La crisis económica golpeó de lleno a toda la industria nacional, incluso a aquellas empresas que son claves, como es el caso de una fabricante de un importante producto que despidió trabajadores por la caída de las ventas y la apertura de importaciones que impulsó el gobierno de Javier Milei.
Se trata de ALPAT, la única fabricante de carbonato de sodio de América Latina, que atraviesa un conflicto que escaló en los últimos días por las protestas sindicales y reclamos por la situación financiera de la compañía. El conflicto ya afecta a decenas de trabajadores y pone en alerta a una de las industrias estratégicas de Río Negro.
Desde el Sindicato del Personal de Industrias Químicas y Petroquímicas de la Patagonia denunciaron que la empresa desvinculó a más de 30 empleados fuera de convenio y avanzó además con el despido de tres trabajadores convencionados, una decisión que derivó en medidas de fuerza y cortes en los accesos a la planta.
La firma emplea a unas 420 personas y desde hace meses atraviesa dificultades económicas que, según el gremio, también impactan en el pago a proveedores, contratistas y salarios. Actualmente, los haberes se abonan de manera fraccionada en el marco de un Procedimiento Preventivo de Crisis.
La caída de las ventas y las importaciones afectaron duramente a la empresa
"La situación es muy compleja", advirtió Ariel Castillo, secretario general del sindicato, al medio De gremiales quien además vinculó el deterioro de la empresa con la fuerte caída de las ventas registrada durante los últimos meses.
Según explicó el dirigente, ALPAT necesita producir y vender al menos 120 mil toneladas anuales para alcanzar niveles de rentabilidad. Sin embargo, el volumen comercializado actualmente ronda las 80 mil toneladas, una diferencia que compromete la sustentabilidad operativa de la planta.
Detrás de esa caída aparecen varios factores. Por un lado, la retracción de sectores industriales que utilizan carbonato de sodio como insumo, entre ellos la fabricación de vidrio y parabrisas. Por otro, el avance de las importaciones, que modificó las condiciones de competencia para la producción local.
"Es imposible competir en este esquema de apertura indiscriminada", sostuvo Castillo. El dirigente señaló que producir una tonelada de carbonato de sodio en Argentina tiene un costo cercano a los 350 dólares, mientras que el producto importado desde países como China o India ingresa al mercado por valores próximos a los 200 dólares. Además, cuestionó la calidad de los materiales importados. "Lo que llega desde China es de tercera o cuarta calidad, mientras que el producido acá es de primera o segunda", afirmó.
En paralelo, la empresa analiza alternativas para recuperar competitividad. El crecimiento de la industria del litio aparece como una oportunidad para incrementar la demanda del producto, aunque los altos costos logísticos dificultan el abastecimiento desde la Patagonia hacia los principales proyectos mineros ubicados en el norte del país.
Mientras continúan las protestas, el sindicato mantiene conversaciones con directivos de la compañía y, según indicó Castillo, durante esas reuniones la empresa planteó la necesidad de avanzar con una reestructuración para enfrentar el nuevo escenario económico, aunque existía el compromiso de preservar los puestos de trabajo bajo convenio colectivo.
