotacuro. Allí los investigadores entendieron que el rol de Sotacuro era mucho mayor que el que quiso describir en su declaración y que no era solamente un chofer. Por el relato y la reconstrucción de la investigación, fuentes cercanas a la causa aseguran que pueden ubicar a Sotacuro en camino al lugar antes del secuestro de las chicas, lo ubican en la casa de los crímenes, lo identifican también en el camino donde queman la camioneta Chevrolet Tracker en la que trasladaron a las víctimas y por el relato también en el traslado de los otros hombres que participaron en los crímenes.

Entre los detalles que explicó la mujer, también dio detalles sobre cómo fue que hicieron el pozo en la casa sin que ella lo supiera. “El viernes salimos a vender y en un momento lo perdí de vista a Miguel, no lo vi por una hora. Calculo que ahí fue cuando les abrió la puerta para que entren los que hicieron el pozo antes que llegue Julio”, declaró y amplió con que cuando fue a la noche para abrir el portón vio que estaban Matías Osorio y dos hombres identificados como “Nero” y “Paco” que hacían parte de ese pozo. Además, contó que “cuando estaba saliendo veo a tres hombres más con guantes de látex. Estaban dentro de mi casa, en el comedor con las luces apagadas”, y detalló cómo eran esos hombres y que “eran todos peruanos por como hablaban y las características físicas”. 

Para los investigadores, la declaración dejó también datos cruciales porque la testigo reconoció que en la casa estaban familiares de “Pequeño J” de los que dijo se identificaban como “papá” y “abuelo” y en la jerga de la bandas narco criminales, “abuelo” es quien produce y “papá” es quien baja las toneladas de droga. Luego en la organización están “los tíos”, como Tony llamaba a Sotacuro y “los pequeños”, como apodaban al joven detenido en Perú y que según las investigaciones con ese rango sólo podían manejar entre 7 y 10 kilos de sustancias. Una vez que les exhibieron las fotos, esas personas fueron identificadas en la causa como Manuel David Valverde Rodríguez y Luis Alan Valverde Rodríguez. Según señaló Celeste Magalí González Guerrero, Manuel David era uno de los hombres que estaba dentro de la casa con guantes de látex mientras que no reconoció haber visto allí a Luis Alan aunque señaló “es parecido a Julio”. Por último, anotaron los investigadores, en la banda están “los bebés o los mulos”, una denominación con la que llamaban a Ozorio, mano derecha de “Pequeño J”.

En medio de la declaración, a la mujer le mostraron las imágenes de cámaras de seguridad donde se ve a “Pequeño J” caminando con Lara y otras dos personas días antes del crimen. Allí la mujer reconoció al hombre y a la adolescente pero aseguró no conocer al hombre y a la otra chica que caminan con ellos. Volviendo a los datos de la banda y al día de los crímenes, la mujer contó que el grupo para la venta de drogas se llamaba “Pizzería Los Pulpos”, una coincidencia con el pasado familiar de “Pequeño J”, y que a ese grupo el joven mandó un mensaje “preguntando si sabíamos de alguien que alquile un parlante” y que su pareja Miguel lo llevó esa noche a la casa mientras ella siguió vendiendo drogas.  

Alrededor de las 4 de la madrugada, contó la mujer, “vuelvo a mi domicilio, me abre la puerta Miguel y veo que tenía uno de los dedos sangrando”. Allí, Celeste Magalí contó que su pareja “me explica que cuando fue a la casa a dejar el parlante, cuando abrió la puerta, una de las chicas quiso salir corriendo como para escaparse y ante eso él agarró un destornillador y un vidrio y mató a la chica que se quería escapar”. Allí, el relato fue más espeluznante porque la mujer puso en boca de su marido cómo fue uno de los crímenes con detalles que coinciden con lo que descubrieron los peritos al momento de la autopsia. Cuando le preguntaron por lo que vio en la casa, la mujer dijo que en ese momento “sólo entré hasta la puerta” y detalló que vio “todo sucio el piso, lleno de barro, y vi a Pequeño J, Ozorio, Nero y Paco”. 

