En una jornada marcada por la tensión y revelaciones directas, Verónica Ojeda prestó declaración testimonial en el juicio que investiga las causas de la muerte de Diego Armando Maradona. Su paso por los tribunales no fue solo un relato de hechos, sino que introdujo un elemento de prueba que sacudió la estrategia de las defensas: un audio de una hora y 45 minutos grabado en su propio teléfono durante la reunión clave en la Clínica Olivos, donde se definió la cuestionada externación del astro tras su cirugía de cabeza. Ante la mirada de los jueces Alberto Gaig, Alberto Ortolani y Pablo Rolón, Ojeda ofreció enviar el material por correo electrónico en ese mismo instante, lo que provocó un inmediato cuarto intermedio y el rechazo del defensor Francisco Oneto, quien alegó desconocer el contenido, mientras que la querella y la fiscalía insistieron en su incorporación.
Durante su alocución, la madre de Dieguito Fernando desmenuzó el rol de los principales imputados, Leopoldo Luque y Agustina Cosachov. Aseguró que el neurocirujano fue quien le impuso la necesidad de la operación y quien, junto a la psiquiatra, determinó el traslado a la casa de Tigre. En este contexto, la querella representada por Mario Baudry puso bajo sospecha la transparencia de las pruebas previas, sugiriendo que otros audios presentados por el entorno del abogado Víctor Stinfale podrían haber sido manipulados o editados para desviar responsabilidades.
El testimonio de Ojeda también arrojó luz sobre el deterioro físico y anímico de Maradona en sus últimos meses. Recordó con amargura el episodio del cumpleaños número 60 en la cancha de Gimnasia, relatando que Diego estaba prácticamente sedado y que fue forzado por su entorno —específicamente por Vanesa Morla— para asistir a un evento que duró apenas diez minutos debido a su evidente mal estado. La testigo no escatimó en detalles sobre las irregularidades que presenció en la vivienda de Brandsen, denunciando que un asistente apodado “Charly” le suministraba alcohol y confirmando que ella misma llegó a encontrar marihuana en la habitación de su ex pareja, un hecho que la llevó a confrontar directamente con Matías Morla.
Finalmente, Ojeda explicó que su regreso al círculo íntimo en 2020 fue motivado por un pedido de auxilio de una masajista que la veía como la última esperanza para "salvarle la vida" al ídolo. Describió una atmósfera hostil, afirmando que cuando intentaba intervenir o visitar a Diego era tratada como el "demonio de Tasmania" por el entorno que lo rodeaba. Entre la preocupación por la salud del padre de su hijo y la detección de un cuadro de consumo excesivo de vino, Ojeda cerró un testimonio que deja contra las cuerdas la gestión médica y el control del ambiente que custodiaba a Maradona en sus días finales.
