Fragmentos de pirita de hierro y una fina capa de arcilla roja fueron suficientes para replantear uno de los capítulos centrales de la historia humana: el dominio del fuego ocurrió 350.000 años antes de lo que se pensaba. Ese hallazgo alimentó una de las curiosidades más grandes de la ciencia y recordó que, incluso los momentos más importantes, pueden perderse en el tiempo y solo sobrevivir gracias a rastros mínimos.
Esa misma incógnita es la que ahora resulta disparadora para los investigadores de distintas disciplinas. Cuando la humanidad ya no exista, ¿cómo sabrán los exploradores del futuro que alguna vez los humanos estuvimos en este mundo?
El humano, ¿puede convertirse en fósil?
Las probabilidades de que los seres humanos puedan convertirse en fósiles son bajas. Menos del 0,1% de las especies que vivieron en la Tierra dejaron fósiles, y solo una fracción de ellos llega a ser descubierta. Aunque los humanos contamos con huesos y dientes, que son los materiales duros que ayudan a la fosilización, convertirnos en fósiles seguiría siendo un evento totalmente excepcional.
Aun así, los científicos sostienen que nuestra huella en la Tierra no dependerá solo de restos biológicos. Según los paleontólogos Jan Zalasiewicz y Sarah Gabbott, ya estamos dejando marcas indelebles en el registro geológico. Se refieren a la alteración de los ecosistemas, las extinciones provocadas y la modificación del rumbo de la evolución. Son transformaciones que quedarán impresas en los estratos del planeta.
Los rastros imposibles de borrar
Más allá de los huesos, nuestro legado en la Tierra será químico y material. Cenizas de combustibles fósiles, residuos nucleares, grandes obras de infraestructura y millones de objetos artificiales formarán una capa única en la historia del planeta. Para los científicos se trata de la era de los “tecnofósiles”.
Entre los indicios más llamativos figuran las partículas microscópicas de carbono provenientes de la quema de carbón, petróleo y gas, muy resistentes al paso del tiempo. También aparecerán restos de nuestra producción masiva de animales, como los miles de millones de pollos, y materiales sintéticos como el plástico, capaces de sobrevivir durante millones de años.
En un futuro remoto, quizás alguien encuentre lápices, estacionamientos subterráneos o juguetes con forma de dinosaurio y trate de reconstruir quiénes fuimos. Como ocurre hoy con civilizaciones y especies extintas, nuestra historia será interpretada a partir de fragmentos dispersos. Y entonces, una vez más, la imaginación completará lo que el tiempo borre.