Celeste Magalí contó que luego de ver eso, junto a su pareja, fue a un kiosco 24 horas y “compramos como cinco botellas de lavandina, tres juegos de guantes, agua oxigenada para el dedo de Miguel y artículos de limpieza”, para luego ir a una estación de servicio donde “compramos dos bidones de nafta”. Después de las compras, la mujer contó que guió a parte de la banda hasta un descampado donde quemaron la Chevrolet Tracker. Según explicó, allí estaban Pequeño J, su tío Sotacuro y el hombre identificado como Paco. La mujer contó que fue a buscar hamburguesas y que en ese momento la banda sacó de la casa colchones y sábanas que también quemaron en el descampado. “Cuando volví no vi sangre ni nada, habían limpiado con los productos que compramos” explicó la mujer que dijo que en la vivienda sólo estaban su pareja y Matías Ozorio, que “se pidió un remís y se fue con las hamburguesas”. 

Ante el Fiscal Carlos Adrián Arribas, la mujer dijo que Miguel le contó de los crímenes pero aseguró que no le contó con qué elementos las asesinaron aunque “todo lo que había en mi cocina desapareció, no tenía más cuchillos ni tijera” y detalló que “Miguel me dijo que a Brenda la mataron primero, luego a Morena y última a Lara”. Ante las preguntas del Fiscal, la mujer detalló que su pareja le dijo que “estaban haciendo una videollamada con quienes le dicen ‘papá’ y ‘lima’, que sería custodio” y explicó que “le mostraban como las mataban, creo que fue a la primera”. En su declaración también contó que esas personas que recibieron la videollamada “estaban en José C Paz” y que un amigo le contó que vio el vivo cuando mataban a las chicas.

En esa declaración el Fiscal buscó conocer detalles y le preguntó a la testigo por qué mataron a las chicas y fue categórica, “porque le robaron 30 kilos de cocaína a Sotacuro, dos de las chicas” y allí profundizó con los roles describiendo que “Sotacuro, apodado “el Duro” estaba por encima de Julio, “Pequeño J” que estaba encima de su pareja, Miguel”. Era Sotacuro el que le daba las órdenes a Tony Janzen Valverde Victoriano y él se las bajaba a Miguel. Allí, la mujer también habló de dinero y señaló que “Miguel lo hizo gratis lo de matar a las chicas pero Matías me contó que a Julio (Pequeño J) alguien le pagó un millón de dólares por lo que hicieron”. Por último, la mujer contó que su pareja llamó al joven que les había alquilado el parlante y lo contrató para que “lo ayude a acomodar la tierra que había quedado” de los pozos, y que a ese joven le regalaron las palas que usaron. 

Ante el Fiscal, la mujer aseguró que “el martes me enteré por Matías que las chicas estaban ahí enterradas” y que cuando le mandó mensajes a su mamá, que están sumados al expediente, hablaba del jefe señalando a Pequeño J. También aseguró que su hermana Iara Daniela Ibarra y su cuñado Maximiliano Andrés Parra “no tienen nada que ver, sólo estaban en mi casa cuando fueron a allanar”. Además, la mujer señaló que los teléfonos de las chicas “se los llevaron los masculinos de los guantes” y contó que no habló antes porque “estaba amenazada por Miguel, me decía que si lo traicionaba me iba a matar, por eso dije que estaba lastimado en el dedo pero era por lo que le hizo a esa chica”.

Ahora, los investigadores trabajan en la búsqueda de cuatro sospechosos, dos de los cuales están identificados y de conocer la ruta de posibles familiares de Pequeño J que habrían estado en el país al momento de los crímenes pero que no figuran en los informes de inteligencia como tampoco figuraba Tony Janzen Valverde Victoriano. Mientras tanto, buscan saber si familiares o amigos de las víctimas conocían acerca del posible robo de la cocaína y buscar las conexiones para que todos los que participaron del brutal triple femicidio de Morena, Brenda y Lara paguen en prisión.