Durante más de dos horas y media, Gilberto Gil desplegó un concierto intenso y emotivo ante miles de personas que fueron a despedir, o al menos a celebrar, a una de las figuras más influyentes de la canción brasileña. El show formó parte de su gira final, “Tempo Rei Tour”, con la que el artista repasa más de seis décadas de carrera.
La noche empezó con un gesto casi autobiográfico: “Palco”. No fue casual. La canción habla del vínculo entre un artista y el escenario, y funcionó como una declaración de principios para un show que sería, justamente eso, un recorrido por la vida de un músico que ayudó a cambiar la historia de la música popular brasileña.
Con una banda impecable, que incluyó vientos, percusión, acordeón, cuerdas y varios miembros de su propia familia como Bem Gil, José Gil y Nara Gil, el artista de 83 años sostuvo un concierto largo, vibrante y profundamente musical. Cada tema parecía abrir una puerta distinta dentro de su obra, samba, reggae, bossa nova, tropicalismo y canción popular se mezclaron en un repertorio que fue alternando clásicos inevitables con momentos más íntimos.
El público argentino, históricamente cercano a su música, respondió con una energía constante. Gil se movió entre la guitarra acústica, el canto y un diálogo permanente con la banda, que sostuvo arreglos sofisticados pero siempre cálidos. La sensación general era la de asistir a una celebración de toda una trayectoria, una despedida que, más que nostálgica, se sentía luminosa.
El encuentro de Gilberto Gil con Charly García
Pero uno de los momentos más simbólicos de la noche ocurrió antes de que comenzara el concierto. Minutos antes de salir a escena, Gil recibió a Charly García en camarines. Los dos gigantes de la música latinoamericana mantuvieron una charla distendida y cargada de historia, un encuentro que muchos interpretaron como un cruce entre dos generaciones y dos escenas musicales que dialogaron durante décadas. El momento quedó registrado en un breve video que ambos compartieron en redes sociales, donde se los ve conversando con complicidad y sonrisas, como si el tiempo no hubiera pasado.
La visita de Gil también tuvo algo de reencuentro. A lo largo de su carrera, el artista volvió muchas veces a Buenos Aires, desde aquellas primeras presentaciones en los años setenta hasta sus conciertos en teatros y festivales de las últimas décadas. Cada regreso consolidó una relación especial con el público local, que siempre lo recibió como a un referente cultural más que como a un simple visitante.
Ese vínculo volvió a sentirse en el Movistar Arena. Durante dos horas y media, el repertorio fue atravesando distintas etapas de su obra y confirmando por qué Gil sigue siendo una figura central del movimiento tropicalista que revolucionó la música brasileña a fines de los años sesenta.
