Don Osvaldo, la banda que lidera Patricios Santos Fontanet, hizo colmar el hipódromo de la ciudad de La Plata con un recital emocionante y de enorme carga política. El rocanrol volvió a formar un territorio de catarsis en medio de la crisis del estado de ánimo que atraviesa la sociedad. La celebración de estar juntos, el férreo cerrojo que demuestran sus seguidores.
Las huestes callejeras se escuchaban con fuerza ya en el andén de la estación platense, punto estratégico por la especial cercanía con el lugar donde iba a realizarse el show. La previa ideal, cómoda, lindera al circuito de turf. Esta vez sin caballos, pero con rolingas.
La ciudad recibió a la banda y sus seguidores con los brazos abiertos. Sus pequeños negocios, sus diagonales, sus enormes plazas y parques. El trato de las fuerzas de seguridad, siempre observado con temor ante el fervor represor de la época, lució más ameno en comparación a otras oportunidades. En el último show de Don Osvaldo en All Boys, el barrio de Floresta parecía estar militarizado. No daba ni para la "birrita en la vereda" que caracteriza a la progresía porteña. Pero lo dicho (escrito), en la capital de la provincia fue otra historia.
Como la cancha de Estudiantes está erigida a un puñado de cuadras del hipódromo, las pintadas y simbologías pinchas prevalecían por sobre las del lobo en el teñido de fondo de los parlantes, las ranchadas, las carcajadas, las jarras y las latas. Los gritos de chori-paty, el mini pogo al ritmo de "9 de julio". Y de pronto llegó el atardecer. Hora de confluir en 1 y 44.
Para llegar a los controles había que atravesar bailes sobre la calle y las vías. Hasta el último momento no se ingresa al recinto. Para qué! Si la fiesta somos nosotros. El breve momento en el que la fiesta somos nosotros merece ser estirado.
Verdades en el hipódromo
Una vez dentro, la estructura aristócrata del hipódromo permitía una organización perfectamente protocolizada. El puesto de remeras, el gastronómico (con o sin tacc), la salida de emergencia. Quedarse en la caldera del campo o subir a la la tranquilidad de la platea, las dos opciones para esperar al Pato.
Mientras tanto, mucho Beatles sonando a medida que llegaba la cuenta regresiva para el inicio del show. Cuando menos faltaba, la "cosa" se fue aclimatando. La 25, Redondos, Gardelitos, el que no salta votó a Milei, la Patria no se vende.
El hipódromo ya estaba repleto y el flameo de banderas se hacía más intenso. De San Lorenzo, de Boca, Quilmes, de Peñarol. Paréntesis: la insignia del cuadro uruguayo es una presencia clásica en los conciertos del rock argentino. De Nacional suele verse también, que no se enojen los bolsos callejeros.
Todo listo. Luces apagadas, aparición del Pato y el resto de la banda. Los celulares, protagonistas inclaudicables de la experiencia en vivo de cualquier evento, generaban el efecto luciérnaga en medio de la oscuridad.
Pueden los therians ser tu Gobierno
La lista fue impecable, nutrida de hits callejeros y de Don Osvaldo, pero con leve predominancia de la primera etapa artística de Fontanet.. El estallido incial en el hipódromo fue con "Puede", cuando la banda cambió un pasaje de la letra para enviar un mensaje contundente y pícaro: "Pueden los therians ser tu Gobierno".
Es que en las dos horas de repertorio, Fontanet se encargó de plantar postura sobre la coyuntura. En las pantallas que ilustraban las canciones pudieron leerse mensajes como "ningún pibe nace chorro" -en alusión a la baja de la edad de imputabilidad - o "cuidemos nuestros glaciares", consigna vinculada directamente a la media sanción del viernes.
La brutal reforma laboral del Gobierno fue definida como "esclavista", caracterización acompañada de un pedido claro: "los derechos no se negocian". Tampoco faltó el reiterado pedido de justicia por las víctimas de Cromañón.
Con su remera del disco Gulp, Fontanet combinó himnos redondos con canciones propias. "El pibe de los astilleros" y "Todo preso es político", por ejemplo. Hay un compartimiento de público claro y el mix ricotero ya sucedió en otra oportunidad.
Sin pausas de por medio, Don Osvaldo ofreció más de 120 minutos de emoción pura para sus fieles. El cierre con Suerte y la muestra de la bandera de Palestina apuntaron el final de un nuevo espectáculo para irse en paz y prometer verse nuevamente porque así lo sienten y porque "quisieron borrarlos de la historia" y "están acá", según proclama el propio Pato.
