Vecinos de Viedma alertaron sobre la presencia de un lobo marino juvenil en la costa, específicamente a la altura del kilómetro 13,5 de la Ruta Provincial 1. Gracias a esa rápida comunicación, se activó un operativo conjunto entre organismos provinciales para asistir al animal.
El subsecretario de Fauna Silvestre, Roberto Esposito, detalló que se trataba de un ejemplar pequeño que probablemente remontó el río Negro aprovechando la marea. Tras una evaluación, confirmaron que no tenía lesiones ni enfermedades, incluida la gripe aviar, aunque presentaba un leve cuadro de deshidratación y bajo peso, condiciones habituales en estos casos.
El rescate fue coordinado por la Subsecretaría de Fauna Silvestre junto con la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Río Negro. Luego de su contención y traslado, liberaron al lobo marino en Punta Bermeja, donde volvió a su hábitat natural sin inconvenientes.
Desde las autoridades destacaron la importancia de la colaboración vecinal y la rápida intervención, que permitieron garantizar el bienestar del animal y evitar complicaciones durante el proceso de rescate y reintroducción.
Si alguna vez encontrás un lobo marino en la costa, es fundamental no intervenir directamente, ya que esto puede generar estrés en el animal o incluso poner en riesgo a las personas. Se trata de especies silvestres que pueden reaccionar de forma agresiva ante la presencia humana, por lo que lo mejor es avisar a las autoridades para que actúen de manera segura y profesional.
No lo toques, no lo alimentes: por qué intervenir puede ser peligroso
Cuando un vecino encuentra un lobo marino varado en la costa, la primera reacción suele ser de empatía: acercarse, tocarlo, darle agua o incluso intentar alimentarlo. Sin embargo, los especialistas son contundentes: no hay que intervenir. Y no es un capricho. Hay razones de peso.
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Peligro para la persona. Los lobos marinos son animales silvestres, no mascotas. Aunque parezcan débiles o asustados, pueden reaccionar de forma agresiva si se sienten acorralados. Su mordedura es potente y puede transmitir enfermedades graves como la leptospirosis o la tuberculosis. Además, el estrés que genera la presencia humana puede empeorar su estado de salud.
Peligro para el animal. Alimentar a un lobo marino varado puede hacer más mal que bien. Su sistema digestivo puede no estar preparado para recibir comida en ese estado de estrés o deshidratación. Además, si el animal asocia a los humanos con comida, pierde el miedo natural y se acerca a zonas urbanas, lo que aumenta el riesgo de atropellos o nuevos varamientos.
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Qué hacer entonces. La regla es simple: no tocar, no alimentar, no mojar. Lo único que hay que hacer es dar aviso a las autoridades. En Argentina, se puede llamar a Policía, Prefectura, Gendarmería, bomberos o a la Secretaría de Ambiente local. Ellos tienen los conocimientos y los protocolos para actuar de forma segura, tanto para la persona como para el animal.
