El camarógrafo argentino que registró su propia muerte por exponer el rostro de la represión en Chile: quisieron desaparecer su cámara, pero hoy es un símbolo

Leonardo Henrichsen dejó la vida para documentar el levantamiento que funcionó como un ensayo general del golpe de Estado que derrocó, meses después, a Salvador Allende en Chile.

08 de octubre, 2025 | 00.05

El 29 de junio de 1973 por la mañana el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen se dirigía a su trabajo en la corresponsalía en Santiago de Chile de la televisión sueca. Llega a la oficina en la calle Agustinas en las adyacencias del Palacio de la Moneda y se sorprende con tanques militares que avanzan por la ciudad, con disparos, con corridas. Decide no subir y convocar a su asistente Sigrid Gunilla Molin a acompañarlo a registrar el acontecimiento. Con su cámara Eclair 16 al hombro enfoca a los civiles que huyen y después a una camioneta militar que se estaciona en la esquina y de la que se bajan algunos efectivos. Registra a uno de ellos que apunta con un arma corta a un ciudadano que está en el suelo. Luego toma la imagen del uniformado apuntándole a él y a su cámara. Está a unos 30 metros, en diagonal. Registra el disparo que sale en su dirección, y otro, realizado por otro efectivo con un arma larga. Grita que “no disparen”, que son periodistas. A continuación, enfoca hacia el carro militar desde el que el que un soldado efectúa dos disparos. Leonardo Henrichsen acaba de filmar, el “tancazo”, el levantamiento que fue una suerte de ensayo general, meses antes, del golpe del 11 de septiembre de ese 1973, que derrocó a Salvador Allende. Y, al mismo tiempo, acaba de filmar su propio asesinato, su muerte.

La historia de Leonardo Henrichsen es un símbolo de un reportero que se jugó la vida por documentar en su época el verdadero rostro del golpismo en Latinoamérica. En la actualidad, cinco décadas después, su legado cobra nueva significación a siete meses de que en Argentina las fuerzas represivas de un gobierno de ultraderecha, buscaran evitar que el fotógrafo Pablo Grillo registrara la represión a los jubilados al atentar contra su vida con un disparo en línea recta de un gas lacrimógeno que impactó en su cabeza.

Aunque me cueste la vida

Henrichsen se formó como camarógrafo en el noticiero cinematográfico Sucesos Argentinos al que entró a trabajar de muy joven por contactos familiares. Allí aprendió un oficio que le permitió registrar distintos hechos históricos. En 1962 le tocó filmar cómo desde el aire ametrallaban un tren de pasajeros en el oeste del conurbano bonaerense en el marco del enfrentamiento entre los bandos militares de azules y colorados. También con su cámara registró en 1969 el Cordobazo, el levantamiento obrero y estudiantil que generó el fin de la dictadura de Juan Carlos Onganía.

“Leonardo combinaba su gran profesionalismo con una gran sensibilidad social”, sintetiza a El Destape Silvia Maturana, directora junto a Pablo Navarro Espejo del documental “Aunque me cueste la vida”, sobre Henrichsen. “En una cobertura de las consecuencias de un terremoto en Nicaragua, sus imágenes mostraban al mismo tiempo la pobreza extrema de la población y la riqueza del dictador Somoza, al que con primeros planos retrata con su rolex y un habano”, es la anécdota que elige para ilustrar el concepto.

El director de cine Fernando Krichmar fue camarógrafo en el documental. “Henrichsen era muy buen profesional. Lo convocaron cuando las novelas empezaron a hacer exteriores y trabajó en Rolando Rivas, Taxista, por ejemplo. También hay imágenes impresionantes de él sobre el Tren de las Nubes, en la que es evidente que asumió riesgos para lograrlas”, cuenta a El Destape.

La lucha por las imágenes

Los militares chilenos que asesinaron a Leonardo Henrichsen buscaron que sus imágenes del intento de golpe y de su propia muerte desaparecieran. Un militar le quita la cámara, levanta una tapa de alcantarilla y la arroja. Pero desde un edificio, el director de Chile Films de ese entonces, Eduardo Labarca, lo ve y tras el fracaso del levantamiento, junto a las tropas que ese día fueron leales a Allende, recogen la cámara. Ese mismo día el presidente autoriza a enviar a revelar las imágenes a Buenos Aires, que es donde se sorprenden al comprobar lo que contenía.

Si ya de por sí era noticia que entre los asesinados del tancazo había un camarógrafo, se reveló que él mismo había registrado su propio asesinato. Su filmación se convirtió en un símbolo. En 1989 el Congreso Argentino declaró el 29 de junio el Día del Camarógrafo, en homenaje a Henrichsen. En el 2013, en Santiago de Chile, la alcaldía instaló una placa en la esquina de Agustinas y Morandé, donde mataron a Henrichsen.

Pero entre el rescate de su memoria, distintas investigaciones periodísticas, además de dar cuenta de su vida, activaron la lucha por conocer el nombre de los asesinos y por justicia. El periodista chileno Ernesto Carmona tomó el caso de Enrichsen en su trabajo junto a otros colegas “Morir es la noticia”, de 1997, donde investigan sobre los periodistas asesinados y desaparecidos en el golpe chileno.

Allí colabora el periodista venezolano Modesto Emilio Guerrero, quien, en Buenos Aires, en 2002, profundiza la investigación sobre Enrichsen y publica su libro “Reportaje con la muerte”. La vida de Leonardo también generó en nuestro país un segundo documental titulado “Imagen Final”, de Andrés Habegger.

En ambos documentales, los realizadores trabajan con Ernesto Carmona en identificar a los responsables del asesinato y pedir justicia. El caso se había cerrado con el golpe y ya en democracia no se reabría bajo la excusa de que, si bien fue asesinado por una patrulla militar, había ocurrido en tiempos constitucionales. Finalmente, en Aunque me Cueste la Vida, logran tomar una imagen de quien dirigió la patrulla, el cabo Héctor Hernán Bustamante Gómez. “junto a Carmona averiguamos la dirección de la casa, fuimos, y lo vimos llegar en un auto. Krichmar lo alcanzó a filmar. Sin bajarse se fue y lo volvimos a encontrar de vuelta en el coche en una avenida en la que volvimos a retratarlo. Fue un 30 de junio de 2007. En agosto de ese año se organizó una ‘funa’, como denominan los chilenos al escrache, pero en diciembre de ese mismo año murió impune”, explica Maturana.

Cada 29 de junio, la historia de Leonardo Henrichsen, la de su imagen final, se recuerda. Pero también cada vez que alguien como Pablo Grillo enfoca con su cámara para denunciar la represión de hoy.