Murió el Indio Solari: la Shell de Córdoba, los dolores dulces y la luna por copar

Vayan estas palabras inútiles para describir lo inexplicable, pero que son lo primero que uno tiene a mano. Gratitud por ser gracioso y valiente, por ampliar el campo imaginario de nuestras vidas y por hacernos sentir un poco más argentinos.

05 de junio, 2026 | 19.25

Vale la pena cada lágrima que corre por los rostros argentinos en estas horas, fruto de la memoria de las emociones más grandes, el agradecimiento por haber cambiado el mundo para esta parte del mundo y la egoísta pero inevitable sensación de orfandad. La partida de un Dios que marcó el pulso sentimental de generaciones se percibió en el aire desde las primeras horas de la mañana, desde los móviles de televisión en Ituzaingó hasta los celulares reproduciendo canciones en altavoz por las calles. Y es que hoy solo queda el lamento de la certeza de saber que se nos fue el Indio, el héroe que nos salvaba del lío.

Si uno mete la mano en la bolsa de canciones que legó Solari, alguna frase para sobrevivir el momento encontrará. Son las mismas que están grabadas en pieles, murales y banderas. Las mismas que acompañan asados, juntadas, viajes al trabajo; bueno, cualquier actividad humana en realidad. Las mismas que acompañan a la Argentina y a nadie más, que escaparon de la globalización y se enterraron como tesoro rioplatense. Las que hacen bailar a filósofos y ladrones. Las que escribió el Indio.

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Hace dos semanas se presentaban Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en el anfiteatro José Hernández de Jesús María, la última misa redonda de la banda solista del Indio antes de que el míster sellara su partida a tierra incógnita. Curiosamente, Córdoba había sido sede del último recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en 2001, año de rotura social. 

Fue ese el reducto de la peregrinación inentendible para quien mira la pasión de costado y no comprende al Indio. "¿Por qué viajan a ver a una banda tributo?", fue un cuestionamiento en la red social y cloacal X de algunos usuarios que lograron viralización. Porque convoca el Indio y ahí se termina cualquier tipo de rendición de cuentas. La perplejidad de quien no entiende la locura redonda es la misma del ricotero que hoy se desayunó lo peor.

Me permito una pastilla personal porque el Indio nos cruzó la vida desde ese plano, muy por encima de lo racional o el gusto por lo musical. Estuve presente en Córdoba hace dos semanas escuchando sus canciones junto a mi hermano y mi cuñado, con un viaje previo de 11 horas desde el sur del Gran Buenos Aires. Frío crudo y paradas en estaciones de servicio, tal como pasaba cuando el Indio se apersonaba en los shows del éxtasis.

Y una vez allí, solo esperar a que aparezca en las pantallas para que su voz quiebre los corazones. La banda reveló a los redonditos -como nos llamaba Indio- que Solari estaba mirando el show por YouTube, dato que despertó una ovación de ojos llorosos. ¿Cómo no sentirnos así?.

Vayan estas palabras inútiles para describir lo inexplicable, pero que son lo primero que uno tiene a mano. Gratitud por ser gracioso y valiente, por ampliar el campo imaginario de nuestras vidas, por hacernos sentir un poco más argentinos, por el delirio y las travesuras de la familia quilombera en que nos convertiste. De alguna forma, la inmortalidad era tuya desde mucho antes, como sintetizaron Sergio Dawi y Semilla Buccciarelli.

Desde acá esperamos que no te hayas ido a la luna porque a este pueblo no quedará otra opción que coparla para bailar por nuestras penas. Nunca supimos de alguien como vos.