Parece detenida en el tiempo: la esquina de Buenos Aires que conserva su aire de 1800

Una esquina histórica de Lomas de Zamora con arquitectura del siglo XIX funcionó como punto social y político del barrio.

23 de junio, 2026 | 11.14

En tiempos donde el crecimiento urbano transformó la fisonomía de casi todas las ciudades argentinas, todavía existen algunos rincones capaces de transportar a otra época. En el corazón de Lomas de Zamora, una histórica esquina logró conservar durante décadas una imagen que parecía desafiar el paso del tiempo y las reglas de la modernidad.

Ubicada en la intersección de las calles Azara y Sáenz, esta construcción llamaba la atención por una particularidad que hoy resulta casi imposible de encontrar en zonas céntricas: carecía de ochava. Mientras que la mayoría de los edificios fueron adaptados para facilitar la circulación y mejorar la visibilidad en los cruces, este antiguo inmueble mantuvo su forma original, convirtiéndose en una verdadera postal del siglo XIX.

Así lucía la estación de Lomas de Zamora en el pasado.

La historia del famoso almacen de la familia Broggi

Allí funcionó durante años el tradicional almacén de la familia Broggi, un establecimiento que fue mucho más que un comercio de barrio. Su arquitectura evocaba los tiempos de las viejas pulperías, con amplios ventanales protegidos por rejas de hierro forjado, postigones de madera y una estructura que conservaba buena parte de sus rasgos coloniales.

El interior también contribuía a reforzar esa atmósfera de época. Gruesas vigas sostenían los techos, mientras que la iluminación se realizaba mediante candiles. En las estanterías se exhibían bebidas típicas como ginebra, grapa y aguardiente, y los largos mostradores se convertían en escenario de encuentros cotidianos entre vecinos.

Así luce actualmente la esquina donde se encontraba el tradicional almacén de la familia Broggi.

Como ocurría en muchos almacenes de campo y pueblos bonaerenses, el lugar funcionaba como un espacio social. Allí se organizaban partidas de truco y mus, se intercambiaban noticias y no faltaban las payadas improvisadas que animaban las reuniones.

Entre los clientes habituales figuraba Manuel Castro, una de las personalidades más destacadas de la historia lomense. A fines del siglo XIX, el dirigente acostumbraba detener su carruaje frente al almacén para compartir una copa y conversar con otros vecinos influyentes de la época. Junto a integrantes de familias tradicionales como los Grigera y los Portela, participaba de debates sobre el crecimiento de la localidad y los desafíos que enfrentaba una comunidad en plena expansión.

Aquellas charlas no eran menores. Poco tiempo después, entre 1898 y 1899, Castro asumiría como intendente de Lomas de Zamora, convirtiéndose en una figura clave para el desarrollo del distrito. Aunque el paisaje urbano cambió radicalmente con el correr de las décadas, la historia de esta emblemática esquina sigue despertando fascinación.