Cuando llueve en Buenos Aires, como este fin de semana del 29 y 30 de noviembre, aparece uno de los dilemas domésticos más comunes: ¿cómo hacer para que la ropa colgada dentro de casa no tarde una eternidad en secarse? Entre la humedad ambiente, la falta de sol y las ventanas cerradas para evitar el viento frío, secar la ropa se vuelve una misión imposible.
Las remeras quedan pesadas, las toallas no se airean y las prendas empiezan a tomar ese olor desagradable tan típico de los días de lluvia. Sin embargo, existe un método japonés que parece ser la solución definitiva. Es un truco simple que se hizo viral justamente por su eficacia, y es que permite que la ropa quede seca en menos tiempo y sin recurrir a secarropas ni a fuentes de calor.
Lo interesante es que esta técnica nació en un país acostumbrado a convivir con estaciones muy húmedas. Por eso, la metodología se centra en aprovechar al máximo el aire frío disponible dentro del hogar y en colgar la ropa de una manera estratégica. Es tan efectivo que se logra un secado parejo y sin ese perfume a encierro tan difícil de sacar después.
Cómo secar la ropa con el método japonés
El método japonés consiste en lograr que el aire circule libremente entre cada prenda. Para eso, la primera regla es básica pero fundamental: evitar que la ropa se superponga. Lo ideal es usar un tender o soga donde todas las piezas queden separadas entre sí. A más espacio entre prendas, menos humedad acumulada y secado más rápido.
El experto japonés Izumi Onuki, que popularizó esta técnica, propone una disposición conocida como “tendido en arcoíris”. Consiste en colocar en los extremos las prendas largas y pesadas, como pantalones, toallas o buzos, y ubicar en el centro las más livianas o pequeñas, como remeras, ropa interior o prendas sintéticas. De esta manera, se genera una especie de arco que facilita que el flujo de aire llegue de manera pareja a cada rincón del tender.
Una vez ordenada la ropa, entra en juego el ventilador. No hace falta orientarlo directamente hacia las prendas ni usar una potencia máxima. La clave es que genere un movimiento de aire constante que vaya “empujando” la humedad hacia afuera. Con unas pocas horas de circulación continua, el secado se acelera notablemente y se reduce el riesgo de que la humedad quede atrapada dentro de la casa. Por último, es importante elegir el ambiente adecuado. Si hay ventanas enfrentadas, conviene abrirlas para generar ventilación cruzada.
