Achilata: qué es el helado tucumano, su historia y cómo se prepara

Descubrí qué es la achilata, el famoso helado tucumano de color fucsia. Su historia, a qué sabe y cómo podés prepararlo en casa con una receta simple.

19 de enero, 2026 | 17.01

Cuando el sol de la siesta pega fuerte en las calles de Tucumán, aparece un salvavidas color fucsia. Se llama achilata y es mucho más que un simple helado. Es una leyenda, un símbolo de la provincia y un tesoro gastronómico que se ha transmitido por generaciones.

Para quienes no son de la provincia, es toda una curiosidad. Su color vibrante y su nombre peculiar generan curiosidad, por esto en este artículo, vas a descubrir los secretos del helado que es el orgullo de los tucumanos.

Receta de la achilata: ¿cómo se prepara este helado tucumano?

Aunque la receta exacta es casi un secreto de estado guardado por las familias tucumanas, se conoce el proceso básico. Es una preparación artesanal y sencilla, que prioriza la frescura sobre la complejidad.

Ingredientes base:

  • Hielo molido (es la base fundamental).

  • Azúcar de caña (el endulzante tradicional).

  • Colorantes o, en su versión más natural, jugos concentrados de frutas para lograr el famoso color fucsia.

Preparación paso a paso:

  1. Se coloca el hielo bien molido en un recipiente grande.

  2. Sobre el hielo, se agregan los colorantes o jugos y el azúcar.

  3. Se mezcla todo con energía hasta lograr una masa homogénea y con una textura similar a la de una granizada espesa.

  4. Esta mezcla se vierte en moldes (clásicamente en vasitos de plástico o en los famosos vasitos comestibles de galleta) y se prensa bien.

  5. ¡Listo! Se sirve inmediatamente para disfrutar de su frescura al máximo, o se guarda en el congelador por un corto tiempo.

¿Qué es exactamente la achilata?

La achilata es el helado tradicional de Tucumán, el cual se caracteriza por su intenso color rojizo o fucsia. Pero su verdadera magia no está solo en la vista, sino en una historia que se remonta a más de un siglo.

Sus orígenes están ligados a la inmigración italiana que llegó a la Argentina. Fueron esas familias las que trajeron las primeras técnicas para elaborar helados. Con el tiempo, en el calor tucumano, surgió una receta propia que terminó convirtiéndose en una tradición popular.

La historia detrás del nombre: el grito en la calle

La palabra "achilata" tiene un origen muy particular y está llena de folclore. Todo empezó con los vendedores ambulantes, conocidos como "achilateros", que recorrían las plazas y calles en los días de calor abrasador.

Para anunciar su producto, estos vendedores gritaban a todo pulmón: "¡Hay gelata!" o "¡Hay yelata!", que en italiano significa "¡Hay helado!". Con el paso de los años, el oído tucumano fue deformando la pronunciación de esa frase. Así, de "hay gelata" pasó a "ayelata" y finalmente se consolidó como "achilata", el nombre que perdura.

Este proceso de transformación del lenguaje es parte fundamental de su identidad. Cuenta la historia no solo de un postre, sino de una comunidad que hizo suya una costumbre traída por inmigrantes.