Quién fue Georgalos, el inmigrante que creó el mantecol, uno de los postres más famosos de Argentina

Miguel Georgalos llegó a la Argentina en 1939 sin hablar español y con apenas algunas recetas de cocina en su memoria. Su historia es la de un inmigrante que, a base de esfuerzo y creatividad, creó el Mantecol.

22 de julio, 2026 | 13.14

Cuando Miguel Georgalos llegó al Puerto de Buenos Aires en 1939 tenía tan solo 24 años y no hablaba una palabra de español. No traía nada consigo. Vino, como dicen, "con una mano atrás y otra adelante". Su único equipaje eran sus ansias de progresar y algunas recetas de cocina que guardaba en su memoria. Oriundo de la isla de QuíosGrecia, había vivido unos años en Polonia, donde aprendió pastelería en la panadería de unos parientes en Varsovia. Sin embargo, la complicada situación de Europa, en la antesala de la Segunda Guerra Mundial, lo obligó a cambiar sus planes y buscar nuevos rumbos. Así fue como desembarcó en el país.

En el puerto conoció a un compatriota que lo ayudó con el idioma y le ofreció alojarse provisoriamente en su casa de la calle Muñiz, en el barrio de Flores. Consciente de que debía encontrar rápido la forma de ganarse la vida, Miguel recurrió a sus habilidades culinarias. El dueño de la casa le preguntó qué sabía hacer y él le contó de su experiencia en Polonia, mencionando un postre que era bastante popular entre la comunidad árabe, un símil del Mantecol pero a base de pasta de sésamo. En oriente se conoce como "halva" , "halava" o "halawa". Comenzó con su emprendimiento doméstico con la idea de producir aquel postre típico, pero se topó con un problema: no encontró sésamo, la materia prima principal en la receta. Entonces, empezó a pensar con qué podría reemplazarlo y apareció el maní. Básicamente, reemplazó la pasta de sésamo por la pasta de maní, y cuando lo hizo descubrió que el producto era muy apetecible. Así creó el Mantecol.

El nacimiento de un clásico argentino

Al principio, la producción y venta era doméstica. Miguel vendía puerta por puerta lo que elaboraba en su casa con una olla común. Hacía una tanda, la vendía y luego regresaba para seguir produciendo. Su receta llevaba clara de huevocaramelo, algo de cacao y, por supuesto, el ingrediente esencial: el maní. La consistencia óptima de la fibra la determinaba degustando el producto, una costumbre que mantuvo hasta el final de sus días. El nombre "Mantecol" surgió, según la historia oficial, porque la señora que lo ayudaba en la producción probaba la receta y le decía: "¡Don Miguel, esto es una manteca!". Otra versión indica que el nombre se relaciona con su envasado, que era en panes similares a la manteca.

El crecimiento y la llegada de la familia

Como todo emprendimiento exitoso, le llegó la crisis del crecimiento. Le costaba conseguir el maní en la cantidad y calidad que requería, por lo que decidió viajar a Córdoba, la provincia productora por excelencia. En uno de esos viajes en colectivo, se sentó a su lado una joven, Marcela Brandan, de Santiago del Estero, y se enamoraron. Ella fue un pilar fundamental en su vida, la que le daba armonía al hogar y la que recibió a los familiares que Miguel fue trayendo desde Grecia. Su objetivo principal era reunir a toda su familia. Eran cinco hermanos: SofoclésTimoleónConstantinoOdysseos y él, el mayor. A medida que la empresa crecía, más Georgalos llegaban al país. Terminó trayendo a sus padres, sus hermanos y dos primos hermanos, incorporándolos a la fábrica que fundó en el barrio de Floresta, cerca del Club Atlético All Boys.

La época de oro y las primeras divisiones

La expansión llegó a comienzos de los 60, y la época de oro fue en los 70, cuando el modelo empresarial ya tenía una gran envergadura. Sin embargo, el crecimiento también trajo tensiones. Miguel tenía un liderazgo muy fuerte y tomaba las decisiones, priorizando siempre la familia por sobre la empresa. Pero a finales de los 70, empezó a tener diferencias con su segundo hermano, lo que derivó en la primera división. El hermano y un primo se fueron con las actividades productivas de Mendoza. "A veces, cuando las empresas familiares se vuelven grandes empiezan las diferencias. Cuestiones de ego, de reconocimiento, de protagonismo y de liderazgo", reflexiona Miguel Zonnaras, nieto de Miguel y actual presidente de la empresa.

La crisis de los 90 y la venta de Mantecol

En los 80Miguel Georgalos empezó con problemas de salud y se retiró en 1988, pasándole el mando a su hijo, Juan Miguel. Fue la etapa más dura. La empresa estaba muy atomizada en su patrimonio y las deudas superaban la capacidad de pago. En 1995, se presentó en concurso de acreedores. Ese mismo año, Miguel Georgalos falleció. Su nieto cree que parte de su deterioro de salud está relacionado con el dolor de ver cómo la empresa que lo había permitido tener a toda la familia junta también generó las peleas que los dividieron. Su hijo, Juan Miguel, lideró la reestructuración, pero en 2001, en medio de la crisis del país, debió tomar una decisión difícil: vender Mantecol a Cadbury Stani por 22,5 millones de dólares. La cláusula les impedía hacer el producto por ocho años.

La revancha: 20 años después

Con la venta, la familia se dedicó a otros productos como Nucream, chocolates y la relación con Kraft Foods. Pero la idea de recuperar su marca insignia nunca se fue. En 2022, cuando supieron que Mantecol estaba a la venta (entonces en manos de la multinacional Mondelez), se lanzaron a recomprarlo. La operación se concretó. "Con la recompra de Mantecol recuperamos nuestro ADN", dice Miguel Zonnaras. Lamentablemente, su tío Juan Miguel ya había fallecido, pero su imagen fue la primera que vino a su mente en el momento de la firma. Hoy, la tercera generación de Georgalos está al frente de la empresa, aprendiendo de los errores del pasado y manteniendo vivo el legado de aquel inmigrante griego que llegó sin nada y creó un ícono argentino. "Creo que hoy le dimos a la compañía el lugar que mi abuelo siempre imaginó", concluye Zonnaras.