En el noreste argentino, un ambicioso proyecto busca recuperar a la guacamaya de alas azules, un loro que desapareció de la selva de Misiones por la persecución humana y el tráfico ilegal. Décadas atrás, estas aves eran comunes, pero la combinación de captura para mascotas, daños a sus nidos y su mala fama como plaga llevó a su extinción en estado silvestre.
Actualmente, la única existencia de la especie se limita a ejemplares en cautiverio. Por eso, Aves Argentinas junto a varias instituciones de Argentina y Brasil, lanzaron un programa para devolverlas a su hábitat natural. El plan incluye rescatar aves traficadas, reproducirlas en cautiverio y entrenarlas para que puedan sobrevivir en libertad.
Bajo la supervisión del veterinario Dante Di Nucci en Puerto Iguazú, las guacamayas rescatadas atraviesan controles sanitarios y cuarentena. Solo cuando están sanas, se trasladan al centro de entrenamiento en la reserva El Puente Verde, donde comienzan la difícil tarea de readaptarse a la vida en la selva.
Muchos de estos loros sufrieron años en jaulas pequeñas, lo que afectó su musculatura y habilidades para volar. Algunos tienen sobrepeso por dietas inapropiadas, otros apenas pueden volar y varios no temen a los humanos, un riesgo mortal en la naturaleza. Por eso, el entrenamiento incluye ejercicios físicos y la enseñanza de comportamientos esenciales, como reconocer a las personas como posibles amenazas.
No todas las aves logran esta readaptación. Las que no recuperan las destrezas necesarias, ya sea por edad o lesiones, forman parte del programa de cría en cautiverio para generar nuevas generaciones con destino a la liberación.
La reproducción controlada es clave para la recuperación de la especie. En el Parque das Aves de Foz do Iguaçu, en Brasil, varias parejas lograron incubar y criar pichones con mínima intervención humana. En la última temporada nacieron 14 pichones, de los cuales diez reforzarán la población argentina.
En diciembre del año pasado, se registró un hito: el nacimiento del primer pichón en libertad en Misiones tras décadas de ausencia. Aunque el animal sobrevivió apenas un mes, el equipo considera que estas experiencias son vitales para que las guacamayas adultas aprendan a cuidar a sus crías en el futuro.
Antes de la liberación definitiva, las aves deben perfeccionar su vuelo y aprender a alimentarse en la selva. En un aviario dentro de la reserva, comienzan con vuelos cortos y fortalecen su musculatura, mientras se acostumbran a comer flores, brotes y frutos autóctonos.
Además, desarrollan conductas sociales complejas y establecen jerarquías, fundamentales para su supervivencia. Cuando el grupo está listo, se abre el aviario hacia estaciones de alimentación en los árboles, permitiendo que exploren y se adapten al entorno natural.
El futuro del proyecto y la liberación
Para junio de 2026, once guacamayas se encontraban en distintas etapas de preparación. Ocho serán liberadas el 20 de septiembre, cada una con transmisores para su seguimiento. El plan prevé que vuelvan al aviario por las noches mientras se adaptan, hasta lograr una vida totalmente libre.
Si todo marcha según lo previsto, estas guacamayas de alas azules podrían volver a surcar los cielos de Misiones y, a futuro, reconectar poblaciones en Paraguay y Brasil, un paso crucial para la conservación regional de esta especie emblemática.
