La chacarera es uno de los subgéneros del folklore más conocidos de Argentina; una gran cantidad de piezas que tienen esa métrica musical son sabidas por todos. Originario fundamentalmente de Santiago del Estero, este estilo de la cultura nacional tiene también un fuerte arraigo en la región sur de Bolivia, en especial dentro del territorio tarijeño.
Su entramado sonoro se construye históricamente a partir de tres instrumentos esenciales: el bombo legüero, la guitarra y el violín, dando lugar tanto a versiones estrictamente instrumentales como a piezas que incorporan el canto tradicional.
Origen de la chacarera
Este género musical forma parte de la extensa corriente de la zamacueca, una matriz expresiva gestada en la época colonial mediante el cruce de diversas culturas. Durante el siglo XVIII, la edificación de la ciudad de Santiago del Estero demandó la llegada de mano de obra, lo que impulsó el traslado de poblaciones africanas -tanto en condición de esclavitud como libertas- provenientes del Virreinato del Perú y de embarcaciones europeas.
Exponentes de la chacarera
La gran revitalización que experimentó la música nativa argentina en la década de 1960 otorgó a este ritmo una notable proyección masiva. Su evolución estilística quedó plasmada en las interpretaciones de grupos y solistas fundamentales como Los Hermanos Ábalos, Los Chalchaleros, Los Fronterizos, Los de Salta, Los Cantores del Alba, Los Tucu Tucu, Los Manseros Santiagueños, los Hermanos Núñez y Mercedes Sosa.
Dentro de esta línea histórica destacan agrupaciones familiares de profunda raíz identitaria: Los Kari Huainas, fundados por Oscar Segundo Carrizo, quienes consolidaron una dinastía de cinco generaciones artísticas en Santiago del Estero, y la familia Carabajal, cuya genealogía musical se inició con Agustín y Carlos Carabajal (antiguos miembros de Los Kari Huainas) y continuó expandiéndose a través de Los Carabajal, Peteco y Roxana, entre otros nombres esenciales del género.
Vestimenta del baile de la chacarera
Femenina: El atuendo tradicional para las bailarinas consta de calzado de cuero con tacón de altura intermedia y una pollera de gran amplitud decorada con ornamentos y volados vistosos. El cabello se estiliza recogido mediante una o dos trenzas que caen de manera natural.
Masculina: La indumentaria de los bailarines se compone de botas de caña con cordones (con opción de portar espuelas), pantalones tipo bombacha de campo, chaqueta corta y camisa lisa o estampada. Se complementa con una faja ornamental, un tirador que incluye rastra o bolsillos, y un pañuelo de seda anudado al cuello cuyas extremidades descansan sobre la espalda.
Etimología de la palabra chacarera
El primer registro histórico de esta manifestación fue documentado por la investigadora Isabel Aretz dentro de las crónicas de Florencio Sal, editadas en Tucumán a comienzos del siglo XX, donde se constata que la danza ya se practicaba en territorio tucumano promediando el año 1850. Su denominación deriva directamente de "chacarero" (la persona encargada de las tareas rurales), término vinculado a "chacra" (palabra que en quichua santiagueño designa a los sembradíos de maíz).
Aunque inicialmente constituía un festejo propio de los entornos agrícolas, la migración interna de mediados del siglo XX provocada por el auge industrial la trasladó hacia los grandes centros urbanos como Buenos Aires. En ciertas regiones, como el cordón occidental de Córdoba, la danza recibió alternativamente los nombres de "Chacra" y "Molino".
