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Aparentar tranquilidad en un momento de crisis no es fortaleza: qué significa según la psicología

Mantener la serenidad en momentos difíciles no siempre es fortaleza. ¿Sabías que a veces es un mecanismo aprendido para protegerse?

08 de agosto, 2026 | 17.26
Persona en crisis.

En situaciones de crisis, la imagen de alguien que se mantiene tranquilo y sereno suele considerarse un signo de fortaleza y madurez. Sin embargo, esa calma exterior no siempre refleja una habilidad consciente, sino que en muchos casos funciona como un mecanismo de defensa emocional aprendido. Orla, una especialista en comunicaciones de crisis de Dublín, fue descrita por sus superiores como “inquebrantable” durante una semana laboral especialmente dura, aunque ella misma sentía un vacío interno que contrastaba con la tranquilidad que mostraba.

Este fenómeno no es aislado. La cultura suele premiar la compostura en momentos de presión, vinculándola con liderazgo y capacidad para manejar el estrés. Sin embargo, para algunos, esta serenidad es una respuesta automática desarrollada en entornos donde expresar emociones podía generar consecuencias negativas.

La falsa serenidad como mecanismo de defensa

Un trabajador de un taller de resiliencia en Dublín recordó que en su infancia cualquier reacción emocional provocaba una respuesta adversa. Su comportamiento se volvió entonces una inhibición emocional crónica, que su entorno interpretó erróneamente como sensatez y solidez.

Los estudios sobre el apego evitativo, como los de Jeffry Simpson y W. Steven Rholes, explican que algunos niños aprenden a bloquear sus emociones antes de que estas surjan. Este patrón puede convertirlos en personas a las que todos buscan en momentos difíciles, generando lo que los expertos llaman “una trampa de la utilidad emocional”.

La calma exterior puede ser una inhibición emocional crónica aprendida en la infancia.

El costo de esta calma aparente puede no ser visible a simple vista, pero se acumula con el tiempo. Investigaciones relacionan la supresión constante de sentimientos con menor satisfacción social, menos cercanía afectiva y una desconexión consigo mismos. Quienes asumen siempre el rol de apoyo fuerte pueden sentirse emocionalmente inaccesibles y experimentar una profunda soledad, ya que sostienen a otros sin recibir sostén propio.

La psicología señala que esta calma admirada socialmente podría ser en realidad una estrategia de supervivencia aprendida en la infancia que condiciona la manera en que estas personas se relacionan en la adultez. Por eso, detrás de la imagen de fortaleza, puede haber una compleja lucha interna que merece ser comprendida y atendida para lograr un equilibrio emocional genuino.

Los niños con apego evitativo aprenden a bloquear emociones antes de sentirlas.

Consejos para manejar la calma sin perder la conexión emocional

Si te identificaste con la calma que esconde un vacío, estos consejos te van a ayudar:

Preguntate qué sentís realmente. Antes de mostrar serenidad, hacé una pausa y conectá con tu cuerpo. ¿Hay tensión, opresión o incomodidad? Reconocer la emoción es el primer paso.

Diferenciá calma elegida de calma automática. Si podés sentir la emoción y decidir mostrarte calmado, es habilidad. Si la calma aparece sin que puedas sentir otra cosa, puede ser defensa.

Permitite sentir sin juzgarte. No todas las crisis requieren que seas el "fuerte". Está bien estar enojado, triste o asustado. Mostrar vulnerabilidad no es debilidad.

Buscá espacios para soltar. Un terapeuta, un amigo de confianza o un grupo de apoyo pueden ser lugares seguros para expresar lo que reprimís.

Revisá tu historia. Si creciste donde expresar emociones era castigado, reconocer ese patrón te ayuda a desarmarlo.