El descubrimiento de nuevas especies siempre es motivo de alegría entre los investigadores, pero esta vez, se trata de un hallazgo totalmente diferente a los demás.
Lo más común es que se descubran especies nuevas en lugares poco habituales, como en las profundidades del océano o en selvas inexploradas. Sin embargo, este descubrimiento evidenció que todavía existen muchas especies por descubrir en el plano terrestre.
Se trata de una nueva especie de musaraña hallada en Etiopía, bautizada como Crocidura stanleyi, un mamífero diminuto que pesa apenas 3 gramos y que ya fue catalogado como uno de los más pequeños del mundo.
"Supe inmediatamente que era algo especial. Llamé a los demás. Aquella musaraña se parecía a algo que solo habíamos visto una vez antes”, recuerda Yonas Meheretu, investigador de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas (SLU).
Evan Craig, autor principal del estudio y doctor por la Universidad de Massachusetts Boston, también destacó la emoción del hallazgo: "Fue uno de esos momentos en los que piensas qué emocionante es ser biólogo. Seguimos viviendo en una época en la que todavía podemos descubrir especies, la unidad más básica de la biodiversidad".
La llamaron Crocidura stanleyi en homenaje a Bill Stanley, cuyo trabajo previo fue fundamental para que este descubrimiento pudiera concretarse. “Fue una elección obvia. Significaba mucho para nosotros y para toda la comunidad científica”, explicó Craig.
Una especie diminuta con rasgos distintivos
Esta musaraña pesa aproximadamente lo mismo que un terrón de azúcar. Su cuerpo mide alrededor de cinco centímetros y tiene una cola de tres centímetros. Los científicos describen su cabeza como ligeramente aplanada y su cola como corta y peluda, características que la diferencian de otras especies similares.
Aunque el primer ejemplar fue capturado en 2015, la confirmación oficial de la especie no llegó hasta 2025. Durante esos diez años, los investigadores reunieron suficientes datos morfológicos y genéticos para validar el hallazgo.
"Este descubrimiento demuestra el valor del trabajo de campo a largo plazo y de la colaboración internacional”, señala Craig. “Sin constancia y sin los avances en genética, esta especie podría haber pasado desapercibida".
Por qué en Etiopía
Las tierras altas de Etiopía son conocidas por albergar muchas especies endémicas, es decir, animales que no existen en ningún otro lugar del planeta. Esto se debe a sus condiciones climáticas particulares y a su aislamiento geográfico.
“Documentar especies como esta es clave para entender la biodiversidad de la región y cómo se han adaptado a estos entornos”, señala Meheretu. “También nos permite comprender mejor su función ecológica y diseñar estrategias de conservación más eficaces".
Etiopía es conocida como “el techo de África". Sus tierras superan los 4.000 metros de altitud en zonas como el macizo de Bale y se consolidaron como una especie de laboratorio natural de especies únicas.
Entre los ejemplos más conocidos se encuentran el lobo etíope, considerado el cánido más raro del mundo, y el gelada, un primate que únicamente habita en estas mesetas montañosas.
En esta región también está el Gran Valle de Rift, de casi 5.000 kilómetros, que atraviesa países como Etiopía, Kenia, Tanzania, Uganda y Mozambique, entre otros. "El Rift de África Oriental nos permite observar cómo los continentes se rompen y cómo nacen los océanos”, explica Christopher Scholz, geofísico de la Universidad de Syracuse.
Según diversos expertos, cuando esta fractura termine de abrirse, un nuevo océano va a comenzar a formarse, y dentro de decenas de millones de años, África va a ser más pequeña y surgirá una gran isla en el océano Índico compuesta por partes de Etiopía y Somalia.
¿Existen otras especies en la Tierra?
Los científicos advierten que todavía se desconoce la cantidad real de especies que habitan el planeta. Según especialistas en zoología, se estima que en la Tierra podría haber entre 3,6 y 100 millones de especies.
En España, por ejemplo, se calcula que existen unas 1.730 especies de vertebrados, entre anfibios, peces continentales, reptiles, mamíferos y aves. Este descubrimiento vuelve a poner sobre la mesa la importancia de la investigación científica y la conservación de los ecosistemas.
