Con la llegada del calor y las jornadas al aire libre, el protector solar vuelve a ocupar un lugar central en la rutina diaria, especialmente durante las vacaciones de verano. Sin embargo, elegir uno que sea efectivo, cuide la piel y no implique un gasto excesivo puede resultar más complejo de lo que parece. El envase atractivo o el precio elevado no siempre garantizan una mejor protección.
Una de las claves principales está en entender qué tipo de rayos bloquea el producto. Muchos protectores se enfocan solo en los rayos UVB, responsables de las quemaduras visibles, pero dejan de lado los UVA, que penetran más profundo en la piel y están asociados al envejecimiento prematuro, manchas y daños acumulativos. Por eso, es fundamental optar por fórmulas de amplio espectro, identificadas en el envase con la aclaración “UVA/UVB” o el símbolo UVA dentro de un círculo.
La textura también influye en la protección. Las cremas más densas, que suelen dejar un leve tono blanco, contienen filtros físicos como el óxido de zinc o el dióxido de titanio, altamente eficaces para bloquear ambos tipos de radiación. Son ideales para exposiciones prolongadas, como un día completo en la playa. En cambio, los sprays o aerosoles resultan más cómodos y rápidos de aplicar, pero muchas veces no ofrecen la misma cobertura y pueden llevar a usar menos cantidad de la necesaria.
MÁS INFO
El secreto para cuidar la piel con protector solar
Para cuidar la piel sin descuidar el bolsillo, una estrategia inteligente es combinar formatos, aplicar primero una crema de amplio espectro para asegurar una buena base de protección y luego reaplicar con un spray. De este modo, se aprovechan las ventajas de ambos productos sin desperdiciar ni gastar de más.
En cuanto al factor de protección solar (FPS), no siempre más es mejor. Un FPS 30 o 50 es suficiente para la mayoría de las personas, siempre que se aplique correctamente y se reaplique cada dos horas. Pagar más por un número excesivamente alto no garantiza que el protector dure todo el día ni elimina la necesidad de volver a colocarlo.
Otro punto clave es que sea resistente al agua, especialmente para playa o pileta. Esto permite que el producto permanezca más tiempo sobre la piel pese al sudor o al contacto con el agua, reduciendo reaplicaciones innecesarias.
