Perón: "No existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan"

Pronunciada por Juan Domingo Perón a mediados del siglo XX, la histórica sentencia se convirtió en uno de los máximos pilares del movimiento justicialista en una Argentina que atravesaba una profunda transformación social e industrial.

10 de junio, 2026 | 09.11

"No existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan". Esta frase no es simplemente una declaración más dentro del universo político nacional; constituye uno de los máximos dogmas del movimiento justicialista y sintetiza de manera perfecta la visión socioeconómica del general Juan Domingo Perón.

Para comprenderla a fondo, es necesario viajar en el tiempo hacia la Argentina de las décadas de 1940 y 1950, un país que se encontraba en pleno proceso de industrialización y transformación social. El contexto histórico, político e ideológico en el que nace y se consolida esta famosa sentencia se articula bajo los siguientes ejes rectores que repasamos a continuación.

1. El origen: las "Veinte Verdades Peronistas"

Esta afirmación no surgió de un comentario al pasar, sino que quedó registrada de forma oficial el 17 de octubre de 1950. Ese día, al conmemorarse el quinto aniversario del "Día de la Lealtad", Perón proclamó desde el balcón de la Casa Rosada las Veinte Verdades del Peronismo. La histórica frase constituye, textualmente, la Verdad N.º 4: "Para el Peronismo no existe más que una sola clase de hombres: los que trabajan".

2. El contexto histórico y social

Para mediados del siglo XX, la estructura social de la Argentina estaba cambiando drásticamente a raíz de la migración interna, caracterizada por trabajadores del interior del país que se mudaban a Buenos Aires para emplearse en las nuevas fábricas.

Antes de la llegada de Perón a la Secretaría de Trabajo y Previsión en 1943, y posteriormente a la Presidencia de la Nación en 1946, la clase obrera argentina carecía de múltiples derechos básicos, así como de reconocimiento político. En ese escenario, la frase de Perón persiguió dos objetivos centrales:

  • Dignificar al de abajo: Elevar el estatus social del obrero, colocándolo directamente en el centro de la escena nacional.

  • Un tiro por elevación a la "oligarquía": Funcionar como una crítica directa a las clases altas terratenientes —la aristocracia de la época—, sugiriendo de forma elocuente que quienes no producían ni trabajaban carecían de un rol legítimo en la nueva Argentina que se estaba construyendo.

Juan Domingo Perón pronunció su emblemática frase en un momento clave de refundación política y simbólica de la Argentina.

3. El sentido ideológico: la "Comunidad Organizada"

El peronismo se definió a sí mismo como una "tercera posición", rechazando tajantemente tanto al capitalismo salvaje como al comunismo soviético.

A diferencia de la perspectiva marxista, que plantea que la sociedad se divide en clases en constante disputa (burguesía versus proletariado), Perón introdujo esta célebre frase para anular el concepto de la lucha de clases, proponiendo una alternativa basada en dos premisas:

  • Unidad nacional: En lugar de que la fractura social se diera entre ricos y pobres, el peronismo dividió a la sociedad entre los que trabajan —sector que produce para el país e incluye tanto a los obreros como a los empresarios industriales nacionales— y aquellos que especulan o viven del esfuerzo ajeno.

  • La dignificación del esfuerzo: El trabajo mutó de ser visto como una carga o una mercancía a ser considerado un deber social y un derecho. De hecho, la Verdad N.º 5 complementó de inmediato esta idea manifestando: "En la Nueva Argentina el trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume".

Un quiebre de época con el liderazgo de Perón

En definitiva, la emblemática frase se pronunció en un momento clave de refundación política y simbólica de la Argentina. Representó la herramienta retórica fundamental de Perón para transmitirle a la masa obrera, sus "descamisados", que ya no eran considerados ciudadanos de segunda, sino la única clase de ciudadanos que verdaderamente le importaba a su proyecto de país.