Abrir un libro que invita a la reflexión siempre es un viaje a un mundo de ideas; abrir un libro que además de viajar entre preguntas, está ilustrado desde la búsqueda y el compromiso, hace que la reconstrucción de las historias sea un camino más accesible; repasar las páginas de un libro que enlaza todas esas secuencias es adentrarse a un tema que interpela y está más vigente que nunca. La historiadora Marina Franco y el ilustrador Pablo Lobato se preguntaron ¿qué pasó en la Argentina entre 1976 y 1983, qué fue el terrorismo de Estado y por qué hubo personas desaparecidas? y encontraron las respuestas en La última dictadura, un libro pensado para chicos, pero ideal para todas las edades, que explica de manera rigurosa y accesible uno de los períodos más oscuros de la historia argentina. El Destape charló con Marina, quien dio más detalles del trabajo y analizó el momento político y social que atraviesa el país.
-Marina ¿Por qué es importante seguir hablando de lo que sucedió en la Argentina entre 1976 y 1983?
-Es importante seguir hablando de la dictadura porque esos años cambiaron la historia Argentina del siglo XX. El país que sale de la dictadura, es un país completamente transformado, por los efectos de la represión, por los cambios socioeconómicos que la dictadura produjo, pero también transformado porque la dictadura fue tan nefasta que dio espacio a la construcción de una cultura democrática y una cultura de los derechos humanos que, aún con sus fragilidades, siguen hasta el día de hoy. Entonces, la última dictadura es realmente el acontecimiento bisagra del siglo pasado, a mi gusto. Y porque además las consecuencias de la dictadura siguen totalmente presentes en nuestra sociedad, en la medida en que las heridas siguen abiertas, en la medida en que siguen existiendo hijos y niños -hoy adultos- apropiados, y esas personas siguen siendo buscadas. Y también en la medida en que las nuevas generaciones, hijos y nietos desaparecidos, siguen reclamando información y justicia sobre esos delitos. Y también es importante esa dictadura porque sigue estando en el centro del debate público y porque las voces actuales que podemos llamar negacionistas, en realidad están justificando la represión y de esa manera no están hablando del pasado, sino también del presente.
-La dictadura, ¿fue sólo militar o existieron otros componentes?
-La última dictadura es el resultado de una alianza de intereses civiles y militares. Sin embargo, la conducción de la dictadura y su cara más visible y brutal, que fue la represión, fueron responsabilidad de las fuerzas armadas en su conjunto. El componente civil de la dictadura es fundamental para entender las transformaciones socioeconómicas que la dictadura produjo, en el sentido de instaurar las condiciones de una sociedad y una economía plenamente neoliberales.
-En este medio siglo, la lucha de las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo marcó un ejemplo que es reconocido en el mundo. ¿Que simbolizan esas mujeres en todos estos años de búsqueda constante?
-Las organizaciones de derechos humanos en la Argentina, y especialmente abuelas y madres de Plaza de mayo, que son las más conocidas en el mundo entero, tuvieron un rol fundamental en la construcción de la denuncia de los crímenes dictatoriales, en la búsqueda de los desaparecidos y de los nietos apropiados, y también en la construcción de una cultura de los derechos humanos que durante largo tiempo fue una marca clave de la sociedad argentina democrática, aunque hoy esté profundamente fragilizada. En particular, la búsqueda de los bebés e hijos apropiados, hoy adultos, es una de las formas más claras de cómo el crimen continúa abierto en el tiempo y a la vez es uno de los elementos que más sensibilizan a los más jóvenes para poder explicarles el horror de lo que fue la dictadura.
-En tu libro, proponés contar esa época de la historia a los más chicos ¿Que aprendiste y descubriste durante el tiempo de trabajo que te demandó escribir "La última dictadura"?
-Si bien yo ya había escrito varias cosas para públicos diversos en la línea de la transmisión social del conocimiento o de lo que normalmente se llama la divulgación, este trabajo me demandó un desafío especial. Me di cuenta lo difícil que es escribir para públicos jóvenes que no vivieron esa historia y escribir de una manera clara, sencilla, contundente y sensible a la vez, generando interés, manteniendo la complejidad de los procesos y a la vez simplificándolos y preservando por sobre todas las cosas el rigor histórico. Dado lo complejo del debate público y político argentino sobre el pasado dictatorial, esto es particularmente difícil. Había que responder a los debates actuales sobre el tema y hacerlo desde el rigor histórico, sin silencios, sin baches y conservando toda la dificultad que estos temas plantean.
-Se viven tiempos complejos, en los que el negacionismo de un sector buscar esconder la tragedia sucedida (mirando los comentarios en el IG de la editorial, aparecen algunos -pocos, por suerte- que hablan de contar toda verdad, que no se habla de los que ponían bombas, etc- ¿Cómo transitas desde tu lugar de investigadora este tiempo social y político?
