Pocas canciones del cancionero popular argentino tienen la fuerza emocional de Merceditas. Basta escuchar sus primeros versos para que aparezca una imagen de campo, nostalgia y amor perdido: “Qué dulce encanto tiene tu recuerdo, Merceditas…”. Pero detrás de ese chamamé convertido en himno del folklore hay una historia real, una mujer de carne y hueso, dos propuestas de matrimonio rechazadas y una leyenda que todavía hoy sigue creciendo.
La canción fue escrita por Ramón Sixto Ríos, músico entrerriano nacido en Federación en 1913, y está inspirada en Mercedes Strickler Khalov, una joven santafesina a quien todos llamaban, simplemente, Merceditas. La historia comenzó en 1939 en Humboldt, un pequeño pueblo de la provincia de Santa Fe. Ramón, que entonces tenía 27 años, había llegado con una compañía teatral para presentarse en el Club Sarmiento. Allí conoció a Mercedes, hija de inmigrantes alemanes, una joven rubia de ojos claros que trabajaba en el tambo familiar luego de la muerte de su padre.
Pero Merceditas no era una mujer cualquiera para la época. Montaba a caballo sola, andaba en moto, usaba pantalones llamativos y viajaba sin compañía. En un pueblo chico y conservador, su personalidad independiente generaba admiración y también habladurías.Ramón quedó fascinado.
Comenzaron un noviazgo formal que duró alrededor de dos años. Como él vivía en Buenos Aires y ella seguía en Humboldt, la relación se sostuvo sobre todo a través de cartas. Se escribían seguido y él viajaba cuando podía para verla. Aquella distancia fue construyendo una historia intensa, romántica y también frágil.
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El “no” que se convirtió en canción
En 1941, convencido de que había encontrado al amor de su vida, Ramón viajó a Santa Fe decidido a pedirle casamiento. Pero Merceditas dijo que no. Las versiones sobre ese rechazo son varias. Algunos dicen que ella simplemente se había desenamorado.Otros aseguran que no quería dejar su vida en el campo ni resignar su libertad por un matrimonio tradicional. También se habló de diferencias familiares y de la desaprobación social hacia una relación con un músico itinerante.
Lo cierto es que la respuesta fue negativa y definitiva. La despedida ocurrió en la terminal de ómnibus de Esperanza. Ramón siguió escribiéndole durante años, incluso después de la ruptura, intentando sostener algo de ese amor. Ella dejó de responder en 1945 y ahí llegó la canción.
De una pena íntima a un clásico universal
Del dolor nació Merceditas, un chamamé que Ramón compuso en la década del 40 y que primero circuló como una pieza instrumental. Más tarde, con letra, se transformó en una de las canciones más importantes del folklore argentino. “Que dulce encanto tiene tu recuerdo, Merceditas”.
Su consagración masiva llegó años después con las versiones de Ramona Galarza en 1967 y Los Chalchaleros en 1973. Después la cantarían Jorge Cafrune, Mercedes Sosa, Piero y decenas de artistas más. Se estima que fue traducida a nueve idiomas y versionada por más de 90 intérpretes en distintas partes del mundo. Para muchos especialistas, junto con Zamba de mi esperanza, es una de las canciones más populares de la historia del folklore argentino.
El segundo pedido de matrimonio
Décadas más tarde, en los años 80, una revista publicó una nota sobre Mercedes. Ramón la leyó y volvió a contactarla. Se reencontraron después de mucho tiempo, ya grandes, con toda una vida encima y una canción convertida en leyenda. Y volvió a pedirle casamiento y ella volvió a decir que no.
Ramón nunca dejó de quererla. Antes de morir, en 1995, tomó una última decisión simbólica y le dejó a Merceditas los derechos de autor de la canción. Ella murió en 2001, soltera. Según contó en sus últimos años, sentía que Dios la había castigado por no haber aceptado aquel amor.
Pero como toda gran canción popular, Merceditas también tiene sus mitos. Algunos sostienen que Ramón idealizó una historia mucho más breve de lo que se cuenta. Otros creen que la intensidad del romance fue incluso mayor de la que trascendió. También existe la versión de que Mercedes se arrepintió demasiado tarde.
Lo cierto es que esa mujer real, de vestido blanco y espíritu indomable, terminó convertida en símbolo. Ya no fue solo Mercedes Strickler, pasó a ser Merceditas, la del recuerdo eterno, la de la flor que se marchitó, la del amor imposible.
