Con el estrés cotidiano, a muchas personas les tiembla el párpado o, como coloquialmente se dice, el "ojo". La psicología tiene una explicación de esto, y es que esta disciplina se encarga de estudiar los diferentes comportamientos humanos y a partir de los mismos generar teorías e interpretaciones. A continuación compartimos qué significa que tiemble el ojo, según la psicología.
Por qué tiembla el ojo y cuándo preocuparse, según la psicología
El ojo tiembla cuando la persona está bajo un estrés considerable, sea conciente o no de ello. Para la psicología moderna, que el párpado tenga espasmos es una respuesta al estrés, la ansiedad, fatiga emocional o tensión acumulada. En este sentido, investigadores de la Universidad de Stanford llegaron a la conclusión de que aquello funciona como una "válvula de escape" frente al agotamiento mental.
Además de ser síntoma de un sistema nervioso hiperactivado, sobrecarga emocional no gestionada, y una mente en constante estado de alerta, incluso en reposo, el espasmo palpebral puede tener causas fisiológicas. Entre las mismas se destacan: déficit de magnesio o potasio, falta de vitamina B12, fatiga visual por el uso excesivo de pantallas, insomnio o falta de sueño reparado y, por último, alto consumo de cafeína o estimulantes.
Cuándo hay que preocuparse
Ahora bien, dado que nada en exceso es saludable, llega un punto en el que hay que preocuparse si el ojo tiembla. En los casos de un temblor que dura más de una semana de forma continua, o que afecta ambos ojos o se extiende a otras partes de la cara hay que consultar un especialista. Asimismo, es importante acudir a un profesional de la salud si el temblor viene acompañado de visión borrosa, dolor o lagrimeo excesivo. Por último, si se suma a otros síntomas neurológicos, como debilidad o dificultad para coordinar movimientos, es fundamental acudir a una guardia.
En concreto, que un ojo tiemble puede ser, principalmente, producto del estrés cotidiano. Para calmarlo, se puede acudir a prácticas como el yoga, salir a caminar o, incluso, evaluar qué tipos de alimentos se está ingiriendo y tratar de llevar adelante una alimentación saludable. En casos más severos, en el que el temblor afecta el ritmo cotidiano, es importante consultar con un profesional de la salud mental, como un psicólogo o un psiquiatra en última instancia y de ser necesario.
