Lo que comenzó como una tranquila mañana escolar en San Cristóbal, una localidad de 15 mil habitantes, se transformó en una escena de horror. A las 7.15, la Escuela Normal Mariano Moreno se transformó en el epicentro de una tragedia que dejó un niño muerto, dos heridos y un pueblo consternado.
Un estudiante de 15 años ingresó al colegio con una escopeta escondida en un estuche de guitarra. Todo cambió en cuestión de segundos cuando armó el arma y abrió fuego contra sus compañeros, desatando el caos y el pánico entre alumnos y docentes. Uno de los disparos impactó en un chico de apenas 13 años, que falleció. Otros dos estudiantes sufrieron heridas por los perdigones. Uno de ellos, con lesiones graves en el rostro, cuello y pecho, fue trasladado en código rojo a Rafaela; el otro, con heridas más leves, permanecía en estado de shock.
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"Se arriesgaron frente a la alienación que tenía el chico"
En medio del terror, la intervención de un preceptor fue decisiva para evitar que la tragedia escalara aún más. Según los testimonios, este trabajador de la escuela se abalanzó sobre el chico con el arma mientras disparaba, logrando desarmarlo y contenerlo hasta la llegada de la policía. Su valentía fue clave para detener al joven y evitar que más vidas fueran arrebatadas.
Carolina Morel, coordinadora de Educación de San Cristóbal y docente en la institución, describió los momentos de horror vividos dentro del colegio. "Se escuchó un estruendo. Pensamos que había sido un petardo o una bomba de estruendo de los chicos de los años superiores, hasta que entró una docente y dijo que estaban disparando", relató. El miedo se apoderó de todos: "Llamamos al 911, nos tiramos al piso y trabamos las puertas".
Morel destacó el accionar del preceptor que enfrentó al atacante: "Uno de los preceptores pudo sujetar al chico que estaba con el arma y desarmarlo. Estamos todos muy consternados". Y agregó: "Los preceptores lo corrieron, le agarraron el arma y se la sacaron. Se arriesgaron frente a la alienación que tenía el chico. Lo desarmaron, lo contuvieron, hasta que llegó la policía".
Los minutos de terror dentro del aula
El ataque desató una ola de pánico entre los alumnos y docentes. Mientras algunos estudiantes quedaban paralizados por el miedo, otros intentaban escapar como podían. Varios rompieron ventanas para huir y sufrieron cortes y golpes en medio de la desesperación.
"Arrinconamos una mesa para que no pasen porque alguien decía que venían para acá. Esos fueron los primeros minutos de terror. Una docente gritaba y lloraba diciendo que le estaba disparando a los chicos", recordó Morel. La escena era devastadora: "Del otro lado había un niño tirado en el piso", comentaron.
La escuela fue evacuada rápidamente y la zona quedó acordonada mientras los padres llegaban desesperados en busca de sus hijos.
Un perfil inesperado
El joven agresor cursaba tercer año y no tenía antecedentes de comportamiento problemático. "La única referencia que tengo es que era un buen alumno, nunca fue un chico problemático", afirmó Morel.
Las primeras investigaciones revelaron que el adolescente ingresó al establecimiento con la escopeta desarmada dentro del estuche de guitarra. Una vez dentro, armó el arma y disparó entre cuatro y cinco veces en dirección a sus compañeros. Minutos después, fue reducido por los preceptores y detenido por la policía.
El valor de los que se quedaron
Mientras muchos huían despavoridos, los preceptores corrieron hacia el peligro. Su accionar impidió que la tragedia terminara de otra manera. "Ellos se jugaron la vida", resumió Morel, en un reconocimiento que la comunidad de San Cristóbal ya empezó a hacer propio.