-Efectivamente los tiempos que se viven son complejos y un tanto desoladores para quienes hace tantos años venimos trabajando, porque se entiende la gravedad y la tragedia que fue la dictadura. Lo vivo con mucha dificultad, lo vivo con mucha angustia, pero también con la decisión clara de que hay que seguir haciendo. Y este libro tiene que ver con ese desafío y hacer desde el rigor del conocimiento histórico, como te decía antes. Lo que más me preocupa es que en realidad lo que sucede tiene que ver, lo que sucede en los debates actuales tienen que ver con no sólo negar, no niegan, sino más bien justifican la represión y justifican la muerte de los desaparecidos y en su conjunto justifican la violencia de Estado. Y a mí lo que más me preocupa es que ellos es una forma de justificar las violencias del presente. Entonces construir este relato para chicos y para chicas tiene que ver con mostrar cómo se construyen las lógicas de la violencia de Estado en una sociedad y como una sociedad las puede aceptar. Entonces también es una manera de establecer puentes entre el pasado y el presente. Por supuesto siempre desde el mayor rigor histórico, no desde el discurso político. A la vez el libro tiene una apuesta que es volver a poner el eje en la dictadura. Es decir, yo creo que el debate político actual y el ascenso a la extrema derecha nos corrió completamente la discusión hacia la violencia política de las organizaciones revolucionarias como si fueran culpables de lo que sucedió después. Y para mí se trata de hablar de esa violencia, no silenciarla en absoluto, pero mostrar que la dictadura fue un proyecto mucho más grande, mucho más importante, un proyecto refundacional que en sus objetivos trascendió absolutamente la cuestión de la violencia revolucionaria. Entonces se trata de volver a poner en la discusión el eje real que es la dictadura y el proyecto de disciplinamiento político, social y económico que fue esa dictadura, más allá de lo que hayan hecho las organizaciones revolucionarias antes.
-¿Qué te contaban, en la escuela, sobre la dictadura?
-Te agradezco la pregunta generosa, pero yo fui a la escuela durante la dictadura misma, tengo 53 años, de manera que no se hablaba de la dictadura. Pero sí, por ejemplo, me obligaban a ir a misa permanentemente en la escuela pública. Después estudié, en los años 90 la carrera de historia en la Universidad de Buenos Aires y tampoco se veía la dictadura. Más bien pertenezco a esa primera generación que fue dándole forma al campo de la historia reciente. Así que es un proceso escolar, universitario historiográfico relativamente reciente que uno podría decir que tiene unos 20-25 años la explosión del conocimiento sobre el tema.
-¿Cuál fue el aporte que realizó Pablo Lobato en la edición del libro?
-Pablo Lobato es el ilustrador del libro, hizo un trabajo absolutamente extraordinario. Es un libro que narra tanto desde la imagen como del texto y eso forma parte de las nuevas concepciones del libro de no ficción para chicos. Me parece que la ilustración le da una potencia sensible y a la vez muy clara a lo que se cuenta en el texto. Y a veces la ilustración habla más rápido y más fácil que lo que puede decir un texto de explicación histórica. Así que yo considero que es un trabajo a cuatro manos. En realidad diría que trabajamos a seis, ocho, diez manos, porque el libro se hizo bajo la guía, el trabajo y el permanente diálogo e intercambio con las editoras de la editorial Pequeño Editor, que es una editorial especializada en el libro infantil y sobre todo en los libros infantiles, con las concepciones más contemporáneas de lo que es la ficción y no ficción para chicos. Entonces, realmente fue un trabajo colectivo, en equipo muy importante.
-¿Cómo imaginas el 24 de marzo próximo?
-No lo sé, por un lado sí estoy convencida de que va a haber una gran movilización social como se hace todos los años el 24 de marzo y este año va a ser particularmente importante porque hay buena parte de la sociedad que sigue pensando que vale la pena la memoria, la justicia y la verdad sobre el pasado y que está profundamente en contra del discurso oficial actual sobre el tema. Pero dicho esto lo que no sé es cuál va a ser o cuáles van a ser los pasos desde el gobierno en algún sentido de justificar la represión y justificar la violencia de estado. Esto puede ser desde cambiar el guión de sitios de memoria como la ESMA hasta el indulto para los actuales presos y condenados por delitos de lesa humanidad. Desde que el gobierno actual de Javier Milei asumió todos los 24 de marzo hay alguna auténtica provocación brutal de parte del gobierno en el sentido de justificar la violencia y por supuesto siempre impugnando a la violencia política previa al golpe militar en manos de las organizaciones armadas como responsables y culpables del golpe de estado y como responsables del asesinato y la represión que sufrieron. Entonces no sé cuál va a ser el paso este año. También es verdad que eso tiene que ver con una interna dentro del poder en relación con el sector de Victoria Villarruel con el cual el gobierno está en auténtico conflicto en este momento. Entonces se cruzan muchas variables a la vez para poder predecir qué es lo que va a suceder.
Marina Franco nació en Buenos Aires, en 1972. Es doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires y por la Université Paris 7 Denis Diderot. Se desempeña como investigadora principal del CONICET y profesora titular en la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín. Ha sido profesora e investigadora invitada en universidades de Europa y América Latina. En 2010 recibió la beca posdoctoral Hermes de la Fondation Maison des Sciences de l'Homme en Francia y en 2025 el premio Friedrich Wilhelm Bessel-Preis de la Fundación Humboldt. Es autora, además, de libros como El exilio, Un enemigo para la nación, El final del silencio, 1983 y Fantasmas rojos.
