Frente a la Plaza San Martín, en el barrio de Retiro, se levanta uno de los edificios más reconocidos de la Ciudad de Buenos Aires: el Kavanagh. Su silueta escalonada, su estilo racionalista y las leyendas que rodean su construcción lo transformaron en un ícono de la arquitectura argentina y en uno de los puntos más fotografiados de la Capital.
Inaugurado en 1936, fue durante varios años el más alto de Sudamérica y también la estructura de hormigón armado más elevada del mundo. Con 120 metros de altura y 32 pisos, marcó un antes y un después en el desarrollo urbano porteño.
Su historia está ligada a la figura de Corina Kavanagh, una empresaria y estanciera de origen irlandés que financió el proyecto y le dio su nombre al edificio. Para concretar la obra, vendió parte de sus propiedades rurales y encargó el diseño al estudio de arquitectos Sánchez, Lagos y de la Torre.
¿Cómo se construyó el edificio Kavanagh?
Las obras comenzaron en abril de 1934 y avanzaron a una velocidad inusual para la época. En apenas 14 meses la estructura alcanzó su altura máxima, mientras que la inauguración oficial se realizó en 1936.
El proyecto fue supervisado por el ingeniero Rodolfo Cervini y se destacó por incorporar adelantos tecnológicos poco frecuentes en los años treinta. Entre ellos figuraban un sistema centralizado de aire acondicionado, red telefónica interna, ascensores de alta velocidad, cámaras frigoríficas y servicios comunes destinados a los residentes.
Además de su altura, el Kavanagh llamó la atención por su diseño racionalista, caracterizado por líneas simples, ausencia de ornamentaciones excesivas y grandes volúmenes geométricos. Su estructura escalonada permitió incorporar terrazas y mejorar la entrada de luz natural en distintos sectores del edificio.
El complejo fue concebido como un edificio residencial de lujo y cuenta con más de 100 departamentos distribuidos en sus distintos niveles. Incluso Corina Kavanagh reservó para sí una de las unidades más exclusivas, ubicada en un piso completo con vista panorámica sobre la Ciudad.
La leyenda de amor, venganza y los Anchorena, la historia detrás del emblemático edificio Kavanagh
Más allá de su valor arquitectónico, el Kavanagh se volvió famoso por una historia que forma parte del folklore porteño. La leyenda sostiene que Corina Kavanagh mantuvo una relación sentimental con un integrante de la poderosa familia Anchorena, una de las más influyentes de la Argentina de principios del siglo XX.
Según el relato, los Anchorena habrían rechazado el vínculo por considerar que Corina no pertenecía a la aristocracia tradicional, pese a su fortuna. Como respuesta, ella habría decidido construir el enorme rascacielos frente a Plaza San Martín para bloquear la vista que la familia tenía hacia la Basílica del Santísimo Sacramento, templo que había sido financiado por los propios Anchorena.
Aunque no existen pruebas históricas concluyentes que confirmen la historia, el mito se mantuvo durante décadas y es una de las anécdotas más conocidas de Buenos Aires. De hecho, todavía hoy muchos recorridos turísticos incluyen la explicación de esta supuesta revancha amorosa vinculada al edificio.
Con el paso de los años, el Kavanagh se consolidó como una referencia internacional del movimiento racionalista y del art decó. Su relevancia arquitectónica le permitió recibir distintos reconocimientos nacionales e internacionales.
En 1994 fue distinguido como Hito Histórico Internacional de la Ingeniería Civil por la American Society of Civil Engineers. Más tarde, en 1999, fue declarado Monumento Histórico Nacional y pasó a integrar el Patrimonio Mundial de la Arquitectura de la Modernidad reconocido por la UNESCO.
