Cuando las personas mayores de 70 años empiezan a regalar sus objetos personales, como vajilla, herramientas o joyas, no lo hacen simplemente para deshacerse de cosas innecesarias. Según la psicología, están atravesando una etapa en la que compartir fragmentos de su vida cobra más importancia que conservarlos.
Un estudio reveló que, aunque saben que no necesitan la mayoría de sus bienes materiales, el apego emocional a esos objetos dificulta desprenderse de ellos. Así lo vivió la familia de una escritora, cuya abuela, al cumplir 74 años, comenzó a repartir sus pertenencias con sus hijos y nietos.
Ella le entregó a su hermano su colección de discos, a su hermana el juego de té de porcelana que usaba en cada reunión familiar y a su hija un cuadro que siempre estuvo en el pasillo de su casa. A la autora le dejó una cadena de oro con un relicario que nunca solía quitarse. La abuela decía que estaba “despejando”, pero ese relicario abrió una reflexión profunda.
El "convoy material": los objetos como memoria viva
¿Por qué regalar algo tan personal que usaba a diario? La psicología aporta una explicación más profunda que una simple limpieza. Un sociólogo de la Universidad de Kansas estudió cómo los adultos mayores manejan sus pertenencias y creó el concepto de “convoy material”.
Este convoy es una especie de caravana de objetos que nos acompaña a lo largo de la vida, creciendo y encogiéndose según los cambios personales. No son solo cosas, sino registros vitales, cada uno ligado a momentos o relaciones específicas.
Por ejemplo, los discos de la abuela evocaban las mañanas de sábado con la radio en la cocina, la porcelana representaba décadas de cenas familiares y el relicario era parte de su imagen personal tras años de uso cotidiano.
La investigación de Kansas mostró que a partir de los 60 años, las personas reconocen que no necesitan la mayoría de sus bienes, pero el apego emocional a esos objetos, que conectan con capítulos de su vida, hace que sea difícil desprenderse.
En un momento, la perspectiva de la abuela cambió. Dejó de pensar en qué hacían los objetos por ella y comenzó a decidir con intención quién debería quedarse con ellos. No los descartaba, sino que los ubicaba con un propósito claro.
Este proceso se denomina “selectividad socioemocional”. Investigadores de Stanford explicaron que, al sentir que el tiempo es limitado, las personas priorizan metas emocionalmente significativas sobre la exploración constante.
No se trata de pensar en la muerte, sino de replantear la pregunta de “¿Todavía lo uso?” por “¿Quién debería tener esto?”. Así, regalar se convierte en un acto de generatividad.
Generatividad: el deseo de trascender a través de los recuerdos
El psicólogo Erik Erikson definió esta generatividad como “el deseo de aportar algo que perdure más allá de uno mismo”. Mientras algunos lo manifiestan a través de la mentoría o el voluntariado, para la abuela fue en la selección de quién recibiría sus objetos más queridos.
Esta idea encuentra respaldo en un estudio de 2023 publicado en The Gerontologist, que entrevistó a adultos mayores sobre la creación de un legado de valores. En lugar de centrarse en bienes materiales, ellos transmitían lecciones de vida y creencias a través de cartas o documentos.
Lo que quedó claro en esas entrevistas fue que lo importante no es la propiedad, sino ser recordados y conocidos por quienes aman. Un participante describió esta experiencia como “la oportunidad de expresar algo más allá de un testamento tradicional”, mientras otro la llamó “una forma de darse a conocer”.
